Palacio de Queluz. Por Jean-Christophe BENOIST

Será que formaron parte de nuestras fantasías y juegos de la infancia que es ver un palacio y comenzar a soñar. Algo tienen que nos atraen. Puede ser su maravillosa arquitectura, los bosques que los cobijan, o bien las leyendas que guardan sus altas torres. Son edificios en los que cada piedra forma parte de la historia. La mayoría están protegidos como patrimonio por su alto valor artístico, como estos que hemos seleccionado: son algunos de los palacios más bellos de Portugal, para que tu próximo viaje sea un cuento de hadas.

1. Palacio Buçaco (centro Portugal)

Por David Francisco

En medio de un hermoso bosque de cedros y abetos que parece encantado, se encuentra este fabuloso palacio, considerado como uno de los hoteles más bellos del mundo. Está en el municipio de Mealhada, a unas dos horas de Lisboa, en el centro de Portugal.

El palacio fue construido en 1885 para los últimos reyes de Portugal. Si cuando lo visites te recuerda a la torre de Belém o al claustro de los Jerónimos es porque tienes buen ojo para la arquitectura. Fue diseñado por el arquitecto y escenógrafo Luigi Manini, recreando los mejores ejemplos de la arquitectura manuelina.

Deslumbrante y digno de príncipes y princesas. No obstante, la familia real lo ocupó solo en una única ocasión. Después de la Primera Guerra Mundial, ya como Palace Hotel Busaco, se convirtió en uno de los destinos de moda de Europa. Desde 1996 está catalogado como Edificio de Interés Público.

Mención aparte merece el bosque que lo rodea (Bosque Nacional de Bussaco). Se trata de una extensión inmensa de más de cien hectáreas que la Orden de los Carmelitas Descalzos comenzó a cuidar en el S. XVII. Hoy está considerado como uno de los más destacados de Europa.

2. Palacio de la Pena (Sintra)

Por Jose Ignacio Soto

No era mucho del agrado de José Saramago. Lo explicó en su Viaje a Portugal: “No es ya pequeño trabajo verlo, aguantar el choque de esta confusión de estilos…”. También es cierto que sin él, la sierra de Sintra no sería lo que es.

Lo que está claro es que, al menos en este caso, la opinión del ilustre Nobel no ha impedido que el palacio da Pena sea el más conocido de todo Portugal. Lo primero que destaca al verlo elevado sobre la colina es su característica arquitectura ecléctica y el uso de los colores. Algo que, en cierto modo, hace que el aspecto recuerde a un palacio armado con piezas de Lego.

No debemos dejarnos confundir con lo de “la Pena”, que en portugués “pena” es peña. Es decir, el palacio de la Peña, en relación a su ubicación. Desde su construcción, se convirtió en una de las residencias principales de la familia real portuguesa. Como tal, es el más destacable entre el buen puñado de palacios y quintas de la zona histórica de Sintra. Por su valor histórico y artístico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995.

Su fama mundial hace que también sea el palacio más visitado de Portugal. Por lo que en temporada alta prepárate para hacer largas filas. De su fachada destaca la figura del Tritón, medio pez medio hombre, que se encuentra justo debajo del pórtico principal, los delicados vitrales y los azulejos barrocos. De todas formas, son muchos los que opinan que lo mejor del palacio está en su exterior. Lo dicen, sin duda, por las impresionantes vistas y los bellos jardines, donde se encuentran desde plantas tropicales y secuoyas hasta helechos.

3. Palacio de Mateus (Vila Real)

Por Varun Shiv Kapur

Su reflejo en el estanque le da un aire aún más mágico. Parece como si la escultura de la ninfa de mármol de José Cutileiro pudiese cobrar vida en cualquier momento. El bucólico conjunto hace que nos encontremos frente a uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura civil portuguesa del período barroco y uno de los palacios más elegantes de Europa.

En la fachada del palacio de Mateus, atribuido arquitecto italiano Nicolau Nasoni, destaca la doble escalinata con balaustrada que lleva a la puerta principal, sobre la que se ve el escudo familiar. Por otra parte, todas las esquinas del edificio están rematadas por unos altos pináculos apoyados sobre cornisas en un esbelto equilibrio. Esta silueta a buen seguro que es reconocida por los viajeros más interesados en la enología, pues es el emblema que aparece en las etiquetas de las botellas de Mateus Rosé.

La visita al palacio de Mateus hay que completarla con un paseo por Vila Real, ciudad destacada del alto Duoro. Campos de cultivo y pequeñas villas agrícolas salen al paso hasta llegar a la ciudad. Su centro histórico, plagado de iglesias y singulares cafeterías, es toda una belleza que atrapará al viajero.

4. Palacio de Queluz (Queluz)

Por Quinok

Cerca de Lisboa no sólo hay palacios en Sintra. El palacio de Queluz está mucho más cerca, a menos de 20 kilómetros. Si se llega en vehículo propio, se deberá reducir la velocidad al aparecer junto a la avenida el formidable conjunto palaciego con la fachada decorada en colores pastel y con sucesivas balconadas.

Por su aspecto y calidad en la decoración es conocido como el Versalles portugués. En él participaron los mejores arquitectos, decoradores y jardineros de Europa, convirtiéndolo en un referente de la arquitectura palatina del siglo XVIII. Pero no todo es influencia francesa, el palacio también tiene detalles tan portugueses como los azulejos.

El interior no recibió menos atención, por lo que sería un error llegar hasta aquí y no pasar adentro: está la Sala de los azulejos, con escenas de gran detalle del pasado de las colonias portuguesas o la Cámara del Rey, donde se representan escenas de Don Quijote. Por su parte, la Sala de los embajadores, recubierta por completo de espejos, se asemeja a la famosa galería de los espejos de Versalles.

El edificio sufrió serios daños y entró en declive cuando durante la ocupación francesa (1807) se empezaron a construir varios palacios en Sintra. Finalmente, fue donado por el rey Manuel II al Patrimonio Nacional portugués.

5. Palacio dos Duques de Bragança, Guimarães

Por Feliciano Guimarães

Este es un palacio que se construyó en el siglo XV por orden de Alfonso I, duque de Braganza. Pidió a los arquitectos que se inspirasen en el estilo borgoñés que él mismo había podido contemplar en sus frecuentes viajes por Europa. Por ello, parece que es la campiña francesa y no el norte de Portugal.

Se ubica en la famosa colina Sagrada de la ciudad portuguesa de Guimarães, la cuna de la última dinastía que gobernó Portugal. Esta residencia fue una de las más suntuosas, tal como demuestra la estampa de sus 39 altísimas chimeneas de ladrillo que la rodean. Pero una vez que en el S. XVI la corte se trasladó a Vila Viçosa, solo se volvió a ocupar muy de tanto en tanto.

Después de la visita palaciega, queda pasear por Bragança, siempre un placer para los sentidos. Recorrer su centro histórico, al igual que todos estos palacios, es caminar por la historia.

Un Comentario publicado

  1. Lola
    Publicado 4 agosto 2019 en 18:07

    Muy interesante post. Ya he cogido ideas para el próximo viaje. Yo estuve hace años y me encantó. El palacio queluz es precioso y no hay problemas de cola (las colas están en Sintra). El palacio da pena está muy bien, pero hay colas desde primera hora. También vimos el Castelo dos mouros, sintra. Ese era gratis. Y vimos la quinta da regaleira (espectacular, con sus pasajes secretos, jardines y el pozo templario). Sintra es en sí una oda romántica a la edad media.

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