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Hasta hace unos meses, en Portalrubio de Guadamejud –la Alcarria conquense– había vecinos de poliespán (material de plástico espumado). El peluquero frente a su antiguo negocio, los niños y una profesora en la escuela y, en la fragua, el herrero.

Rostros de personas que posiblemente tenían nombre y casa en el pueblo, pero que se desvanecieron igual que el poliespán. Los primeros por el éxodo rural: de los casi 800 vecinos que tenía Portalrubio en 1940, hoy solo hay 27 censados. Los segundos, por la lluvia y el viento. Fue un bonito y efímero homenaje a aquellos que ya no están.

“La idea de los muñecos la tuvimos cuando se puso de moda el tema de la despoblación. Queríamos que los vecinos se sintieran representados”, explica Mónica Raspal, una de las fundadoras de Portalrubio es más, la web informativa que recoge la historia, cultura y tradiciones del pueblo.

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Raspal también está en la Asociación Cultural de Portalrubio que, desde hace 4 años, organiza eventos en el pueblo para crear comunidad entre los vecinos y aquellos que se han ido, pero que vuelven durante las vacaciones: cuando la población pasa de 27 a 500-600 habitantes. Hijos y nietos que se fueron.

“Hemos conseguido crear una comunidad donde nos sentimos como una familia”, afirma. “Creamos un grupo de Whatsapp para todo el pueblo. Somos más de 100 en él”.

Las iniciativas de la asociación han logrado poner el foco de las cámaras de televisión en Portalrubio, que no se han querido perder ni a los vecinos de poliespán ni las macetas con piernas sentadas en los bancos del pueblo.

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El colorido graffiti que cubre la fachada del Ayuntamiento tampoco ha pasado desapercibido. Esta obra del artista Freskales (Pedro Prades) reivindica la no extinción. El protagonista es un buitre leonado típico de la fauna española.

La asociación también ha querido recuperar las labores tradicionales. “Las abuelas nos enseñan a hacer rosquillas y jabón”, dice. Así como darle voz a sus vecinos: entre todos han creado un diccionario portalrubiero-español.

Un diccionario propio

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Según Mónica Raspal, las definiciones de las palabras las hizo la gente del pueblo. El objetivo es que los más jóvenes no dejen de oirlas, pues si no, se perderían.

En el diccionario portalrubiero-español se pueden leer algunos términos curiosos: apeñuscar (apedrear), ascape (deprisa), cataclera (cabeza), espiscar (deshacer), gunchar (pinchar), mirasol (girasol) u Ontavía (todavía).

Un portalrubiero utiliza el buenismo para recalcar que algo está buenísimo; grita ¡Hostica! cuando está muy enfadado; toma ugas en Nochevieja; en una riña callejera tiene zaragatas; y cuando algo no les interesa dirán que “Tiene menos detalles que la tumba del tío Custodio”.

El diccionario tiene una parte llena de frases y refranes. Como la que han grabado en el único paso de cebra del pueblo: Tener la vida encima un canto. Imitando la obra que Boa Mistura hizo en Madrid con sus Versos al paso. “Se propusieron frases y se votó”. Al final, la elegida fue la expresión que siempre decía uno de los vecinos que había muerto recientemente, como homenaje.

La creación del diccionario tuvo mucho éxito, por lo que se está contemplando sacar una segunda edición en la que se incluyan más palabras y documentación histórica.

Como la que incluye la página web de Portalrubio es más, donde Raspal y el resto del equipo han logrado reunir antiguos recortes de periódicos donde se narran las historias de algunos vecinos. Como aquel que fue a Madrid y lo timaron.

Mónica Raspal admite que les ha costado mucho reaccionar contra la despoblación y, aunque no confían en que se pueda revertir la situación, quieren hacer que los que quedan estén más unidos y visibilizar el problema. Parece que lo han conseguido.

En el último año han salido varias veces en La Sexta. De hecho, lo prometido es deuda. Tal y como le comentaron al presentador Kike Peinado, si se volvía a abrir el bar lo llamarían Zapeando. Y así es. En su interior incluso está el equipo del programa. De cartón, claro.

El Portalrubio que fue

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Portalrubio es un pueblo sin tienda. Los alimentos llegan a la plaza del pueblo o a las casas de los vecinos una o dos veces por semana, según el calendario de cada caso.

Los congelados se reparten a domicilio los martes y los miércoles; la fruta los martes y jueves; los quesos y embutidos, cada 15 días. Lo único que se reparte a diario es el pan.

El médico también viene una vez a la semana, el enfermero dos y no hay farmacias. El transporte es limitado, tan solo hay dos autobuses al día, y ambos a primera hora de la mañana. De otra forma, hay que avisar a la compañía de autobuses para que te venga a buscar.

En cuanto a la escuela. Antonio Vicente, el alcalde de Portalrubio, recuerda “Cuando iba a clase éramos más de 20 niños para jugar”. Hoy, en Portalrubio ya no hay escuela y solo hay un niño en todo el pueblo.

“Cuando yo era pequeño no había agua y las calles no estaban asfaltadas”, dice el alcalde. Fue a finales de los 80 cuando se asfaltó el pueblo. Entonces, aún había una tienda donde comprar lo básico. Aunque fue cuando la población comenzó a descender hasta llegar a los 27 vecinos.

Lo que sí hay, aunque durante épocas se tuvo que cerrar por falta de gerentes, es el bar. El corazón del pueblo, que está justo en el mismo edificio que el Ayuntamiento.

“La lucha que tenemos los pueblos pequeños es que no queremos que el pueblo muera”, afirma.

“Quiero volver al pueblo y no puedo”

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Según Antonio Vicente, este año recibieron 6-7 llamadas de gente interesada en vivir en Portalrubio de Guadamejud. “Trabajo hay, aunque en agricultura. El problema que tenemos es que demandan viviendas y municipales solo tenemos 1”, explica. El resto de casas están ocupadas o están sin reformar.

Otro de los problemas a los que se enfrentan es que no hay buena cobertura, por lo que Internet no funciona bien. “Estamos luchando para tener una buena señal, porque hay gente que quiere volver y no puede porque necesita Internet”, concluye.

Una de esas personas es Mónica Raspal, que es periodista. Considera que la idea de que la vida buena está en la ciudad ya está agotada. “En el pueblo se vive mejor si hay servicios. El problema es que aquí no hay nada, solo un bar”, admite.

Gráfico de población de Portalrubio

Raspal cree que el éxodo rural no solo se debió a la industrialización, sino que la educación también tuvo mucho que ver. “Nos decían: hijo, vete, que vas a encontrar mejor futuro en la ciudad. El mundo rural siempre se ha visto como un mundo atrasado”.

En Portalrubio no hay turismo, pero porque está muy mal vendido. “Esta es una zona muy rica en patrimonio romano. Tenemos mucho lapis specularis, pues hay varias minas visitables donde puedes encontrar este cristal. También hay senderos, está cerca de Cuenca, de Madrid e incluso de Valencia”, dice Raspal.

Según esta periodista portalrubiera, en ocasiones el pueblo también se asocia con el aburrimiento, ya que no hay macrodiscotecas o una gran oferta cultural. Viendo el calendario de eventos y fiestas de Portalrubio lo de aburrirse parece complicado. ¡Si tienen hasta su propia versión de La Matraca! (Una canción de Zumba a la que han cambiado la letra).

En el pasado Puente de Diciembre organizaron la Fiesta de la Matanza donde, además de comer y beber mucho, hubo el III Taller de Decoración Navideña con Objetos Reciclados.

La próxima cita de los vecinos será en Carnaval, cuando el pueblo vuelva a rebosar de vida.

Casas rurales en los alrededores de Portalrubio de Guadamejud

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