Pedro Madera

Pedro Madera

Historiador, periodista o agricultor. Viajar tiene algo de pasión y mucho profesión. Contar cosas es se ha convertido en una profesión que comparte a través de varios medios y empresas. ¿Mi casa? Cualquier sitio dode se pueda comer y dormir... Sin complejos!

La historia tiene sus tributos. Corría el año 1748 cuando el rey Joao V fundó en Alter do Chao la “Coudelaria” (Yeguada) para la cría de caballos destinados al Picadero Real de la corona de Portugal. Aquello fue el origen de una tradición que ha hecho famosa a esta villa en todo el país y entre los amantes de la equitación. La raza lusitana, gracias al Hierro Alter Real, tiene aquí su mejor representante, más aún cuando todos los 24 de abril se celebra la festividad “Leilao de Cavalos da Coudelaria de Alter”.

Las cimas agrestes de la sierra de Gerês tienen un hueco reservado en el Parque Nacional da Peneda-Gerês. Agua, peñascos, bosques y costumbres ancestrales, donde los ganados incluso campan a sus anchas por las aldeas, proporcionan un recuerdo inolvidable. Incluso se puede andar por los restos de la vía romana que va desde Campo do Gerês a Mata da Albergaria, recordando los tiempos de las legiones y parando en los marcos “miliários”, a la sombra de una densa vegetación.

Conocida como “la Atenas lusa”, Coimbra nos sirve de punto de partida para esta ruta. El esplendor que rodea a esta ciudad, cuna del Renacimiento nacional y sede de una de las universidades más antiguas del mundo, se palpa al doblar cada esquina. Ruinas romanas, leyendas amorosas y aldeas de pizarra sirven de preámbulo a la sierra de Lousa, caracterizada por unas impresionantes vistas y por dar hogar a las abejas que fabrican una miel que alegra la vida.

Mértola, que fue llamada Myrtilis por Julio César, se eleva en un pequeño altozano sobre el costado derecho del Guadiana. Hoy ya no quedan en el río aquellos esturiones que se acuñaron en las monedas romanas, pero la ciudad da fe de su glorioso pasado.

Sus viñedos, playas, fortalezas y emblemáticos pueblos atraen cada año a miles de visitantes; por algo será. Hoy te sugerimos un viaje en el tiempo, de vuelta al S.XII, donde poco separa lo mítico de lo humano, lo legendario de lo religioso… ¿Oyes eso? Los caballeros de la Orden del Templo desenvainan sus espadas. Es tierra con carácter y merece ir sin prisas.

De Viana do Castelo a Monçao se hila una ruta tan azul como el Atlántico y tan verde como la costa (y el vinho…). Aquí nació el Reino de Portugal, y difícilmente encontraremos fuera rincones con más arraigo, que respondan de una forma tan auténtica a la identidad y el sentimiento de Portugal.

Frondosos valles fluviales, impresionantes playas e imponentes cimas. Resumiendo, esta es la sugerente definición que cabe esperar de la hermosa región de Minho, que tiene un lado portugués. Pero esta tierra es mucho más: aquí nació el Reino de Portugal y difícilmente encontraremos fuera rincones con más arraigo, que respondan de una forma tan auténtica a la identidad y el sentimiento del país.

Fabulosas playas, estribaciones montañosas y lagunas tranquilas son “la otra cara” del Alentejo, un hermoso y casi desconocido litoral que contrasta con los paisajes robustos y llanos de sus profundidades. Con el Atlántico como gran protagonista, la costa alentejana es una apuesta segura si buscamos tranquilidad y belleza por igual. De Sines a Santiago do Cacém, con vistas al Atlántico.

De sus 145 kilómetros, 95 discurren por territorio portugués, forjando a su paso todo un laberinto de caminos, carreteras y alguna autovía que invitan a conocer los maravillosos pueblos, puentes y sierras que crecen en paralelo a su cauce. Bailémosle el agua.

Adentrarse en el corazón de la maravillosa Serra da Estrela y descubrir el paraje de las montañas más altas de Portugal es una experiencia que ningún viajero debería perderse. Para empezar, porque es la tierra de lo único en muchos sentidos y una manera de romper con muchos tópicos portugueses. Es tierra de castros, castillos y chozos.