La txalaparta, el desconocido instrumento rural vasco usado por Madonna y Crystal Fighters

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24.01.2026

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Una pareja tocando la txalaparta vasca. Por JaviSIfoto
Una pareja tocando la txalaparta vasca. Por JaviSIfoto

Desde hace años, los conciertos de la banda londinense Crystal Fighters incluyen a dos personas tocando unas tablas de maderas con dos palos, creando un sonido único y embaucador. No es un invento suyo. Se trata de la txalaparta, un instrumento musical de origen rural en el País Vasco y muy vinculado a las tradiciones del caserío y a sus trabajos comunitarios. No es casual: uno de sus miembros originales, Laure Stockley, tiene ascendencia vasca. Esta vinculación les ha llevado a tocar en enclaves mágicos como las cuevas de Zugarramurdi, en Navarra.

Aunque el grupo de indie-rock ha dado a conocer la txalaparta por medio mundo, es un instrumento musical que no falta en muchas celebraciones y homenajes a lo largo y ancho de Euskal Herria. Vamos a conocer una percusión especial y ancestral en la que es necesario que toquen dos personas.

Tras el duro trabajo, ¡toca celebrar!

Primero vamos a descubrir qué es la txalaparta. Es un instrumento musical compuesto por tres partes: uno o más tablones de madera que se colocan horizontalmente sobre un material mullido; un par de soportes, que pueden ser desde caballetes hasta dos cestos boca abajo, dos sillas o dos cajas; y cuatro palos troncocónicos de madera con los que se golpean los tablones verticalmente. El instrumento lo tocan dos personas de forma alterna e improvisando: normalmente, una marca el ritmo y la otra lo sigue.

La Enciclopedia Auñamendi, centrada en el estudio de la cultura y sociedad vasca, expone que el origen de la txalaparta estaría en la celebración que marcaba el final del trabajo de elaboración de la sidra en los caseríos. Son semanas de arduas tareas entre la recolección de las manzanas, el transporte a las prensas —antes a los lagares de los caseríos—, el machaque de la fruta y el almacenamiento en barricas para su fermentación.

Antigua prensa para la elaboración de sidra. Por pintoreduardo
Antigua prensa para la elaboración de sidra. Por pintoreduardo

Entonces, se organizaba una cena y una pequeña fiesta para todas las personas que habían participado en esos trabajos comunitarios. Se colocaba una txalaparta en el exterior y su sonido avisaba a las gentes de los alrededores de que la celebración estaba a punto de empezar.

El musicólogo Aita Donostia: “La melodía de la txalaparta, exclusivamente rítmica, me parece una imitación del bandeo de campanas de ciertas iglesias rurales”

Ahora se puede comprar en una tienda de instrumentos —no son baratas—, pero entonces se hacían de forma artesanal con lo que había: se cogía un tablón de la prensa y, como estaba húmedo, se ponía a secar previamente en el tejado o en los alrededores. Esta era la señal inequívoca de que pronto acabarían los trabajos y se celebraría la fiesta. Los participantes se quedaban hasta el amanecer entre comida, música y, por supuesto, sidra.

Dos personas tocando la txalaparta. Por javitrapero.com
Dos personas tocando la txalaparta. Por javitrapero.com

Aunque la txalaparta no marcaba solo el final de los trabajos. Según cuenta el escritor Bernardo Atxaga, también serviría como llamada a iniciar las faenas de la sidra. Así lo relataba el musicólogo Aita Donostia: “Su melodía, exclusivamente rítmica, me parece una imitación del bandeo de campanas de ciertas iglesias rurales”.

Caída y resurrección de la txalaparta

El sonido de la txalaparta embruja. Tiene algo mágico, rústico y ancestral que parece que emita una música procedente de la naturaleza. Sin embargo, como tantas sabidurías del mundo rural, estuvo a punto de desaparecer. Sigue explicando Atxaga que, en los años setenta, “apenas quedaban intérpretes del instrumento” y la tradición estaba “muy débil”. La dictadura franquista tuvo parte de culpa, ya que ejerció una dura represión a los elementos de la cultura vasca.

La txalaparta, intrumento musical vasco de origen rural. Por javitrapero.com
La txalaparta, intrumento musical vasco de origen rural. Por javitrapero.com

Pero se abrió una brecha frente al silencio y al olvido. Primero, el escultor Jorge Oteiza publicó el libro Quosque tandem…! (1963) que hablaba de la txalaparta como “ritmo primitivo, ritual, que aún se conserva casi perdido en algún lugar guipuzcoano”. Dos años después, otro escultor vasco de vanguardia, Remigio Mendiburu, realizó la pieza “Txalaparta”. Hoy se conserva en el Museo San Telmo de Donostia y se convirtió en el anagrama del grupo musical ‘Ez dok amairu’, conformado por los hermanos Josean Atze y Jesús Atze. Ellos fueron los primeros txalapartaris de la nueva época del instrumento, que llega hasta nuestros días.

La txalaparta es una percusión de origen rural, pero hoy está muy presente en el ámbito urbano. Se ha multiplicado el número de txalapartaris por todo el País Vasco y el instrumento aparece en actuaciones de grupos musicales actuales, en homenajes, en fiestas… ¡y hasta en conciertos de Crystal Fighters y de Madonna, que ha llegado a cantar en euskera la canción de la elaboración de sidra, Sagarra jo, acompañada de txalapartaris!

El caserío de Igartubeiti, donde la txalaparta recupera su uso rural tradicional

Caserío Igartubeiti
Caserío Igartubeiti. Por Akerbeltz

Si lo que quieres es ver cómo se tocaba la txalaparta en un entorno tradicional que recupera su uso original, existe un oasis de sabiduría rural en el corazón de Guipúzcoa: el Caserío Museo Igartubeiti, en Ezkio. Es un baserri lagar del siglo XV que programa diferentes actividades a lo largo del año. En ellas explican cómo se hace la sidra en los caseríos con una fuerte presencia del instrumento de percusión de madera.

Hay dos fechas especiales para apuntar. Primero, la Semana de la Sidra, que dura unos diez días a mediados de octubre y se ofrecen visitas para conocer la elaboración de esta bebida. La actividad está impregnada por el olor de la manzana y del primer mosto que sale de su chafado. Quien vaya en fin de semana, podrá disfrutar de teatralizaciones y la kirikoketa, que es machacar las manzanas de forma rítmica con unos mazos y se considera una variante de la txalaparta. También se interpreta el ote-jotzea (es decir, picar tojo), que consiste en desmenuzar esta hierba para dársela como alimento al ganado en invierno, igualmente con un ritmo concreto.

Interpretación de ritmos machacando la manzana en el caserío Igartubeiti de Ezkio. Cedida por Igartubeiti Kirikoketako Taldea
Interpretación de ritmos machacando la manzana en el caserío Igartubeiti de Ezkio. Cedida por Igartubeiti Kirikoketako Taldea

Otra fiesta clave en este museo de Ezkio es el Barrikote, que tiene lugar un sábado por la tarde de marzo. Para conseguir sidra, el zumo de manzana tiene que fermentar unos meses en las barricas. Es ahora cuando la bebida ya está lista para su consumo y se prepara este evento para celebrarlo. Es una actividad gastrocultural que está acompañada de comida, txalaparta y otros instrumentos tradicionales vascos como el pandero y la trikitixa (una especie de acordeón pequeño).

Raquel Andrés

Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.

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