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Monte de Santa Tecla, la cumbre vigía de A Guarda

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Monte de Santa de Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

El Monte de Santa Tecla, o Santa Tegra en gallego, es uno de los rincones naturales más especiales y emblemáticos de Galicia. Declarado Monumento Histórico Artístico en 1931, este emplazamiento pertenece al pueblo marinero de A Guarda, en la provincia de Pontevedra. Se levanta 341 metros del nivel del mar ofreciendo unas preciosas panorámicas de la desembocadura del río Miño y de la vecina Portugal.

Para llegar hasta la cima hay dos opciones: En coche, librando las decenas de curvas cerradas de los cuatro kilómetros que presenta la serpenteante carretera que abraza la montaña; o a pie, siguiendo la PR-G 122, que sube la misma montaña pero por atajos que reducen considerablemente la distancia recorrida. Si optas por la primera opción, apenas tardarás cinco minutos pero tendrás que abonar 1€ de tasa –0,50€ los niños–. Si prefieres el senderismo, te llevará 45 minutos aproximadamente –no necesitas una especial forma física– y disfrutarás de una mayor riqueza cultural y natural, pues conocerás rincones no aptos para las cuatro ruedas. Tú decides.

La red de caminos empedrados y de senderos homologados conocida como “PR-G 122 Camiños do Trega” permite conocer más detenidamente los recursos y valores que esconde el monte. Hay u total de siete caminos interconectados hasta completar una distancia total de poco más de 7 km.

Monte de Santa Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

Si optas por ir a pie, una de las paradas del camino será el área recreativa de Os Castrexos Nas Chans, un espacio con varios paneles informativos que recrea la que podría ser la vivienda de una familia castrexa de antaño. Huerta y campo de cereal incluidos.

Monte de Santa Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

Desde aquí, la ruta prosigue por un camino irregular pero bien definido que asciende paulatinamente sin casi ningún espacio a la sombra –si se va en pleno verano es más que recomendable llevar un sombrero y agua– ofreciendo una espléndida ventana al Esteiro do Miño. 

¿Y qué te espera una vez alcanzas lo más alto? Pues, en primer plano, la antigua ermita de Santa Tecla, del siglo XII, a la que los vecinos de la zona peregrinan cada segundo domingo de agosto para rendir homenaje con la Fiesta del Monte a su querida Santa.

Monte de Santa Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

Como regalo para la vista, el impresionante lienzo que conforma el inmenso Atlántico, la desembocadura del río Miño, el aglomerado de tejados rojos del pueblo de A Guarda, el espléndido valle de O Rosal y el país vecino.

Monte de Santa Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

Tan sólo unos pasos más adelante, el viajero se encontrará con las diferentes estaciones del Vía Crucis, levantado por Vicent Mengual. Cuenta con una gran devoción popular, sobre todo durante la Romería de Santa Tegra, que se celebra el 23 de Septiembre; y el Masat, el museo arqueológico que muestra los descubrimientos y riquezas históricas encontradas en el lugar. La entrada al museo está incluida en la tasa que se abona si se sube en coche.

Y como joya de esta corona natural, el castro de Santa Tecla, el mejor conservado de toda la comunidad gallega con permiso del castro de Baroña. Este asentamiento de casi 20 hectáreas fue el elegido por el poblado castrexo para establecerse aquí, por vez primera, en el siglo IV a.C. Fecha en la que llegaron a vivir hasta 5.000 personas en sus viviendas con planta circular, oval o rectangular. Siempre con los bordes redondeados, sin esquinas. Según parece, esta particular forma de construir tenía motivaciones mitológicas. Si no hay esquinas, los espíritus malignos no quedan atrapados en ellas.

Monte de Santa Tecla
Monte de Santa Tecla. Por Elísabet García

A día de hoy, sólo una pequeña parte está excavada, pero se sigue trabajando en la zona para descubrir todo el patrimonio histórico que alberga este importante asentamiento. Antiguamente, nuestros antecesores vivían de lo que daba la tierra, del ganado, el comercio, la cerámica y, por supuesto, el mar.

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1 comentario

Alain 23 diciembre 2019 - 14:51

Haciendo el camino portugués pasé por A Guarda, y por falta de publicidad a lo largo de la carretera pasé de largo sin poder visitar este sitio que me hubiese encantado ver ¡es una lástima!

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