Magazine Naturaleza Laberintos vegetales de España: pasillos verdes que aceleran el pulso

Laberintos vegetales de España: pasillos verdes que aceleran el pulso

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Por Granja Pifarré

Mencionar a Alicia en el País de las maravillas cuando se habla de laberintos es un cliché prácticamente imposible de evitar. Habrá quien levante la voz para mentar al Minotauro pero el personaje de Lewis Carroll tiene un público más amplio. Aunque hay adaptaciones del mito griego a dibujos animados, Disney es un enemigo difícil de abatir (tanto, que hasta tiene reproducciones del plasmado en su película en sus parques temáticos). 

No hay que olvidar a Harry Potter –que no se exalten sus fans– pero también podría incluirse en la lista un episodio de la serie Las chicas Gilmore en el que el alcalde construye un enorme laberinto hecho con paja que ocupa medio pueblo. Esta si es una referencia cultural minoritaria pero no por ello menos recomendable: es emocionante a su manera.

El caso es que España está bien nutrida de laberintos vegetales y, de hecho, hasta hay una especie de competición no oficial para conseguir el más grande del país. Algunos de los más famosos están dentro de ciudades como el Laberinto de Horta de Barcelona, el Capricho de Alameda de Osuna o los Reales Alcázares de Sevilla. 

Otros no están exactamente dentro del núcleo municipal pero son tremendamente conocidos como el Parque de Tentegorra de Cartagena o el del Real Sitio de San Ildefonso. Pero los del campo son los que dirigen este artículo. 

Por Laberinto de Llanes

Prácticamente todos los laberintos que existen en el país siguen el modelo del siglo XVIII, como el mencionado de Barcelona, cuando ya se concebían como espacios de entretenimiento y tenían una entrada y una salida. A la aristocracia le gustaba perderse por sus pasillos verdes para sentir la emoción de no encontrar desembocadura (con la seguridad de saber que sí existía) y quizá tener algún encuentro secreto en algún lugar recóndito recinto.

Pero no todos son iguales, tanto por sus ubicaciones como por su tamaño e incluso por su ‘materia prima’. Estos son algunos de los más interesantes.

Laberinto de Blat de Moro en Castellserà, Lleida

Como su nombre indica (en catalán), sus pasillos están dibujados en un campo de maíz. Está situado en la finca agraria Masia Esperança y su extensión es de 3 hectáreas y sus caminos suman unos 2 kilómetros (no todos tienen salida). Los dibujos que forman se pueden ver desde un mirador situado a unos 6 metros de altura. Se abrió por primera vez en 2005.

Antes de visitarlo hay que tener en cuenta que no está abierto todos los meses del año ya que los muros dependen del crecimiento de las plantas. Generalmente se puede visitar desde mediados o finales de junio hasta mediados o finales de septiembre. Desde el Ayuntamiento se aconseja a las personas con claustrofobia que escojan otra actividad y recuerdan a los visitantes nocturnos que no pueden olvidarse la linterna.

Granja Pifarré en Lleida

Por Granja Pifarré
Por Granja Pifarré

También en Lleida otra familia decidió aprovechar su plantación de maíz para abrir al público su propio laberinto. Es una experiencia más de las que oferta la Granja Pifarré en su iniciativa en pos de la ‘agrocultura’. Por supuesto, la aventura por los pasillos vegetales está disponible solo durante el verano, la época en la que las plantas toman altura.

Laberinto de Villapresente en Cantabria

Muy conocido ya que ostenta el título de ‘más grande de España’, aunque hay otros que esperan arrebatárselo en algún momento. Se abrió en 2017 y fue un regalo de Emilio Pérez –un empresario del mundo de la jardinería– a su hija, que estaba sin trabajo. Ahora es ella la que se encarga de llevar el parque, que suele estar abierto de abril a octubre. 

Está situado en la localidad que le da nombre, perteneciente al municipio de Reocin y su construcción llevó más de cinco años. Sus pasillos están dibujados por pinos (los que vendía con su empresa), que miden unos dos metros y medio y ocupan 5.000 metros cuadrados. Se tarda aproximadamente hora y media en recorrerlo, dependiendo de la capacidad para orientarse que tenga la persona. Después de la visita, la excursión puede ampliarse hasta Santillana del Mar, que queda a unos 10 minutos en coche.

Laberinto en Barro, Llanes 

Laberinto Llanes
Por Laberinto Llanes

Otro que se vino arriba con la idea de montar el laberinto más grande del país es Esteban Amieva, un asturiano que ha decidido montar su propio dibujo de cipreses leylandis plantados en una superficie de de 2.600 metros cuadrados (que irá ampliando). Según ha contado el emprendedor a la prensa, la idea surgió en una comida familiar de hace tres años y no cejó en el empeño de convertirla en realidad.

La ‘atracción vegetal’ está situada en Barro, una localidad perteneciente a Llanes y su objetivo es que llegue a ser la más grande de España (superando así a Emilio Pérez). Las personas que se adentren en su laberinto tardarán unos 25 minutos en encontrar la salida, aunque en el interior habrá guías para ayudar a quienes se despisten. La apertura será el 15 de junio y se podrá visitar hasta el 30 de septiembre.

Laberinto da Mariña en Rinlo, Ribadeo

Por Parque Recreativo Laberinto Costa Mariña, en Rinlo

Pero Amieva tendrá que tener en cuenta a otro rival para conseguir que su laberinto ostente ese calificativo de ‘el más grande’, porque también existe el ‘segundo más grande’. Es el de Rinlo, en Ribadeo, conocido como el Laberinto da Mariña, que ocupa 4.000 metros cuadrados y tiene 1.800 plantas.

Además de la búsqueda de la salida entre pasillos vegetales, esta atracción ideada por Juan Manuel Azcona, pertenece a un parque de ocio más grande en el que hay juegos para niños, se puede montar a caballo o asistir a conciertos.

Laberinto Casa Tápena en Onil, Alicante

En Onil hay otro laberinto –otro de los más grandes– dentro del espacio natural Casa Tápena, que esconde un secreto divertido. En el centro del recorrido hay un cedro, que hay que tocar para pedir un deseo: este se cumplirá si la persona consigue salir del laberinto sin perderse por sus pasillos. Un buen reto para acudir con niños y que, aunque sea de manera disimulada, también disfrutarán los adultos.

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