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Valdelavilla, el escenario real de la serie El Pueblo

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Valdelavilla
El pueblo. Por Mediaset España

Durante los últimos años, el ideal de la vuelta al pueblo se ha ido popularizando cada vez más. El ritmo de vida alienante de las ciudades ha dotado al campo de un aura de paraíso en el que la rutina no es una losa sino una ventaja. Además, la realidad de la España vaciada, que parece un tema constante a tratar en los medios, deja la mudanza a la aldea como una posibilidad de vivienda a la que recurrir en caso de saturación total (o bancarrota).

Repoblar una localidad en la que no queda nadie (o casi), montar negocios de agricultura ecológica y energías renovables, ocupar una casita abandonada y reformarla poco a poco. Esa es la fantasía de quienes sueñan con librarse de las grandes urbes pero que generalmente no tienen ni idea de lo que es vivir en un pueblo. Las cosas como son.

Esa es la idea que da pie a la serie El Pueblo, producida por Contubernio Films y que se estrenó en Telecinco el pasado mes de enero (llegó primero a la plataforma de streaming Amazon Prime). Un grupo de personas, cada uno con sus problemas y sus objetivos, se unen a la iniciativa de una pareja de hippies de crear una comunidad en una aldea abandonada.

Pero cuando llegan se encuentran con que no estaba tan vacía como se pensaban sino que aún hay vecinos (muy pocos, pero hay) viviendo en el lugar. Estos les acogen con la idea de renovar el ambiente del pueblo, aunque los nuevos inquilinos no son precisamente resilientes.

Valdelavilla
El pueblo. Por Mediaset España

No entienden la vida en el campo y sus quejas sobre las incomodidades son constantes. Por su parte, los lugareños no consiguen comprender por qué los recién llegados tienen tantos problemas para ellos absurdos. De ahí, surgen situaciones absurdas, conflictos y tramas sentimentales.

Hay que tener en cuenta que los creadores de la serie son los mismos responsables de la famosa La que se avecina y no han cambiado de tono: ambas series tienen el mismo espíritu.

El escenario escogido para desarrollar la ficción es, precisamente, uno de los pueblos despoblados más famosos de España: Valdelavilla (su nombre en la ficción es Peñafría). Situada en la comarca de las Tierras Altas de Soria, aunque su origen data de los siglos XI-XII, la aldea se quedó deshabitada en los años 60 y durante años se mantuvo así.

Un espacio polivalente

Valdelavilla
Valdelavilla. Por Morethanenglish

Sin embargo, a finales de los años 90 el destino aparentemente marcado del pueblo dio un giro sorprendente. La entidad Caja Rural de Soria lo rehabilitó en 1998 con la idea de darle convertirlo en un complejo hotelero y poder sacarle rentabilidad.

Richard Vaughan fue el primero en tener una idea de negocio. El fundador y dueño de la famosa empresa de enseñanza de inglés Vaughan Systems decidió aprovechar el espacio para montar una especie de retiro en el campo orientado a quienes querían aprender el idioma.

Los alumnos y alumnas pagaban por el alojamiento y las clases, como si acudiesen a un campamento lingüístico. El inglés se convertía en el idioma oficial de pueblo durante la estancia de personas. El negocio de Vaughan funcionó durante una década (fue una iniciativa muy novedosa en su momento) y por allí llegaron a pasar más de 5.000 personas.

Valdelavilla
El pueblo. Por Mediaset España

Cuando el empresario norteamericano se retiró, Valdelavilla pasó a ser un complejo hotelero más, que se ofertaba sobre todo para celebrar eventos como bodas, congresos, actividades de empresas o retiros espirituales. El aforo es de 70 inquilinos, que se pueden alojar en 26 habitaciones. Y, un día, pasó a convertirse en un plató de televisión.

Durante el rodaje, Carlos Areces, Santi Millán, Ingrid Rubio, Ruth Díaz y el resto de actores  vivieron junto al resto del equipo en las casas que se ven en la ficción. Por el momento se han emitido dos temporadas, aunque la tercera parece estar asegurada. Al público le gusta reírse y es posible que muchos habitantes de pequeñas aldeas hayan visto reflejados en la televisión a algunos de sus nuevos vecinos llegados de la ciudad. Es una buena –aunque exagerada– guía de todo lo que no hay que hacer en un pueblo (cuando se va de visita o cuando se va a vivir allí, da igual).

Más allá del decorado

Valdelavilla
San Pedro Manrique. Por Pigmentoazul

Aunque Valdelavilla sea un pueblo rehabilitado y sin lugareños, no deja de ser un mal destino en el que pasar unos ‘días rurales’. Está cerca de otros pueblos como Fuentes de Magaña, en el que se pueden encontrar opciones para practicar senderismo en Las Rutas Naturales de Fuentes de Magaña.

San Pedro Manrique es otra aldea cercana, muy famosa por su forma de celebrar el día y la noche de San Juan. Algunas mujeres, a las que llaman móndigas, se viste con el traje típico que incluye unos cestos que cargan en la cabeza llenos de piedras y decorados con flores y otros adornos. Cuando cae la noche, encienden una hoguera junto a la ermita de la Virgen de la Peña y hacen una alfombra de brasas sobre la que caminan con los pies descalzos. A veces, la persona que pisa lleva a otra a cuestas. Se llama ‘El paso del fuego’.

A unos 40 minutos en coche, se encuentra el yacimiento arqueológico de Numancia. En él se ha encontrado mucha información sobre los celtíberos: desde cómo era su cerámica pintada hasta su necrópolis, uno de los últimos descubrimientos. En su página web oficial se puede hacer una visita virtual para hacerse una idea de todo lo que se puede aprender.

Sin necesidad de desplazarse, Valdelavilla también ofrece un entorno natural perfecto para pasear y disfrutar del campo. El estrés en ese lugar solo puede darse en la ficción.

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