Arnedo, La Rioja

Aunque las casas cueva pueden sonar a la Prehistoria, lo cierto es que en Arnedo –la ciudad de La Rioja Baja asociada al calzado– no hay que viajar tan atrás en el tiempo. Hasta los años 50, más de 200 familias vivían en estos recovecos que también fueron utilizados como establos, bodegas, palomares y centros religiosos.

Una vez fueron abandonadas, algunas de ellas fueron adheridas a las nuevas construcciones del pueblo viejo de Arnedo. Otras, en cambio, cayeron en el olvido y se convirtieron en el escondite perfecto de aquellos que entraban a jugar a ellas, a dar su primera calada o experimentar el primer beso, seguramente.

Para hacernos una idea de toda su extensión lo mejor es subir a los cerros de San Miguel y al del castillo, desde donde se obtienen las mejores vistas de la sierra que parece abrazar el pueblo viejo de Arnedo.

No hará falta fijarse mucho en ellas para ver cómo todas las montañas –de arenisca– están repletas de agujeros como si fueran hormigueros. “Son las entradas a las casas cueva”, nos explicó la guía. Algunas de ellas datan del siglo XIX, aunque también las hay que son de la Edad Media.

Hoy, gracias a las tareas de rehabilitación de las cuevas iniciadas en 2014, tres de ellas están acondicionadas y abiertas al público.

Ruta por las cuevas

El itinerario comienza en el cerro de San Miguel, donde dentro de una de las cuevas se ha realizado una réplica de una vivienda tradicional del siglo XIX. Esta casa de unos 200 metros cuadrados está inspirada en aquellas que antiguamente había en los barrios de Santiago, Castillo, Santa Marina y la Carrera.

En ella hay un par de habitaciones con camas y cómodas. Hay una cocina de carbón, motivo por el que la sierra está repleta de chimeneas. Y esta, en concreto, también tiene corral, cuadra y bodega.

El éxito de estas casas-cueva estuvo en que en su interior había una temperatura constante de 15-16 grados, por lo que resultaban muy frescas en verano y no excesivamente frías en invierno.

La mayor parte de ellas estaban conectadas entre sí, lo que ha facilitado la reconstrucción de galerías que permiten continuar la visita por el interior de la montaña.

La Cueva de los Cien Pilares

Llamada así por los numerosos pilares de su interior, levantados para sujetar los techos de las cuevas, esta cavidad está considerada como la joya de Arnedo. Fue la primera en acondicionarse para las visitas y en ella se descubrió que pudo haber sido utilizada con fines religiosos.

Según algunos documentos que se han encontrado en Arnedo, la cueva data de la Edad Media, más concretamente del siglo XI, cuando sirvió como monasterio de San Miguel.

En ella hay un laberinto de galerías, diferentes cámaras y unos originales ventanales desde donde se obtienen algunas de las mejores vistas a la ciudad nueva de Arnedo. Es curioso ver el contraste de lo nuevo con el pueblo viejo, donde el encanto reside, precisamente, en el caos arquitectónico y urbanístico.

Un vídeo proyectado en una de sus paredes nos permite conocer cuál es la historia de los Cien Pilares. Lo que todavía sigue siendo un enigma es cuál fue el uso original de los recovecos excavados en las paredes. Las teorías van desde que pudieron ser palomares a nichos donde se exponían los cráneos de los difuntos.

Esta última hipótesis no sería tan descabellada teniendo en cuenta que, en la parte superior del cerro de San Miguel, hay una antigua necrópolis y se cree que podría ser el cementerio más antiguo de Arnedo.

Lo que sí se ha podido confirmar es que las cuevas de Arnedo son uno de los complejos rupestres más asombrosos del valle Cidacos. Un patrimonio único en la zona del que aún queda mucho por descubrir pero que se ha convertido en un gran atractivo para los turistas.

Para visitar las casas cueva será necesario reservar con anterioridad en la Oficina de Turismo de Arnedo. De momento, las visitas guiadas sólo se realizan los sábados y domingos.

Casas rurales en La Rioja Baja

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