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Solidaridad en el mundo rural: casas rurales contra la COVID-19

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casa rural Tura
Casa Tura, en Huesca.

Con la declaración del estado de alarma del pasado 14 de marzo ante la crisis sanitaria de la COVID-19, las casas rurales se vieron obligadas a echar el cierre. Desde ese momento, a pesar de la incertidumbre y de las pérdidas, muchos propietarios se han puesto en contacto con administraciones públicas y con colegios de médicos para poder reabrir y ofrecer su vivienda gratis a los trabajadores de actividades esenciales que la necesiten.

Este es el caso de Yolanda Corral, propietaria de la Casa Tura, en Biscarrués, y del apartamento Tura, en Ayerbe; ambos en Huesca. “Para tener las casas cerradas decidimos ofrecerlas gratis a los sanitarios o a aquellos que trabajan en la zona, para que no se tengan que desplazar”, dice.

Para ello, Corral se puso en contacto con el Colegio de Médicos de Huesca. La intención es que los sanitarios infectados pudieran hacer la cuarentena lejos de sus familias para evitar los contagios y que tuvieran un lugar donde descansar.

Siguiendo las recomendaciones de sanidad, ambas casas están preparadas para tener de 4 a 6 personas ubicadas en habitaciones individuales. Además, tienen un amplio jardín donde poder pasear o airearse.

“En la zona no hay muchos casos de contagio ahora mismo. No obstante, las casas siguen a disposición de quien las necesite”, dice.

Yolanda Corral ve el futuro con optimismo. Las reservas que tenía para julio y agosto, los viajeros no las han cancelado, las han pospuesto para cuando se pueda volver a viajar. Entre ellos hay catalanes, vascos, madrileños y noruegos.

Casas rurales esenciales, según el BOE

El pasado 30 de marzo, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana publicó en el BOE (Boletín Oficial del Estado) una lista con 371 alojamientos turísticos que han sido considerados esenciales durante el estado de alarma declarado por la COVID-19 y que, por lo tanto, pueden volver a abrir sus puertas.

Según la orden ministerial, estos hoteles y casas rurales solo pueden seguir operativos para alojar a los profesionales de los servicios imprescindibles como sanitarios, transportistas, fuerzas del orden, trabajadores del sector alimentario, telecomunicaciones, etc. Mientras, seguirán cerrados para el público en general.

La casa rural Las Melias, en Ciudad Real, es uno de los alojamientos que aparecen en la lista. José Luis, su propietario, tiene permiso para alquilar su casa a aquellos trabajadores indispensables que estén en Ciudad Real, o alrededores, y que la necesiten durante el estado de alarma.

“Ahora mismo tengo a un grupo de 9 agricultores que no son de la zona, pero están trabajando aquí temporalmente. Llevan ya un mes”, explica. El BOE publicó una lista con 371 alojamientos turísticos que han sido considerados esenciales

Su casa tiene capacidad para 23 personas, aunque ha tenido que amoldarse a las recomendaciones del Ministerio de Sanidad para evitar las aglomeraciones. “La única condición que puse es que en cada habitación debía de haber una persona”, dice José Luis.

El Gobierno de España no presta ayudas económicas a las casas rurales que aparecen en la lista del BOE y que están consideradas esenciales, por lo que los propietarios sí tienen permitido cobrar a los inquilinos. En el caso de José Luis, “Nosotros solo les cobramos el 50% del precio habitual. Tengo que vivir”.

La casa rural Las Melias, situada en plena Ruta del Quijote, también dispone de una amplia finca. A partir de mediados del mes que viene, la casa se quedará vacía, aunque José Luis ya está recibiendo llamadas para el verano, “De momento estoy manteniendo los precios”, dice.

“Mi casa rural está vacía, pero no puedo abrirla para quien lo necesita”

Uno de los requisitos para que una casa sea considerada esencial y aparezca en el BOE es que, para poder cederla a quienes lo necesiten, es indispensable que el propietario resida cerca de la vivienda.

Celso, el dueño de la casa rural El Refugio de Celia, estuvo nueve días intentando ofrecer su vivienda gratis a personas con autismo. “Mi casa está en el pueblo de Pedro Muñoz, en Ciudad Real, tiene un amplio jardín y está rodeada de naturaleza. Es ideal para ellos”, explica.

Puso a disposición del Ayuntamiento de Pedro Muñoz la casa y ellos lo enviaron a una asociación con personas con discapacidad física y psíquica. El problema es que Celso vive en Pinto (Madrid) y la casa está en Ciudad Real. No sabía cómo llegar hasta ella.

“Llamé a Turismo de Castilla-La Mancha para pedir autorización para poder desplazarme. Me dijeron que no dependía de ellos. Así que me puse en contacto con la Guardia Civil ”, explica. “Me dijeron que si me paraban durante el trayecto estaban obligados a tomarme los datos y que la Delegación del Gobierno sería quien decidiese si me ponían la multa o no”.

Sin embargo, como su casa no está en la lista de alojamientos esenciales publicada en el BOE, Celso tendría que atenerse a las mismas consecuencias que cualquier ciudadano cuyo trabajo no es imprescindible y que, durante el estado de alarma, no puede viajar.

No pudo ser, aunque Celso también ve el futuro con optimismo: los viajeros no han cancelado las reservas que tenía y le han aplazado los viajes para cuando llegue el momento en el que todos podamos volver a escaparnos.

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