Algarve. Por Alventus

¿Vacaciones? Sí, pero con el placer de llegar cansados a nuestro hotel, de una primera ducha, y esa cerveza con la que recuperamos el tono anímico. El muscular se recupera más despacio, pero la satisfacción de haber recorrido algunos escenarios dramáticos nos ayuda a mantener la ruta en nuestro teléfono para enseñar a los amigos.

1. Costa Vicentina

Lagos. Por Pedro Madera

Cualquier ruta en mountain bike por la Costa del Algarve incluye playa y acantilados de roca. El punto de partida puede ser Lagos, ciudad que presume de ser un referente en la historia de Portugal.

En Lagos se construyeron carabelas que luego fueron usadas por los exploradores portugueses. También fue la primera ciudad de Europa que tuvo un mercado de esclavos.

Devastada tras el terremoto de Lisboa de 1755 tardó mucho tiempo en recuperarse. En el siglo XIX, participó activamente en las guerras napoleónicas y en la Guerra Civil portuguesa​ y volvió a tener cierta importancia económica con la introducción de las primeras industrias a partir de mediados de siglo.

Salema. Por Pedro Madera

Hay que disfrutar de un buen restaurante típico como Casa Calhou para entender cómo se vive en esta ciudad. Sardinas, marisco, patatas, los mejores tomates de la zona… para disfrutar de la buena vida.

Nuestra bici sale con facilidad de Lagos para llegar a un rincón más coqueto. Salema, un antigua aldea de pescadores reconvertida en centro turístico y con una de esas extensas playas que todos esperamos del Algarve.

Siguiendo la carretera a Figueira, el asfalto pronto se convierte en pista rural, pero nada que no podamos sortear, incluso en los tramos de mayor dificultad. El camino está perfectamente señalizado para bicicletas y todo parece servido para el disfrute.

Algarve. Por Pedro Madera

El recorrido incluye playas como la de Martinhal, de fina arena blanca y frescas aguas cristalinas, y después debemos pasar pos Sagres, donde podemos admirar la fortaleza del siglo XV situada en un cabo rocoso.

Estamos camino del fin del mundo. El viento sopla con fuerza, pero el escenario es perfecto. Para comer, la Adega Dos Arcos sirve buen pescado y otros platos de comida mediterránea a mejor precio.

Sagres. Por Pedro Madera

Llega la hora de continuar y enfocamos nuestras pedaladas hacia la fortaleza de Beliche y el cabo de San Vicente, un levantamiento de piedra en la playa de Belixe Velho destinado a proteger de la piratería y que fue, a finales del siglo XVI, destruida parcialmente por el mismísimo corsario Francis Drake.

Más tarde, Felipe IV ordenaría su reconstrucción. Lo más duro de la ruta ha pasado y llegamos a nuestro punto final, el cabo de San Vicente. Aquí encontramos todo lo que esperamos en un desenlace dramático, aunque para bien: un extremo de tierra mirando al Atlántico por el sudoeste con un bonito faro que permite divisar los barcos que doblan el cabo viento en popa.

2. Praias entre Viana e Caminha

Viana do Castelo. Por Pedro Madera

La ruta en BTT entre estas dos icónicas poblaciones portuguesas es una delicia al alcance de muchos. No hace falta ser un nivel avanzado en pedaladas para culminar este camino con vistas al mar entre acantilados y frondosa naturaleza. Viana do Castelo, en el margen derecho del río Limia, es nuestro punto de partida.

Una típica y pequeña ciudad portuguesa donde destaca su santuario e iglesia de Santa Luzía, con unas vistas formidables al entorno, y unas ruinas prerromanas que enfatizan ese toque histórico. El recorrido desde ahí es toda una colección de estampas y postales playeras. La primera de ellas, la Praia do Coral y la Praia Norte, nos dan las claves de lo que vamos a encontrar.

El agua y la geografía es lo que esperamos del norte de Portugal, muy cerca de la línea divisoria con la vecina España. Continuamos hacia el norte hasta la Praia da Mariana, perfecta para un día tranquilo y, probablemente, solitario. Estar solo en una playa es una sensación infravalorada y poco habitual si estamos acostumbrados a destinos turísticos populosos. Aquí es posible. El camino y la carretera se mezclan pero la gente respeta a las bicicletas.

Caminha. Por Pedro Madera

Parar al medio día en Los Verdes Lirios y disfrutar de los pescados de Ancora Praia puede ser la fórmula para dejar el resto de la ruta para un segundo día.

En el camino a Caminha, cada vez más cerca, encontramos otras como la Prainha das Cabanas, y también otros puntos de interés como el pequeño Forte do Cão, en plena desembocadura del río Ancora, una más en una serie de fortificaciones marítimas en esta línea de costa.

La playa de Moledo es una de nuestras últimas escalas, está más preparada para recibir bañistas gracias a su chiringuito e incluso socorrista.

3. Setubal-Vila Nova De Milfontes

Setúbal. Por Pedro Madera

Es un recorrido largo, pero merece la pena plantearlo para dos o tres días. Setúbal es uno de los principales centros urbanos de Portugal, y todavía hoy uno secundario debido al empuje de Lisboa y Oporto. Para el turista es casi un regalo. Así puede conjugar el atractivo de una ciudad portuguesa con otras muchas bondades naturales de gran belleza.

Comporta, tierra de arrozales (tienen incluso un museo dedicado a ello) es un pequeño pueblo que por supuesto incluye la playa en su cartera de atractivos. La siguiente etapa es de Carvahal a Melides, la primera otra freguesía de poco más de 1.500 habitantes y playa de arena fría y agua fresca.

En Melides, otra larga franja de arena blanca nos aguarda. El viento y el agua fría no son a esta altura defectos, sino virtudes de esta región portuguesa ideal para surfistas y turistas poco convencionales que, de postre, buscan resguardarse del sol abrasador del verano.

Vila Nova de Milfontes. Por Pedro Madera

La que echa fuego a estas alturas es nuestra BTT, y la praia de Morgavel es quizá el lugar ideal para reponer fuerzas, uno de los tesoros mejor guardados del Alentejo, por muchos que haya. Aquí queda claro que el Alentejo mira al mar.

Tras más de un centenar de kilómetros llegamos a Vila Nova de Milfontes, otra destacada villa alentejana cuya fama crece más y más cada año. A los pies del río Mira, sus playas son destacables y también lo es su centro histórico, tan empedrado y cuco como podíamos esperar. En la playa do Farol el atardecer no falla.

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