{"id":40327,"date":"2021-06-07T14:51:47","date_gmt":"2021-06-07T13:51:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/?p=40327"},"modified":"2025-08-11T14:33:19","modified_gmt":"2025-08-11T12:33:19","slug":"islas-azores-tres-paseos-de-puntillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/islas-azores-tres-paseos-de-puntillas\/","title":{"rendered":"Islas Azores: tres paseos de puntillas sobre el infierno"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/AdobeStock_244547296-1024x732.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40364\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Mirador da Boca do Inferno. Por Joel W\u00fcstehube<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las islas Azores ten\u00edan fama de aparecer y desaparecer entre las aguas. Se entiende: aterrizamos en medio del Atl\u00e1ntico, zarandeados por un vendaval, mientras las olas rompen contra las rocas de la orilla, rocas volc\u00e1nicas, porosas, que se van disolviendo casi a la vista. El oc\u00e9ano lame la isla de S\u00e3o Miguel, la mayor del archipi\u00e9lago, como un terr\u00f3n de az\u00facar negro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mayor no es que sea muy grande: 760 kil\u00f3metros cuadrados, como un tercio de la peque\u00f1a Guip\u00fazcoa, pero los navegantes portugueses la entrevieron en sus exploraciones de los confines donde se pon\u00eda el sol. A finales de la Edad Media los primeros colonos desembarcaron, soltaron ovejas, plantaron vi\u00f1edos, levantaron caba\u00f1as y poco a poco extendieron una fina capa de vida humana sobre el cataclismo. La isla, atravesada por grandes fracturas, se levanta en la confluencia de tres placas tect\u00f3nicas: la eurasi\u00e1tica, la norteamericana y la africana. Terremotos y derrumbes devastaron Ponta Delgada, la capital, que se reh\u00edzo y ahora es una ciudad tranquila de 45.000 habitantes, una ciudad oce\u00e1nica con su puerto, su fuerte militar y su paseo mar\u00edtimo, una ciudad terrestre de piedra volc\u00e1nica y muros encalados, de iglesias, palacios y mercados que recogen la mezcla de tres mundos: quesos, pi\u00f1as, chirimoyas, \u00f1ames y t\u00e9, mucho t\u00e9. Ponta Delgada era una avanzadilla, una ciudad defendida por el foso inmenso del oc\u00e9ano, una remota provincia que se aburr\u00eda tanto como para celebrar la llegada quincenal del barco de Lisboa. Media ciudad sal\u00eda a curiosear qui\u00e9n llegaba, qu\u00e9 tra\u00eda, qui\u00e9n se marchaba por fin. Los vecinos paseaban por el muelle, tomaban caf\u00e9, arrastraban tertulias: lo llamaban el d\u00eda de San Vapor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ponta Delgada es nuestro punto de partida para recorrer los cr\u00e1teres de los tres volcanes que forman casi toda la isla: Sete Cidades, Fogo y Furnas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-un-pueblo-en-el-crater-sete-cidades\"><strong>Un pueblo en el cr\u00e1ter: Sete Cidades<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las vacas deben de pensar que toda esta isla la crearon para ellas. Conducimos el coche alquilado por las laderas verdes de los volcanes suaves, entre macizos de hortensias y pastos delimitados por muretes de piedra seca, en los que las rumiantes cumplen el prodigio de mascar hierba y transformarla en queso. Monte arriba, hacia el pico de Carv\u00e3o, entramos en los bosques de hayas, abetos y cedros, envueltos en una niebla muy teatral, un tel\u00f3n que se abrir\u00e1 para mostrarnos de golpe el primer paisaje catastr\u00f3fico de nuestro itinerario, que se abrir\u00e1 o no se abrir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se abre. Paramos en la Vista del Rey, as\u00ed llamada porque esta carretera la construyeron en 1901, aprovechando la visita de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Carlos_I_de_Portugal\" class=\"rank-math-link\" target=\"_blank\">Carlos I<\/a> a Sete Cidades, y miramos pero no vemos. Si al monarca le toc\u00f3 una niebla tan espesa como a nosotros, sus cortesanos debieron de dejarse los pulmones soplando y soplando para despejar el panorama, el m\u00e1s bello de la isla, el que quer\u00edan promocionar en todos los peri\u00f3dicos portugueses. Nosotros, al menos, tenemos una atracci\u00f3n fantasmag\u00f3rica para entreternos: el fugaz Monte Palace, un hotel lujoso inaugurado en 1989, premiado como el mejor hotel de Portugal en 1990 y abandonado para siempre en 1991. Lo levantaron en este monte lejos de la ciudad y de las playas, donde no hab\u00eda nada que hacer m\u00e1s que mirar el paisaje, con permiso de las nieblas, as\u00ed que no ven\u00eda casi nadie y los promotores se arruinaron. Hoy parece una mezcla entre Pr\u00edpiat, la ciudad desierta junto a la central de Chern\u00f3bil, y una Pompeya del turismo demasiado optimista. Algunos carteles proh\u00edben el acceso al edificio, por peligro de desprendimientos, tropezones y ca\u00eddas al vac\u00edo, y nadie deber\u00eda recomendarles que visiten su patio central, las grandiosas torres de escaleras, las habitaciones con restos de azulejos y alfombras, las paredes ahora cubiertas de grafitis y pinturas como un museo clandestino, los balcones con la mejor panor\u00e1mica de la isla \u2013si, total, va a seguir ah\u00ed la niebla-.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Vista del Rey, el viento premia a los pacientes: por fin se abre el tel\u00f3n&#8230;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Oooh!<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/Sete-Cidades-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40363\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Vistas sobre el cr\u00e1ter de Sete Cidades en la isla de Sao Miguel.Por Jeroen.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8230;y aparece a nuestros pies el cr\u00e1ter volc\u00e1nico de Sete Cidades, de seis kil\u00f3metros de largo, cinco de ancho y quinientos metros de profundidad, ocupado por domos de lava, peque\u00f1os cr\u00e1teres secos, un par de lagunas y dos grandes lagos: la Laguna Azul y la Laguna Verde. No entendemos esos nombres, viendo sus aguas plomizas, hasta que se abre otra rendija entre las nubes y una cascada de luz solar barre los lagos de orilla a orilla. Entonces se encienden el lago de color cobalto y el lago de color esmeralda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El paisaje es irreal. Con estas nubes veloces del Atl\u00e1ntico, con estos juegos de soles y sombras, los lagos se encienden y se apagan como si emitieran se\u00f1ales. Siempre atrajeron a visitantes remotos. Es un territorio de historias brumosas, de los siete obispos ib\u00e9ricos que navegaron hasta aqu\u00ed huyendo de la invasi\u00f3n musulmana y construyeron siete ciudades agazapadas en el fondo del cr\u00e1ter, de los frailes portugueses que muchos siglos despu\u00e9s vinieron en busca de esa misteriosa isla cristiana en el \u00faltimo conf\u00edn del mundo, que la encontraron, que visitaron sus templos y sus palacios, que parlamentaron con sus siete reyes en su misma lengua, y que en cuanto le dieron la espalda para embarcar y llevar la noticia a Lisboa, \u00a1pluf!: la isla se desvaneci\u00f3. Varias generaciones despu\u00e9s, los navegantes portugueses descubrieron de nuevo la isla o la descubrieron por fin. Cuando volvieron por segunda vez al cabo de pocos a\u00f1os, ya con intenciones de colonizarla, se quedaron pasmados: all\u00ed donde hab\u00edan anotado una monta\u00f1a en los mapas, ya solo hab\u00eda un cr\u00e1ter. Debi\u00f3 de ser tremenda la explosi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n es un territorio por el que flotaron fantasmas invasores. Las Azores serv\u00edan de escala para los primeros vuelos transatl\u00e1nticos, los hidroaviones sol\u00edan usar sus lagos volc\u00e1nicos como pistas, y cuando un pastor encontr\u00f3 un radiotel\u00e9fono alem\u00e1n en la orilla de Sete Cidades, se dispararon todas las alarmas. El Ej\u00e9rcito portugu\u00e9s mand\u00f3 a todo correr una compa\u00f1\u00eda de infanter\u00eda, que se dedic\u00f3 a obstaculizar los lagos de S\u00e3o Miguel con alambradas y estacas, y a vigilarlos para impedir que aterrizaran alemanes. Estados Unidos plane\u00f3 una invasi\u00f3n del archipi\u00e9lago, por si a Hitler se le ocurr\u00eda usarlo como trampol\u00edn de aviones y submarinos hacia las costas americanas, pero luego los nazis se liaron en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y el peligro se esfum\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajamos a pie hasta Sete Cidades, el pueblo en la orilla de los lagos y en la base de los murallones, con miedo de que desaparezca en cuanto nos acerquemos demasiado. Desde la Vista del Rey, seguimos la carretera ER9 un kil\u00f3metro hacia el oeste hasta un cruce, lo tomamos a la izquierda hacia Sete Cidades y al cabo de cuatrocientos metros nos salimos a la izquierda: tomamos un camino que deja la laguna Rasa y la laguna Santiago a nuestra derecha, se reencuentra con la ER9 y baja al puente de siete ojos que divide los dos grandes lagos del fondo. Al otro lado se extiende el pueblo de proporciones modestas y nombre legendario: Sete Cidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parece una maqueta de casas bajas entre calles amplias, con jardines, bosquecillos, senderos, prados, con pocos humanos a la vista y muchos patos, cisnes, cabras y vacas abrevando en el lago. La existencia de Sete Cidades siempre fue dudosa, su futuro incierto. Caetano de Andrade Albuquerque de Bettencourt, el arist\u00f3crata terrateniente que mand\u00f3 levantar la Casa Grande a la entrada del pueblo, una mansi\u00f3n de color rosa ya ajado, quiso derruir las monta\u00f1as y rellenar los lagos para extender sus cultivos. Como si fuera una respuesta furiosa, lleg\u00f3 la inundaci\u00f3n: llovi\u00f3 sin tregua, los lagos crecieron, Sete Cidades estuvo a punto de desaparecer bajo las aguas como en otra leyenda. Excavaron un t\u00fanel a trav\u00e9s de las monta\u00f1as, un desag\u00fce hasta el mar para mantener constante el nivel de los lagos, y as\u00ed salvaron el pueblo. De paso, construyeron seis molinos hidr\u00e1ulicos y crearon una peque\u00f1a industria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante la sensaci\u00f3n de cat\u00e1strofe inminente que flota en Sete Cidades, no hay mejor refugio que la Casa do Povo: un local comunitario, sede de fiestas, bailes, teatros y conciertos, con una tasca en la que dos viejos juegan al domin\u00f3 y en la que se pueden comer unos chipirones con pi\u00f1a o un pulpo asado. Deber\u00edais venir cuando asamos el cerdo en el espeto, dice uno de ellos. Estos son los humanos, unos asombrosos seres que se instalan en el fondo de un cr\u00e1ter para jugar al domin\u00f3 y que pescan truchas en el ombligo de la cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un caf\u00e9 y una <em>queijada<\/em> -el dulce elaborado con queso, huevos, leche y az\u00facar- son el combustible ideal para subir entre la Laguna Verde y la Caldeira Seca, de regreso a la Vista del Rey. El paseo completo mide poco m\u00e1s de diez kil\u00f3metros.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-un-lago-salvaje-y-otro-domesticado\"><strong>Un lago salvaje y otro domesticado<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/03-Subida-hacia-la-Lagoa-do-Fogo-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/03-Subida-hacia-la-Lagoa-do-Fogo-1024x768.jpg\" alt=\"Subida hacia la Lagoa do Fogo, Azores\" class=\"wp-image-40365\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Subida hacia la Lagoa do Fogo. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otro sendero se\u00f1alizado, el PRC02 SMI, va desde Praia hasta la Lagoa do Fogo, el lago m\u00e1s alto y m\u00e1s salvaje de la isla. Subimos cinco kil\u00f3metros por un bosque oloroso de pinos, acacias, inciensos, jengibres y eucaliptos, a trav\u00e9s de una reserva natural en la que no existen pueblos, granjas ni m\u00e1s huellas humanas que una <em>levada<\/em>: un canal que recoge las aguas, cuyo sendero de servicio nos sirve de camino. Alcanzamos el borde del cr\u00e1ter, a 600 metros de altitud, y nos asomamos a un lago engastado en las monta\u00f1as. Es un paisaje primordial, parece el mundo reci\u00e9n hecho, envuelto en un silencio tenso como si la geolog\u00eda estuviera a punto de ponerse en marcha. De pronto nos chillan las gaviotas y sentimos que aqu\u00ed los humanos sobran.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/04-La-solitaria-Lagoa-do-Fogo-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/04-La-solitaria-Lagoa-do-Fogo-1024x719.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40366\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">La solitaria Lagoa do Fogo. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El de Furnas es justo lo contrario: un lago volc\u00e1nico domesticado, de orillas lavadas, peinadas y engominadas, ocupadas por mansiones, capillas y jardines, con espectaculares fumarolas y amenazadoras calderas hirvientes&#8230; que se utilizan para cocinar. Salimos del pueblo de Furnas y subimos al mirador de Lombo dos Milhos. Hacia el noreste vemos con claridad que el pueblo est\u00e1 encerrado entre los murallones de una gran caldera boscosa, en la que crecen aqu\u00ed y all\u00e1 varios domos volc\u00e1nicos, protuberancias de antiguas erupciones. Y al suroeste se abre otra hoya, la del lago de Furnas. La vuelta al lago es un paseo agradable de nueve kil\u00f3metros que atraviesa los antiguos dominios del terrateniente Jos\u00e9 Do Canto: un chalet franco-suizo como pabell\u00f3n de pesca, un cottage anglo-flamenco como pabell\u00f3n de navegaci\u00f3n, una capilla neog\u00f3tico-egoc\u00e9ntrica como mausoleo del amo y se\u00f1or, y un bosque dise\u00f1ado por un paisajista parisino, con sus senderos sinuosos entre camelias y azaleas, su cascada entre rosales. Llama la atenci\u00f3n que los primeros habitantes de Furnas, tres ermita\u00f1os de principios del siglo XVII, levantaran aqu\u00ed sus chozas de madera \u201catra\u00eddos por la soledad de este desierto\u201d. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, una explosi\u00f3n lanz\u00f3 tremendas cantidades de piedra p\u00f3mez que sepultaron la primera iglesia de aquellos monjes, as\u00ed como nubes de cenizas que ocultaron el sol durante tres d\u00edas y sepultaron grandes extensiones de la isla bajo una capa negra de hasta metro y medio. Caminamos sobre un volc\u00e1n irritable, poca tonter\u00eda, por eso impresiona la placidez con la que los humanos bajaron a este escenario del apocalipsis y le pusieron una alfombrita: los jardines, los parques, las villas. Plantaron huertos, trajeron cerdos, importaron con \u00e9xito el \u00f1ame africano para paliar una hambruna, y as\u00ed fueron amontonando los ingredientes para su mayor exhibici\u00f3n como domadores de volcanes: el cocido de Furnas, el plato que se cocina al calorcito del averno.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/05-Una-villa-en-el-lago-volcanico-de-Furnas-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/05-Una-villa-en-el-lago-volcanico-de-Furnas-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40367\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Una villa en el lago volc\u00e1nico de Furnas. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el extremo norte del lago borbotean las calderas hirvientes. Unas pasarelas de madera permiten caminar sobre una costra de mineral gris, azul\u00f3n, amarillento de azufre, con pozos que sueltan columnas de vapor, burbujas de barro y peque\u00f1as explosiones con olor a huevo. Aqu\u00ed mismo entierran de madrugada las ollas con carnes, embutidos, verduras y tub\u00e9rculos, las dejan seis o siete horas coci\u00e9ndose al vapor y las sacan al mediod\u00eda para com\u00e9rselas en las mesas cercanas, en casa o en los restaurantes. Impresiona pasearse por este terreno a punto de reventar y descubrir los carteles clavados en los mont\u00edculos de tierra humeante: \u201c<em>O seu cozido esta aqui<\/em>!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/06-Calderas-hirvientes-en-el-lago-de-Furnas-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40368\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Calderas hirvientes en el lago de Furnas. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/07-Dos-hombres-recuperan-la-olla-de-cocido-enterrada-en-las-calderas-hirvientes-de-Furnas-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/07-Dos-hombres-recuperan-la-olla-de-cocido-enterrada-en-las-calderas-hirvientes-de-Furnas-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40369\"\/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Dos hombres recuperan la olla de cocido enterrada en las calderas hirvientes de Furnas. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de la caminata se presentan dos planes obvios. El primero, sentarse en alg\u00fan restaurante para zampar un cocido volc\u00e1nico. La raci\u00f3n para dos personas la traen en una bandeja que no cabe por la puerta, repleta de carne de cerdo y pollo, morcilla, tocino, chorizo, berza, zanahoria, acelga, batata, patata y \u00f1ame. Al lado, para que no nos quedemos con hambre, nos ponen un plato de arroz blanco. Y al final no sabemos si pedir postre o llamar a una ambulancia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.escapadarural.com\/blog\/wp-content\/uploads\/10-Estanque-del-parque-Terra-Nostra-para-banarse-en-aguas-volcanicas-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-40371\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Estanque del parque Terra Nostra para ba\u00f1arse en aguas volc\u00e1nicas. Por Ander Izagirre.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo plan consiste en ba\u00f1arse en las dulces aguas del infierno. Entre los cientos de manantiales que brotan en la caldera de Furnas, cargados de minerales, algunos fueron encauzados para alimentar un estanque junto a la mansi\u00f3n del c\u00f3nsul estadounidense en 1795. Lo encontramos en el parque Terra Nostra, un jard\u00edn bot\u00e1nico que re\u00fane especies end\u00e9micas de las Azores y una colecci\u00f3n de \u00e1rboles de todo el mundo, camelias, laureles, ginkgos, palmeras, cedros, nen\u00fafares, con sus senderos misteriosos, sus puentes rom\u00e1nticos, sus grutas artificiales y sus turistas que se gritan entusiasmados en media docena de idiomas, encantados de corretear medio en bolas de una piscina a otra. El estanque central es una inmensa, caprichosa y suntuosa ba\u00f1era de hace dos siglos, de piedra tallada, rebosante de aguas ferruginosas de color calabaza, en la que podemos ponernos a remojo sin miedo a que se nos corte la digesti\u00f3n del cocido: su temperatura oscila entre los 35 y los 40 grados. Aqu\u00ed el ba\u00f1o procura un placer perezoso, un sosiego tontorr\u00f3n, ideal para despedir el viaje arrullados por el volc\u00e1n.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las islas Azores ten\u00edan fama de aparecer y desaparecer entre las aguas. Se entiende: aterrizamos en medio del Atl\u00e1ntico, zarandeados por un vendaval, mientras las olas rompen contra las rocas de la orilla, rocas volc\u00e1nicas, porosas, que se van disolviendo casi a la vista. 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