Islote de Lobos, Fuerteventura. Por Tamara Kulikova

A toda isla le define algo evidente: está rodeada de mar. Y es esa insularidad la que precisamente les otorga carácter. Suelen ser lugares más o menos remotos en los que el tiempo parece ir a otro ritmo y las cosas se hacen de otra manera. Pero hay islas que son doblemente insulares, lo son por estar rodeadas de agua, y sobre todo, por sus dimensiones. Todo el mundo conoce las más grandes, desde Mallorca a La Graciosa, pero pocos conocen esas otras islas españolas, casi secretas, en las que aún es posible perderse del mundanal ruido.

1. Islote de Lobos (Fuerteventura)

Islote de Lobos. Por vallefrias

Subirse al ferry que zarpa desde Corralejo hasta el Islote de Lobos es uno de los planes más originales para pasar un día en Fuerteventura. En unas tres horas se puede rodear la isla. Parecerá poco, pero en su superficie hay una Canarias concentrada: la playa de la Concha, un volcán (“La Caldera”) que se puede ascender, salinas y piscinas naturales de un intenso azul.

Por supuesto, y valga como dato de la fragilidad del medio ambiente si no lo cuidamos, el nombre del islote le viene de los lobos marinos o focas monje que vivieron en sus costas. Hoy es parque natural. Desde 2019 el acceso a Lobos está limitado por el Gobierno de Fuerteventura para asegurar su sostenibilidad.

2. Isla y archipiélago de Sálvora (La Coruña)

Isla de Sálvora. Por Lmbuga

Esta isla es la guardiana de la ría de Arosa, y sin embargo es una de las más desconocidas del Parque Natural de las islas Atlánticas. Eso, afortunadamente, también hace que sea la menos concurrida. En especial, si se la compara con isla de Ons y Cíes.

Durante siglos ha sido un refugio, primero de pescadores y de contrabandistas, y después de hippies ansiosos con poner tierra (o en este caso, mar) de por medio. Su buena conservación se debe a que hasta el año 2007 estuvo gestionada por manos privadas. Allí aguardan un faro, que se construyó tras el naufragio del Santa Isabel; el pazo de Goyanes, construido sobre un antiguo almacén de salazón de pescado; y muchas leyendas, como la de la sirena que da la bienvenida a todos los viajeros que llegan a la isla.

3. Isla de Ízaro (Vizcaya)

Isla de Ízaro. Por IVAN

Su silueta es icónica para los amantes del cine, ya que en la década de los ochenta la distribuidora Izaro Films utilizó la isla para el inicio de sus películas. La elección no fue aleatoria. Tal vez estemos ante la isla más aventurera del País Vasco.

Fue escenario de amores apasionados entre una joven bermeana y un fraile del convento ubicado en la isla en el siglo XV. También cuentan que era fácil ver a las lamias, sirenas que no tienen cola de pez, sino pies de pato y se vivieron escaramuzas de piratas. La propiedad de la isla fue lugar de controversia entre Bermeo y Mundaka, que la resolvieron como buenos vecinos mediante una regata que ganaron los bermeanos. Cada 22 de julio, día de Santa Magdalena, cientos de embarcaciones parten desde Bermeo y se acercan a la isla para recordarlo.

4. Islas Medes (Girona)

Islas Medes. Por alba1988

En la Costa Brava hay playas y calas de ensueño. Pero más allá de que valgan para el ‘postureo’ en Instagram, el gran valor de esta comarca está en la preservación del entorno natural, con enclaves como el Parque Natural del Montgrí, las islas Medes y el Baix Ter, que se sitúa entre los mejores lugares del mundo para el submarinismo. Gracias a su protección desde hace más de tres décadas, las profundidades marinas guardan inestimables tesoros de flora y fauna con grandes bancos de peces, corales y praderas de posidonia.

Al archipiélago de las islas Medes se llega fácilmente desde Torroella de Montgrí. Todo un mundo de aventura snorkel aguarda a solo una milla de distancia en cómodas excursiones marítimas.

5. Isla d’en Colom (Menorca)

Isla d´en Colom. Por Carles garcia-roca

Es la más grande de todas las islas que rodean Menorca y, pese a encontrarse a pocos metros de la isla mayor, es prácticamente una desconocida.

Si se quiere llegar a una isla donde el adjetivo paradisíaco no sea un exageración, se puede hacer con excursiones concertadas, o los más deportistas podrán optar por hacer algo de kayak. Tiene dos playas: protegido por un promontorio rocoso, el Arenal d’en Moro es el más concurrido; y más meridional la playa de Tamarells (Tamarindos), que como su nombre indica, está rodeada de estos árboles. Las aguas, cómo no, son de un azul espectacular al existir grandes extensiones de praderas de posidonia.

6. Isla de Tabarca (Alicante)

Isla de Tabarca. Por VEOy.com

Es un secreto a voces: en la costa alicantina, frente al cabo de Santa Pola, aún es posible encontrar un pequeño paraíso en el que es fácil hacerse una idea de cómo fue en el pasado el Mediterráneo.

Debido a su singularidad, está considerada como conjunto histórico-artístico desde 1964. Años más tarde, se convirtió en la primera reserva marina de España. La isla principal del archipiélago se llama Nueva Tabarca, y tiene la característica de ser la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. La isla se puede recorrer a través de un sendero monumental de unas dos horas de recorrido por algunos de sus enclaves más interesantes. Y cuenta con un aliciente más: probar el caldero tabarquino.

7. Sancti-Petri (Cádiz)

Islote de Sancti- Petri. Por Imhotep2667

Esta debe de ser una de las islas de más alto pedigrí de España. Fue templo fenicio de Melkart, y posteriormente un santuario romano consagrado a Hércules, el fundador mítico de Cádiz. Personajes ilustres como Julio César la visitaron en el pasado.

Esta pequeña isla, ocupada casi en su totalidad por un castillo, está a sólo un kilómetro de la costa gaditana y es uno de los planes estrella para quien visita Cádiz en verano. En el siglo XV se le dotó de naturaleza fortificada para defender la tacita de plata. Se puede llegar a Sancti Petri desde el puerto deportivo de Novo Sancti Petri, bien mediante un barco o alquilando un kayak. Tiene fama de ser un lugar mágico para ver el atardecer gaditano.

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