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El Charco frío de la Cueva del Gato, un refrescante baño en la sierra de Grazalema

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Por Joseph Creamer

Situado a unos 15 kilómetros de Ronda, a medio camino entre las localidades de Montejaque y Benaoján, nos encontramos con una de las cavidades más populares de Málaga. Es la Cueva del Gato, una boca de salida por la que discurre el río Gaduares, que nace en el macizo de Grazalema, y salta en forma de cascada hasta fundirse con el río Guadiaro. A los pies nos espera una laguna azul turquesa en la que, a pesar de su aspecto paradisíaco, el agua está congelada. Y es que su nombre no puede ser más acertado: Charco frío.

La Cueva del Gato es la boca más popular del Hundidero-Gato, una cavidad con un sistema hidrográfico de unos 4 kilómetros de longitud compuesto de varias galerías subterráneas. Está considerado como uno de los sistemas hidrográficos más importantes de España y está declarado Monumento Natural de Andalucía. 

Por Jesnofer

En su interior la cavidad está compuesta de salas de 70 metros de altura, antiguas galerías fósiles, espeleotemas, cañones, simas y varias pinturas rupestres. También hay varios lagos, creados por la acumulación del agua, así como restos de puentes y vías que fueron levantados en los años 20 por los ingenieros de la Compañía Sevillana de Electricidad, quienes querían aprovechar el agua del Hundidero para crear la mayor presa abovedada de Europa: el pantano de los Caballeros. La obra fue un fracaso, ya que el agua embalsada se filtraba al poco tiempo en el subsuelo.  Los restos de esta presa aún permanecen en los alrededores de Montejaque.

Además de su valor geológico e hidráulico, en el Hundidero-Gato hoy habita una de las mayores colonias de murciélagos de cueva, motivo por el que fue necesaria su protección. Según el viajero Sir Francis Carter, autor de Viaje de Gibraltar a Málaga (1760): “La Cueva del Gato merece el primer puesto entre las maravillas de la serranía de Ronda”. 

Lamentablemente, hoy la cueva no se puede visitar. Según indica la Junta de Andalucía, no está habilitada para el tránsito de personas y solo es posible entrar en su interior con una autorización especial. Hasta hace unos años, algunas compañías de multiaventura tenían permitido organizar salidas de espeleología en ellas. Una actividad que también se ha tenido que suspender hasta nuevo aviso.

Por laura

De lo que sí podemos disfrutar es de sus alrededores. De la cascada que cae de la boca de la cueva y de un refrescante baño en las aguas permanentes y cristalinas del río. Hay que tener en cuenta que el charco tiene diferentes profundidades y, cuanto más al centro, más hondo es. Su entorno es boscoso, por lo que hay bastante sombra, y en la orilla hay una zona llana donde podemos tumbarnos a descansar. 

En los últimos años el Charco frío de la Cueva del Gato se ha hecho bastante popular, por lo que es posible que en los fines de semana de los meses de verano esté algo masificado. Lo recomendable, si se puede, es ir durante la semana. Asimismo, aunque la entrada para ver el paraje es gratis, si deseas quedarte y darte un baño hay que pagar 2-2,50 euros los adultos y 1-1,50 los niños (por semana es 50 céntimos más barato). Atención: los perros no tienen permitido bañarse. 

Cómo llegar al Charco frío de la Cueva del Gato 

Por Wirestock

Desde el pueblo de Benaoján, a la altura de la estación de tren, hay un sendero que llega hasta la Cueva del Gato. Son unos 2,3 kilómetros que apenas presentan dificultad. Toda la ruta está señalizada. 

Después de cruzar el paso a nivel, el camino transcurre por una antigua vía pecuaria que va paralela al río Guadiaro, que se ensancha en el charco de la Barranca debido a un dique artificial que crea un pequeño salto de agua. En él se pueden observar varios peces. 

Debido a su cercanía al río, por el trayecto también se pueden ver algunos antiguos molinos. Uno de los que mejor conservados están en el de las Cuatro paradas, en el que se puede ver su estructura original. 

Por Marytog

En algunas partes de la ruta podemos observar el suelo empedrado. Pertenece a un antiguo camino medieval, construido a su vez sobre una vía romana que unía las ciudades de Carteia, en San Roque, con Acinipo, en Ronda.

 Una de las principales quejas de los viajeros es que el acceso al Charco frío no está muy bien cuidado y la pasarela de madera por la que hay que cruzar, de hecho, está en mal estado. A pesar de ello, visitar el Charco Frío, al menos una vez en la vida, es más que recomendable.

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