Cine Ascaso Carlos Ripolles

Fuente: Carlos Ripollés

La Asociación de Vecinos de Ascaso (Sobrarbe, Huesca) organiza por sexto año consecutivo el festival de cine más pequeño del mundo desde el 29 de agosto al 2 de septiembre.

Seis largometrajes y doce cortometrajes en el programa y un aforo total de 220 personas en un pueblo en el que viven cuatro personas en invierno y al que todavía no llega la luz.

Miguel Cordero, codirector de la muestra junto a Néstor Prades, dijo a El Periódico de Aragón que el festival “sirve para poner a Ascaso en el mapa, un pueblo que ha sido abandonado por las administraciones públicas”.

El festival alumbra la reivindicación de un pueblo condenado: “aquí en invierno se hace muy difícil la vida. No se puede encender un secador o un microondas”, dijo Miguel Cordero. El codirector de la muestra promovió una recogida de firmas hace años para llevar luz a Ascaso, pero no prosperó.

Néstor y Miguel compraron una de las seis casas del pueblo y desde entonces se propusieron reavivar Ascaso. Recuperaron su fiesta popular, San Julián, y cada 6 de septiembre los pueblos vecinos suben a animarse. También organizaron quedadas para ver pelis en la montaña con los amigos. Fue el germen del festival de cine más pequeño del mundo.

La primera edición se organizó bajo toldos de Leroy Merlín que cubrieron a unas 30 personas curiosas. Para la segunda, los organizadores crearon un crowfunding cuyo éxito les permitió rehabilitar la borda donde este año se resguardan directores, actores y público.

Según los organizadores, el festival de cine es como Ascaso, “una pequeña joya olvidada en los grandes circuitos comerciales“.

Los largometrajes se proyectan en la era norte y los cortos en la borda del cine. Al finalizar, se establecen charlas entre actores, directores y público. “Ascaso no es un mercado. Todo lo contrario: queremos que sea un lugar de sosiego y relajación en torno al cine”.

Entre los títulos del programa: Timecode, corto de Juanjo Jiménez, nominado a los Oscar en 2016, o los largometrajes de animación La vida de Calabacín, de Claude Barras, y La tortuga Roja de Michael Dudok de Wit.

Aprovechando el centeneraio de la Revolución Rusa (1917), se proyectará El Acorazado Potemkin (1925), de Sergei M. Eisenstein, acompañada por música en directo.

El festival de cine más pequeño del mundo promete noches de luna llena y estrellas en el Pirineo, junto a una selección de buen cine, desde donde iluminar el abandono de los que apuestan por lo artesano.

La muestra no es competitiva y las entradas se pueden comprar en la web.

Un Comentario publicado

  1. Mary
    Publicado 21 agosto 2017 en 17:13

    Me ha recordado el cine de verano que sale en la bellísima película de “Cinema Paradiso”. ¡Bravo por estas maravillosas iniciativas en defensa de la supervivencia de los pequeños núcleos rurales!

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