Monasterio de Santa Maria de Guadalupe. Por Enrique del Barrio

Piensas en hacer una escapada rural y lo primero que te viene a la mente son los bosques, el senderismo por montañas, una chimenea, el paisaje en la ventana… Todo eso está muy bien, pero hay vida más allá. Los monumentos, museos, rutas temáticas, arquitectura e historia también son planes estupendos que maridan perfectamente con lo rural.

España es uno de los países del mundo que concentra mayor número de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad. A fecha de 2018 suma un total de 47, sin contar con los patrimonios inmateriales. De todos ellos, te dejamos cinco lugares para disfrutar de una escapada rural muy patrimonial.

1. Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias

Santa María del Naranco. Por GerarAS.

El monte Naranco se eleva como un guardián que protege a la ciudad de Oviedo de los vientos del Norte. Quien se anime puede subir a pie –no se debería tardar más de una hora y media– para disfrutar de las vistas, pero antes habría que detenerse en la iglesia de Santa María del Naranco.

Esta iglesia tiene algo de cinematográfico que habría hecho que no desentonara en ninguna escena épica de la finiquitada Juego de Tronos. Muy próxima, se encuentra también la iglesia de San Miguel de Lillo. Ambas forman parte del conjunto declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco bajo la etiqueta Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias.

Se reconoció así el valor histórico y artístico del prerrománico asturiano, un estilo arquitectónico ligado al paisaje que lo rodea. Se ubican fundamentalmente en el campo y los alrededores de Oviedo. En la misma ciudad están Santa Cristina de Lena, San Julián de los Prados, la Cámara Santa de la catedral de San Salvador y, algo más alejada, Santa Cristina de Lena. Para saber más de estas maravillas es fundamental acercarse al Centro de Recepción e Interpretación del Prerrománico Asturiano, en las Antiguas Escuelas del Naranco.

2. Parque Nacional de Garajonay

Por lvalin

En las agrestes cumbres del centro de la isla de la Gomera, se encuentra uno de los bosques más especiales de España. Una persistente niebla que llega del Atlántico brinda al paisaje una atmósfera misteriosa. Si no fuera porque uno pisa, toca y huele, diríase que transita por un lugar irreal.

Destacan los musgos y líquenes recubriendo los troncos y la gran cantidad de helechos que aparecen aquí y allí. Lo que vemos es uno de los pocos ejemplos que quedan en el planeta de bosque de la Era Terciaria y por ello forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1986. El Parque Nacional de Garajonay ocupa una superficie del 11 % del total de la isla canaria.

Hasta un total de 40 especies endémicas se aglutinan entre laureles, brezos y madroños alimentados por la “lluvia horizontal” que llega con las nubes arrastradas por los alisios. Toda una belleza con nombre y leyenda trágica: cuentan que los príncipes aborígenes Gara y Jonay se arrojaron desde el Alto de Garajonay porque prefirieron morir a vivir separados.

3. Monasterio de Santa María de Poblet

Monasterio de Prades

Monasterio de Poblet. Por KarSol

En la frontera entre Tarragona y Lleida, la ruta del Císter engloba algunos de los monasterios más espectaculares de Cataluña. Se trata de un paisaje cultural de gran belleza, en armonía con la actividad humana que, desde antiguo, ha trabajado las tierras para plantar las viñas que han dado caldos famosos en la zona.

Son tres los monasterios que nos permiten un viaje a pleno siglo S.XII, que es cuando Ramón Berenguer IV cedió estas tierras a la comunidad de monjes cistercienses: en la provincia de Lleida, el de Santa María de Vallbona, y dos en Tarragona, el de Vallbona y Santa María de Poblet, el más espectacular y declarado Patrimonio de la Humanidad. Llegar hasta este último es un impacto estético. Ya desde lejos, destaca el espectacular campanario de espadaña y el cimborrio. Dentro, el claustro y las diferentes salas transmiten una quietud sobrecogedora.

Un plan a tener muy en cuenta es la posibilidad de hospedarse junto a la comunidad que sigue ocupando el monasterio. El único inconveniente es que sólo permiten quedarse a hombres. Por suerte, las mujeres y grupos mixtos pueden tener la misma experiencia en el monasterio de Santa María de Vallbona.

4. Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe

Por PHB.cz (Richard Semik)

América comienza en Cáceres… al menos, fue ahí, en concreto en Guadalupe, donde los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón en 1486 y 1489 tras sus viajes. El Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe no es sólo importante por el desarrollo artístico que muestra –mezcla de gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico–, si no que también lo es como enclave histórico.

Llegar al municipio extremeño de Guadalupe tiene mucho de espectáculo visual. Se desciende por la carretera y de repente aparecen en el valle, entre las montañas onduladas, las torres amuralladas y las chimeneas vidriadas del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, uno de los santuarios marianos más importantes del mundo, reconocido como Patrimonio de la Humanidad en 1993.

Impresiona pensar que estos edificios de arquitectura serrana son los mismos que viera Cristóbal Colón tras su primer viaje a las Américas, que estas mismas calles vieron desfilar a aquellos que llegaban de un nuevo mundo. Por supuesto la visita al santuario es imprescindible, igual que recorrer su centro empedrado o probar la deliciosa morcilla extremeña.

5. Las Médulas

Las Médulas. León

Por Jose Ignacio Soto

Su estampa rojiza y los picudos farallones hacen de éste uno de los lugares más singulares de España. No es totalmente natural, que lo que se ve lo provocó el afán minero de los romanos: en su día, estas fueron las minas de oro situadas a cielo abierto más grandes del Imperio romano. Es precisamente esa convergencia entre paisaje e historia que llevó a a la Unesco a declarar la zona como Patrimonio de la Humanidad en 1997.

Cuando los romanos agotaron estas tierras del Bierzo, junto al valle del río Sil, y las abandonaron, no podían llegar a imaginar que la naturaleza volvería a arreglar todo lo que ellos habían destrozado. Siglo a siglo, los robles, los castaños y las encinas fueron afianzándose, pintando de verde la superficie rojiza.

Hoy se pueden seguir diversas rutas para conocer con detalle la historia y el paisaje de las Médulas. Las hay de diferentes distancias y dificultad para que todos los públicos puedan asumirlas. La senda perimetral es la más popular, pero además, se puede optar por la senda de Las Valiñas para adentrarse por el sector III de la mina, el el último en ser explotado antes del abandono.

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