Casas rurales en Toledo

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La Almazara de Valdeverdeja

Valdeverdeja
Por habitaciones
2 - 24 personas
15 dormitorios
12 camas
66 
pers. noche
aprox

... La Almazara es un magnífico Hotel Rural fuera de lo convencional. Con restaurante, hotel, jardines, tienda, piscinas, bodega, casas y carpa, ofrece al visitante una experiencia inusual. Y sus suites...

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El embrujo de Toledo

Bienvenido a los paisajes quijotescos de Cervantes, con sus villas, sus humedales, sus bosques, dehesas y montes típicamente manchegos. Donde provincia y capital tienen un mismo nombre. Bienvenido al hogar del Greco, que le inspiró la mayor parte de su obra pictórica. 

Bienvenido a uno de los cascos históricos más bonitos del mundo: Toledo, ciudad patrimonio de la humanidad, embellecida por el paso de árabes, judíos, cristianos… Una convivencia y tolerancia entre civilizaciones que decididamente ha marcado el carácter abierto de sus habitantes. 

No te costará llegar: en AVE, autobús, coche particular o avión. El aeropuerto más cercano es el de Madrid-Barajas, a 1 hora de la capital toledana.  

En la orilla norte del Tajo

El río Tajo parte en dos la provincia y, en la misma orilla, la ciudad de Toledo se alinea con el hermoso municipio de Talavera de la Reina, conocido como Caesarobriga por los romanos. Es relajante cruzar el río haciendo piragüismo o paseando por alguno de sus puentes, así como por los jardines del Prado. Sentado en uno de sus bancos, sería bonito releer algún pasaje de La Celestina. Su autor, Fernando de Rojas, fue alcalde de la ciudad. Sus restos descansan en la Santa María la Mayor. 

También es muy recomendable echar una ojeada a las muestras de cerámica talaverana del Museo Ruiz de Luna. Y reinterpretar los ritos paganos en honor a Ceres en festividades como Las Mondas (sábado posterior a Semana Santa). 

En la misma cara norte del Tajo, amurallada por cultivos de cereal, encinas y olivos, se presenta la localidad medieval de Oropesa. Una atmósfera árabe recorre sus calles y su castillo. Si quieres llevarte algún recuerdo de aquí, escoge uno de sus famosos bordados

La comarca de la sierra de San Vicente es un buen sitio para que eches mano a tu cámara retratando típicas construcciones serranas. Y si se te antoja andar un buen trecho o que todo marche sobre ruedas, puedes ir en busca de los 140 kilómetros de la senda de Viriato, un recorrido circular por la sierra. Por el camino te recibirán el pueblo de Segurilla y tendrás el premio de unas magníficas vistas desde su atalaya. 

Los Montes de Toledo

Por la montaña rusa de esta cordillera se descubren remansos de paz como el Chorro, donde la cascada de agua de la Chorrera salva distancias desde los 15 metros de altura. Este enclave se enmarca en el pueblo de los Navalucillos, puerta de entrada al Parque Nacional de Cabañeros. Por San Sebastián (20 de enero), su patrón, podrás asistir a la procesión y degustar sus roscas de santo. 

Dentro de la misma comarca de la Jara, también son grandes reclamos el Centro de Recuperación de Rapaces Ibéricas, en Sevilleja de la Jara, y la Vía Verde de la Jara. Si lo que quieres es conocer la comarca de los Montes de Toledo, no te pierdas la Ruta del Pastor Magdaleno, entre Ajofrín y San Pablo de los Montes. 

En esta última comarca se ubican también los municipios de Cobisa y los Yébenes. Cobisa es un pueblo pequeño rodeado de olivos de camino a la capital de Toledo. Para reponer fuerzas, nada mejor que sus migas o su arroz con liebre. 

En los Yébenes se te abre todo un abanico de posibilidades:

  • Súmate a una visita guiada por la Crestería Molinera, con algunos de los molinos que inspiraron a Cervantes.  
  • Visita sus ermitas. 
  • Averigua si puedes llegar por un pasadizo subterráneo al palacio de la Encomienda, antigua residencia real. 
  • Traza tu ruta por la dehesa Boyal
  • Si lo tuyo son los castillos, acércate a la torre de Azuqueca-la Torrecilla. ¡O mejor aún!, al castillo de Guadalerzas.

Una ruta por el sudeste de Toledo

Un camino flanqueado por los típicos molinos manchegos blancos lleva hasta el castillo de la Muela, símbolo y orgullo de Consuegra. La ciudad se esparce a sus pies, en una llanura salpicada por varios yacimientos romanos: la presa de Consaburum, una necrópolis, restos de villas y canalizaciones del acueducto.

Es muy bello ver cómo el color lila de la flor del azafrán se apodera de sus campos. Este cultivo llegó en la Edad Media procedente de Oriente Medio y, coincidiendo con la recogida de la flor, cada año se celebra la Fiesta de la Rosa del Azafrán (octubre). 

Para viajar a la época de la Reconquista nada mejor que acudir a la Consuegra Medieval que se celebra en agosto. Con casi 500 participantes, en ella se representan asedios, puestos de mercaderes, batallas y una danza macabra en honor al héroe muerto en batalla: Diego Rodríguez, hijo del Cid Campeador.

Dulcinea del Toboso

Si eres un verdadero amante de El Quijote, después de haberte empapado de sus paisajes manchegos, tienes que visitar la localidad del Toboso. Por sus calles podrás releer fragmentos de la novela mientras estos te conducen al hogar de la gran amada: la Casa Museo de Dulcinea, personaje que supuestamente inspiró Ana Martínez Zarco. 

Para completar tu tres en raya, no dejes de marcar las casillas del Museo Cervantino y el Museo del Humor Gráfico Dulcinea. Llegarás a cantar bingo siguiendo alguna de sus rutas literarias. 

Más allá de la literatura, su arquitectura, sus otras rutas (como la de los pozos) y sus carnavales te amenizarán la estancia. 

Corpus Christi y los bordados de Lagartera

Una de las fiestas que despierta más interés en la provincia es el Corpus Christi, pues Toledo es la primera ciudad de España donde se celebró. Al mando de la procesión va una custodia que, según la leyenda, se realizó con el primer oro llegado de América. Las calles se engalanan para recibirla: romero y tomillo en la calzada, antiguos toldos de tejedores, sederos y tapices flamencos en la catedral.

Las labores y bordados de Lagartera, archiconocidos en toda Castilla-La Mancha, también se ponen a disposición para la ocasión luciéndolos en los trajes regionales y en los altares de las puertas de las casas. Todo bajo el rastro de olor que dejan los manojos de albahaca, hinojo y hierbabuena.

También es muy vistosa la Fiesta de Danzantes y Santísimo Cristo de la Viga de Villacañas (del 27 de abril al 1 de mayo), por el traje de los bailarines (¡tardan más de dos horas en vestirse!) y por sus bailes tradicionales: con palos, castañuelas, cintas… Lo acompañan recitando poemas y versos satíricos.