Por Elisabet García

En pleno Pirineo aragonés, en la provincia de Huesca, se encuentra el sector de mayor hermosura del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Valle de Pineta. Doce kilómetros de recorrido al que asoman majestuosas paredes montañosas, camaleónicos bosques de hayas y abetos, inmensos prados, ríos, vistosas cascadas y hasta un pequeño glaciar que se resiste a abandonar semejante entorno natural.

Como es de esperar, el abanico de rutas de senderismo es muy amplio y diverso. Las opciones disponibles van desde las más sencillas, como el agradable paseo que lleva hasta la base de la bonita cascada de La Larri, a aquellas que presentan una elevada dificultad técnica, como la que asciende hasta los 2590 metros de altura del lago de Marboré. Tal es la dureza de ésta última que está catalogado como como una de las rutas de senderismo de mayor complejidad de los Pirineos. Eso sí, el esfuerzo bien merece la pena.

Por Elisabet García

El término medio lo establece la senda de los Llanos de la Larri, la cual transcurre íntegramente por pista forestal. 300 metros de desnivel acumulado y una hora y media de itinerario lineal que descubre una buena muestra de los diferentes atractivos que hacen del valle de Pineta uno de los lugares más bellos y auténticos de la Península ibérica. Recorrámosla.

Estamos en Bielsa, una recogida villa medieval de postal envuelta en montañas, con acogedoras viviendas levantadas en piedra y una sobresaliente iglesia de la Asunción en el centro de todo. Desde allí, y en apenas quince minutos por la A-2611, alcanzamos el amplio parking del Parador Nacional de la Pineta, punto de inicio de esta ruta y de la mayoría de trayectos de la zona.

Por Elisabet García

Es invierno y un bosque de hayas de ramas desnudas nos da la bienvenida en este sencillo y relajado primer tramo donde, además, aprendemos curiosidades sobre la flora del lugar gracias a la presencia de paneles informativos. El haya es un árbol al que le encanta la humedad del aire y los lugares frecuentados por nieblas y de eso aquí, en el Pirineo aragonés, hay en abundancia.

El camino prosigue sin sobresaltos y en silencio hasta alcanzar el estruendo del río Cinca vertiéndose montaña abajo. Estamos en el puente que permite salvar la impresionante cascada del Cinca y sus pozas naturales de color verde turquesa. El agua es de una nitidez absoluta y, de no ser por las bajas temperaturas, bien podríamos darnos un chapuzón.

Por Elisabet García

El desnivel se hace más pronunciado a partir de este punto pero es igualmente llevadero. Casi sin darnos cuenta llegamos a otro de los tesoros del valle de Pineta, las cascadas de la Larri. Una sucesión de saltos de agua especialmente fotogénicos por el característico color rojizo de los cantos rodados sobre los que caen.

Por Elisabet García

Una señal nos indica que los Llanos de la Larri están a tan sólo 400 metros. Ya casi hemos alcanzado nuestro noble destino.

Giramos una última curva y ahí está. La inmensa planicie de los Llanos de la Larri o Prados de la Larri rodeada por los imponentes picos montañosos y el macizo de Monte Perdido. La estampa es sobrecogedora y es imposible no sentirse insignificante ante tanta vastedad.

Por Elisabet García

El macizo pirenaico de Monte Perdido, con sus 3.355 metros de altura, ha sido, desde muy antiguo, paseado y escalado por ilustres personajes como el Conde Henry Russell, el cartógrafo Schrader o el político francés, y amante de la alta montaña pirenaica, Ramond de Carbonnières (fue el primer explorador en coronar su cima).

Para el camino de vuelta nos aventuramos por el sendero GR 11 –rojo y blanco– atravesando un umbrío bosque de hayas tapizado de rojizo follaje otoñal. Una deliciosa opción, siempre que no haya nieve y el firme no esté húmedo, de lo contrario puede llegar a ser muy peligrosa.

Por Elisabet García

En tan sólo media hora, y tras zigzaguear monte abajo, llegamos de nuevo a la base por detrás de la icónica ermita de la Virgen de Pineta. Un edificio religioso de origen medieval que fue construida precisamente aquí porque, según dice la tradición, fue el lugar donde la Virgen se apareció a un pastorcillo.

Por Elisabet García

La ascensión hasta Los Llanos de la Larri es, posiblemente, la reina de las rutas de senderismo de este área pues muestra, de manera ordenada y accesible en esfuerzo, el poema geológico de nombre valle de Pineta.

Casas rurales en el valle de Pineta

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