Además de un privilegiado paisaje de montaña, una excelente gastronomía y una tradición cultural envidiable, la comarca pirenaica del Alt Urgell encierra uno de los tesoros lingüísticos más valiosos de España.

Las Homilies d’Organyà son el primer testigo escrito en lengua catalana del que se tiene constancia. Según los expertos, las Homilies se escribieron entre finales del siglo XII y principios del XIII, durante el reinado de Pere I el Católico (1196 – 1213); lo que las convierten en uno de los más antiguo de todos los escritos en cualquiera de las lenguas peninsulares.

Museo de las Homilies d'Organyà

Fuente: Josep Xicota

Las Homilies se componen de ocho folios escritos por las dos caras, y su contenido son sermones religiosos con comentarios de evangelios y epístolas. Según parece, fueron descubiertas en 1.904 por Joaquim Miret, un historiador que las encontró por casualidad curioseando entre los archivos de la antigua Colegiata de Santa María.

Mientras que el documento original es conservado en la Biblioteca de Catalunya, en Organyà puede visitarse un museo (arriba, en la imagen) en el que se exponen reproducciones facsímiles y donde puede aprenderse más sobre estos manuscritos.

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Un recorrido por la historia

Esta exposición se encuentra en el marco de la ‘Ruta dels Oficis Antics’, un itinerario que recorre museos, fábricas y otros lugares en los que los visitantes pueden revivir oficios y formas de ganarse la vida que, con el paso del tiempo, han quedado para el recuerdo. De esta forma, las instituciones y gentes del Pirineo conmemoran y homenajean el modo de vida de sus antecesores y mantienen vivo el recuerdo de la elaboración tradicional de algunos productos.

Organyà, Coll de Nargó, Oliana, Montferrer i Castellbò, Pont de Bar, Tuixén, Calvinyà y Arsèguel son los pueblos que comprende esta ruta. Todos se encuentran en la comarca del Alt Urgell, situada en la parte occidental del Pirineo catalán. Recorrer estos pueblos, observar estos museos y aprender más sobre los oficios de antaño es una de las mejores formas de descubrir y hacerse una idea de cuánto ha cambiado la vida en el Pirineo en apenas un siglo.

Raiers

Fuente: Josep Xicota

La aventura de los ‘raiers’

Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el de la profesión de ‘raier’, precursores de la industria maderera que construían embarcaciones con troncos (rais) para luego pilotarlas río abajo. Su actividad perduró desde el siglo XIII hasta los años 30, cuando la construcción de embalses impidió el transporte fluvial. Coll de Nargó fue una de las localidades donde esta profesión tuvo más presencia e importancia, y es donde se encuentra el museo que conmemora este oficio.

Fábricas de harina (Montferrer i Castellbò) y de lana (Arsèguel) o antiguos pozos de hielo (Oliana) muestran una faceta y evocan una época de esplendor industrial de esta región que, por su situación y características, puede resultar desconocida para muchos, e incluso sorprender a propios y extraños. En otros museos podemos conocer la historia y la elaboración tradicional del vino en la montaña (Pont de Bar) o la vida de los trabajadores del campo (Calvinyà).

Curiosidades históricas

Pero además de estos oficios, cuya práctica era más generalizada antiguamente, también podemos encontrar profesiones más curiosas en lugares como el Museo de las ‘Trementinaires’ (Tuixén). El museo recuerda la profesión de algunas mujeres que tenían un gran conocimiento sobre hierbas y plantas terapéuticas con las que elaboraban mejunjes y ungüentos curativos.

Dejando a un lado las formas de ganarse la vida, esta ruta también da a conocer el papel del acordeón en la música tradicional de la zona, dedicándole un museo en Arsèguel. La introducción de este instrumento procedente de Francia a finales del siglo XIX transformó por completo el repertorio musical y los bailes populares de la zona, causando un impacto que perduró hasta la llegada de la radiodifusión y la extensión de la música grabada en los años 60.

Alojamientos

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