Ramón Recuero fue el último entrevistado de nuestro viaje por Castilla-La Mancha. Para llegar hasta él, recorrimos prácticamente toda la provincia de Toledo; por lo que decidimos hacer un par de paradas.

Los molinos de Consuegra fueron la primera visita. La imagen de estos gigantes blancos con el castillo de fondo la habíamos visto tantas veces, que no pudimos resistirnos a acercarnos hasta ellos. Allí, bajo los pies de uno de los molinos, las vistas aún eran más sorprendentes.

A Toledo capital llegamos después de comer. El paseo por su casco antiguo fue corto, aunque nos confirmó que la ciudad es tan bonita y señorial como dicen. Y, ¡cómo brillaba al atardecer!, cuando el cielo cambió el azul por el púrpura, rosa, naranja…

Cuando se hizo de noche retomamos el viaje. No estábamos lejos de Las Vegas de San Antonio, aunque esa noche tendríamos que hacerla en La Pueblanueva, pues es donde estaba el alojamiento más próximo.

Un pueblo deshabitado

Ramón Recuero llegó a Las Vegas de San Antonio en los años 90, cuando el pueblo estaba casi vacío: “Solo quedaba una familia, aunque habían comprado una casa en La Pueblanueva para no quedarse solos”, explica.

Que ya no viviese nadie tenía sus ventajas: el precio del alquiler era más económico que en la ciudad y nadie le llamaría la atención por los martillazos. Su idea era quedarse allí unos 5 años, “el tiempo que me iba a costar hacerme herrero, pues aún no lo era”, nos cuenta.

Su pasión por la forja comenzó desde joven. Aún estaba en el colegio cuando le llamó la atención el fuego que salía de la fragua de la Escuela de Arte de Ciudad Real. El director del centro, Don Efraín, lo vio y le invitó a que pasara allí las tardes aprendiendo del oficio.

Posteriormente, Recuero estudió en la Escuela de Arte de Toledo y vivió en Barcelona, donde tuvo la oportunidad de conocer el trabajo del escultor Josep Plandiura, quien trataba grandes piezas de hierro.

Las Vegas de San Antonio serían sus comienzos en solitario. Donde debería aplicar todos los conocimientos adquiridos y forjarse una carrera. Y no lo hizo mal. En todo este tiempo, el pueblo ha pasado de estar vacío a recibir a gente de todas las partes del mundo. La razón, la popular Escuela de Herreros Ramón Recuero.

El herrero youtuber

Cuando entramos en Las Vegas de San Antonio para realizar la entrevista, el pueblo estaba en silencio. Eran las diez de la mañana y los alumnos de Recuero estaban dando clase teórica, por lo que apenas se escuchaba el sonido de algún pájaro.

En la entrada estaba Lucía Recuero, hija de Ramón que, después de cursar sus estudios en Toledo, decidió volver al pueblo para ayudar a su padre con la escuela.

Nos invitó a pasar al patio central, un espacio soleado a donde daban la cocina, el aula, algunas habitaciones y la entrada a la fragua. El lugar de reunión de los alumnos durante el descanso y donde Ramón nos atendería.

Antes de que llegase el protagonista de esta entrevista, nos llamó la atención la cantidad de figuras de hierro que había expuestas en las paredes y en la propia fragua: mariposas, lagartijas, libros…y en la tierra, clavadas junto a flores y árboles, varias rosas de hierro. Cuánto arte, pensé.

Ramón apareció enseguida. Su aspecto era igual que el que había visto en televisión unas semanas atrás. Parecía que estaba acostumbrado a las cámaras pues, antes de empezar a salir en los medios, él ya era conocido en YouTube.

“Empecé a hacer los vídeos para compartir mis conocimientos cuando pensé que la forja estaba desapareciendo”, nos cuenta. Fue después de la crisis de la construcción, en el 2008, cuando empezó a escasear el trabajo.

“Me sentía un poco desmoralizado. Entraba en la fragua y no había nada que hacer”, dice. “Se me ocurrió ir a por una cámara de vídeo. Nunca había utilizado una, así que compré la que llevaba una pegatina que ponía YouTube”, explica entre risas.

En ese momento, Recuero recuerda que su reto era aprender a explicar su profesión de manera que se le entendiera. “Estábamos acostumbrados a dar martillazos, no a hablar delante de una cámara”.

“Quería dar a conocer la tradición de la forja, los trucos del herrero, para que no se perdiesen, igual que ha ocurrido en otros oficios”, continua.

Entre los comentarios, un chico de Ecuador le agradeció su ayuda a través de los vídeos, pues gracias a él se había montado una fragua en su país y estaba viviendo de ello. Una de las razones que animaron a Ramón Recuero a seguir colgando sus clases.

La Escuela de Herreros de Ramón Recuero

Desde entonces, la escuela de Recuero no deja de recibir alumnos de Chile, México, Kuwait, Noruega, Suecia, Australia, etc. También de España, claro. “Lo vi en YouTube y decidí apuntarme al curso”, nos dice Pablo, un informático granadino que lo dejó todo para estudiar en la escuela de Ramón Recuero.

Desde más lejos llegó Daniel Ignacio, desde Costa Rica. “En mi país no hay cursos como este, así que ahorré y me vine a hacerlo. Me fascina la forja”, admite. Cuando lo termine, se volverá a su tierra para intentar trabajar de ello.

En la escuela, Recuero recalca que lo que se intenta enseñar, además de la técnica, es a que piensen qué necesita la sociedad. Qué es lo que puedo aportar yo con la artesanía.

“A mí la forja me ha enseñado que tenemos que ser útiles en la sociedad”, explica Recuero. En sus inicios, él rechazó el apoyo económico de sus padres porque sino, según él, no iba a vender las piezas. Ahí es cuando se dio cuenta de que no estaba pensando en el mercado. “Yo me preguntaba, ¿por qué nadie compra mi trabajo? Pues porque no he pensado en la tienda”.

Con el resurgir de la forja han aparecido un tipo de cliente que valora el trabajo hecho a mano. Saben distinguir cuando el trabajo es industrial o artesanal, por lo que la obra, aunque sea una simple reja, tiene que significar algo.

La escuela de Ramón Recuero ofrece diferentes modalidades de cursos. Algunos son cortos, de un fin de semana. Otros cursos son más largos, de 2 meses, para quienes se quieran dedicar al oficio. En él se enseña forja, reducción, tratamiento térmico, etc. Generalmente hay unos 8 alumnos por clase, ya que el espacio es reducido. También hay mujeres. Pocas, sólo suponen un 10% del alumnado, pero las hay.

Entre martillazos y el fuego pudimos ver cómo son las clases prácticas de los alumnos, quienes esa mañana estaban forjando cuchillos.

Contra la despoblación

Gracias a los vídeos y la escuela de Ramón Recuero, Las Vegas de San Antonio están viviendo una reactivación económica y demográfica. “Empezaron a venir otros artesanos, amigos. Johan, un cubano. Los conocí en las ferias de artesanía y les dije que en mi pueblo había un montón de casas vacías y económicas”, explica. “Cada vez somos más”.

Esto también ha generado un movimiento en el sector de los servicios, pues las tiendas de los alrededores venden más, el restaurante da unas cuantas comidas y el pueblo tiene más vida que cuando Ramón Recuero se mudó.

Antes de despedirnos, Recuero no dejó que nos marchásemos sin probar algunos productos de su tierra. Nos sacó queso, morcilla y un poco de pan que acompañamos con un zumo.

Hacía el día perfecto para quedarse a tomar el sol en aquel patio. Por desgracia, era el momento de volver. Con él, finalizamos la serie de entrevistas por Castilla-La Mancha y, por lo tanto, nuestro increíble viaje. Estamos deseando volver.

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