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Sierra Espuña, el espacio natural recuperado a cañonazos

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Sierra Espuña
Vista de Sierra Espuña sobre un campo de almendros. Por Javier Rodríguez Godoy

El 1989, el dr. Ricardo Codorniu, ingeniero civil nacido en Cartagena en 1846, visitó por primera vez Sierra Espuña, en la Región de Murcia. Vio los montes descarnados y la naturaleza desierta. Para entonces quizás ya tenía en mente esa estrategia genial y novedosa para reforestar más de 5.000 hectáreas: lanzar semillas con cañones.

Dicho así parece una idea espontánea, pero el Dr. Codorniu llevaba años estudiando el suelo, las semillas y el clima de Sierra Espuña. Se trataba de una idea delirante, sí, pero meditada. Desconocemos el día y la hora exactas en que se dio la orden de disparar, pero sabemos que en lugar de metralla había una buena carga de semillas de pino, sabinas y encinas. El Dr. Codorniu esperaba ver por última vez aquellos montes descarnados y cubrir la desolación de un naturalista con la esperanza verde de una gran idea. Hoy la técnica se estudia en las facultades de ingeniería.

La desolación antes de los cañones

Vista de las montañas de Sierra Espuña
Vista de las montañas de Sierra Espuña. Por james633

La sobreexplotación de Sierra Espuña aumentó desde el s. XVIII. La demanda de madera, pastos, agua y tierra para cultivar aumentó a medida que crecía la población de la zona. La Marina española, gestora de este territorio, taló el bosque para construir barcos.

El resultado fue un paisaje esquilmado. Durante el último tercio del siglo XIX, sin suelo firme en Sierra Espuña ni un bosque que protegiera el ecosistema, el riesgo de riadas y erosión era real. En 1877 murieron cinco personas en Totana a causa de una riada. En 1879 la cifra se multiplicó por ciento cincuenta y dos: 761 muertos en la conocida Riada de Santa Teresa, en Lorca y Murcia.

La alarma social impulsó en 1888 la creación de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura, organismo integrado entre otros por el Dr. Ricardo Codorníu. Comenzaron los estudios sobre vegetación, clima, suelos. Se construyeron caminos, puentes, diques y sendas.

Y se encienden, con un éxito sin precedentes, los cañones cargados de semillas.

Sierra espuña restaurada

Panorama view of Sierra Espuña during a sunny day, from the full of green trees Castellar Mountain, in Murcia.
Panorámica de Sierra Espuña. Por Adrián Orquín Marco.


El contraste entre las imágenes de Sierra Espuña a finales del XIX y las de la actualidad es asombroso. Sierra Espuña es hoy un territorio natural que ocupa más de 25.000 hectáreas, de las cuales cerca de 18.000 pertenecen al espacio protegido del Parque Regional. La vida volvió después de los cañonazos: ocho especies de anfibios, diecisiete especies de reptiles, ciento veintitrés aves y rapaces, treinta y ocho mamíferos, mil especies vegetales, más de la tercera parte de la flora de la Región y una especie endémica de ardilla.

Hoy Sierra Espuña forma parte de la Carta Europea de Turismo Sostenible y desarrolla proyectos de educación medioambiental y de interpretación de la naturaleza.

En 1931 Sierra Espuña ardió. Parece mentira que sea tan frondoso hoy, conociendo su historia. En Sierra Espuña asistimos a la voluntad más perseverante de una población por mantener su entorno natural, incluso a cañonazos.

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6 comentarios

Francisco 27 de agosto de 2014 - 09:26

Gracias por compartir estos detalles de la historia.
En mis casi 68 años, jamás pensé que los cañones sirvieran para algo más que para las guerras. Una vez más se confirma que la maldad no está en las armas, sino en el uso que se haga de ellas.

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scila 3 de septiembre de 2014 - 17:43

Lástima que este sitio no permita “compartir” un documento como éste, tan sólo nos deja marcar “me gusta”. Pues me gusta pero creo que habría que difundirlo, a ver si a alguien se le encienden bombillas en las neuronas y se pone manos a la obra que la cuenca Mmediterránea se nos está convirtiendo en un auténtico desierto, y nadie hace nada.
Gracias al uator del artículo por compartirlo.

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cristina 28 de octubre de 2014 - 12:03

Qué alegría saber que hay personas que tienen cerebro y lo utilizan para crear vida, y belleza. España se está convirtiendo en un desierto. Nadie hace nada. Si cada Ayuntamiento/diputación se dedicara a replantar las hectáreas que le corresponden, estarían haciendo un gran favor, a la humanidad. Creo que debería ser obligatorio la repoblación. Si no es así, en breve seremos desierto. Hay que cambiar el marrón por el verde. Este sistema habría que difundirlo y no sé a qué esperan los ingenieros y autoridades que se llevan un sueldo. Hay que utilizar el cerebro, para eso lo tenemos.

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sherpa 26 de enero de 2015 - 19:31

SCILA, puedes enviar esta pagina por medio de mail….
Una idea brillante que deberíamos copiar para repoblar muchos sitios de españa desérticos…. los arboles son nuestros pulmones.

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EMILIO MORENO 28 de enero de 2015 - 14:20

GRACIAS POR DARNOS A CONOCER ÉSTOS TEMAS TAN MAGNÍFICOS E INTERESANTES; NO ESTARÍA MAL QUE «A QUIEN CORRESPONDA» SE PREOCUPARA DE HACER ALGO SIMILAR EN TANTOS LUGARES DE ESPAÑA QUE SE ESTÁN DESERTIZANDO……PERO PRONTO, NO SEA DEMASIADO TARDE….

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Félix 9 de febrero de 2015 - 16:09

Bastante pobre y parcial esta nota.
Que es eso de un Ingeniero Civil. ? Me pregunto por qué obvian que fue un Ingeniero de Montes, estudiado en todo el munodcomo todos los que ya en el siglo XIX procuraron luchar por conservar y repoblar lo que quedaba de los montes y bosques españoles. Otro ejemplo. La Pedriza del Manzanares.
Lo de los cañonazos fue anecdótico. Lo cierto es que la obra en ingente, casi faraónica se llevó a cabo en un 99% a base de esfuerzo, ilusión, vocación, imaginación y mano de obra de la de entonces. Hoy día sería impensable tal empresa por muchas razones.
Este ejemplo se estudia en todo el mundo entre los gestores del medio ambiente hoy día.
Sin embargo… una vez más las Comunidades Autónomas se han dejado llevar por las modas acuales y en un ejemplo de modernidad y eficacia han derogado el Proyecto de Ordenación (120 años que debía durar) de Sierra Espuña, dejándo estar algo, que realmente hay que conservar con esfuerzo y presupuestos como si fuera algo que se debiera conservar por si solo.
Informense y encontrarán la realidad actual de Sierra Espuña y el Valle de Leiva, paraiso de escaladores, senderistas, ciclistas, naturalistas y personas que aman este entorno en una región por lo demás desértica.

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