Por vectorfusionart

Cuando Florence Green llegó a Hardborough, un pequeño pueblo de la costa inglesa, lo hizo con la idea de abrir una librería. Lo que no podía adelantar era las consecuencias que eso llegaría a tener en la vida de los habitantes del pueblo. Ese es el argumento de la novela de Penelope Fitzgerald La librería, que tan bellamente adaptó Isabel Coixet en 2017.

Aunque sea una ficción, nos deja dos enseñanzas importantes: la primera, que las librerías pueden generar cambios sociales; la segunda, que los libros pueden ser el antídoto a la soledad. De todo ello saben mucho estos pueblos de España que han encontrado en los libros poderosos aliados para quedar fijados en el mapa.

El caso más famoso

Urueña

Por mimohe

En un mundo digital controlado por los algoritmos, una librería física es toda una declaración de intenciones. Pero si ya no se trata de una librería, sino de una docena, en un pueblo que no llega a los doscientos habitantes –la mayor parte, jubilados–, entonces de lo que estamos hablando es de una auténtica revolución. A este pequeño municipio vallisoletano se le conoce como “el pueblo con más librerías que bares” de España.

Urueña está en Valladolid, junto la autovía que une Madrid con A Coruña. Al poco de tomar el desvío, un cartel da la bienvenida a la Villa del Libro. Al poco, aparece en el horizonte la muralla, que hoy sin funciones bélicas, es todo un símbolo de la defensa que se hace en estas tierras de la cultura y de los libros.

Todo comenzó allá por los años 90, cuando apareció la primera librería: Alcaraván, empeño personal de Jesús Martínez. En su día pudo parecer idea quijotesca a más de alguno en Tierra de Campos. Resultó todo un éxito, y una cosa llamó a otra, y así fueron apareciendo más librerías.

El apoyo definitivo llegó en 2007, cuando se convirtió oficialmente en la primera Villa del Libro de España, a imitación de la pionera Hay-on-Wye, en Gales. Hay otros pueblos cercanos que ostentan la misma categoría. El más reciente es Óbidos, en Portugal, desde 2015.

Hoy es un gusto recorrer las calles de Urueña, seguir el plano con los espacios literarios señalados, entrar en sus librerías o en alguno de sus cuatro museos y pasar las horas hojeando libros.

El éxito de La conspiración de la pólvora

Las provincias de Salamanca, Segovia y Plasencia tienen mucho que decir acerca del problema de la despoblación, tanto rural como urbana; pero también tienen mucho que mostrar en cuanto a iniciativas culturales.

Tres librerías han unido a sus respectivas capitales, dando origen a una ruta que ya han recorrido una gran cantidad de escritores de presentación en presentación y de evento en evento, como si se tratara de giras de grupos de rock.

El proyecto común de las librerías Letras corsarias (Salamanca), Intempestivos (Segovia) y La Puerta de Tannhauser (Plasencia) llamó tanto la atención que al año fue reconocido como Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Aunque esta alianza que se puso en marcha en 2015 tenga el nombre de un complot fallido: La conspiración de la pólvora, hoy es todo un éxito que ya se ha convertido en toda una referencia librera en España.

Tal como explica el crítico y ensayista Jorge Carrión en su último libro publicado, Contra Amazon, en tiempos del gran monopolio que ha montado Jeff Bezos, la respuesta está en las pequeñas librerías, porque “Las personas son los mejores algoritmos”.

Nada mejor que los espacios llenos de libros de estas tres librerías como para entrar en contacto con personas y dejar de lado un poco tanta conversación en WhatsApp.

Los festivales literarios

No son el Kosmopolis de Barcelona, el festival Eñe de Madrid o el Cosmopoética de Córdoba; pero a lo largo y ancho del territorio español hay infinidad de festivales literarios, y algunos de ellos se celebran en ámbitos rurales.

Hay que olvidarse de los festivales como aquellos eventos en los que sesudos filólogos y especialistas de literatura medieval se enzarzaban en interminables debates lingüísticos. La gran mayoría ha dejado de lado el academicismo más excluyente para darse un barniz lúdico que los convierte en destinos ideales para hacer un poco de turismo literario.

Cada uno de estos festivales tiene sus propias peculiaridades. Por ejemplo, en Salvaterra (Pontevedra), se celebra cada mes de septiembre desde 2014 el Entreverbas, un evento que apuesta por convertir el espacio rural en espacio cultural a través del verbo, de la poesía, de la música y de la emoción que inspiran los invitados del programa.

Mientras, en Avilés apuestan por el género del terror, la ciencia ficción y la fantasía en el festival Celsius 232 (del 15 al 18 de julio de 2020). Y en el MOT, organizado entre Girona y Olot, por acercar la literatura a pie de calle durante una semana completa con autores de primera fila como Rodrigo Fresán o Alicia Kopf.

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