Muchos pueblos y ciudades actuales estaban rodeados por una muralla en la Edad Media. Una alta pared de piedra que servía de refugio y de defensa en tiempos turbulentos. Con el paso de los siglos, de posteriores guerras y debido al crecimiento de la población, se han ido derribando total o parcialmente. Lo que ha quedado, se ha convertido en un elemento decorativo y ya no es una estructura que delimita el núcleo urbano.
Pero siempre hay excepciones. Es el caso de Mascarell, una pedanía que pertenece a Nules (Castellón), y que no ha crecido extramuros, es decir, que no ha salido de la muralla medieval. Actualmente es la única población que continúa totalmente fortificada en la Comunidad Valenciana y solo hay otro caso similar en España: Urueña, en Valladolid.
Un pueblo que casi queda abandonado
Aunque se han hallado restos romanos en el área de Mascarell, el primer documento que hace referencia a la villa data de 1310. Entonces, el rey Jaume I expulsó a la población musulmana de la vecina Borriana y se refugiaron en el límite con Nules. De hecho, el nombre procede del árabe Mu’askarum, que significa “el campamento”. Posteriormente, fue este mismo monarca quien ordenó construir en 1553 las murallas que hoy confieren un encanto especial al pueblo para evitar su invasión. En ese momento, estaban rodeadas por un foso que, en la actualidad, se ha reconvertido en acequia de riego.
Para el siglo XVI los habitantes ya eran moriscos, que es el nombre que recibieron los musulmanes que se convirtieron al catolicismo de forma voluntaria o forzosa y sus descendientes. Fue unos años después, en 1609, cuando el rey Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos de España. Comenzaron con los que habitaban en el Reino de Valencia, un drama humano (y económico) que dejó grandes zonas deshabitadas. Una de ellas fue, precisamente, Mascarell, que prácticamente quedó despoblada. No se recuperaría de la crisis hasta bien entrado el siglo XVIII.
En la actualidad viven 193 personas, una población que queda limitada por el marco que establece la muralla, ya que no se ha construido en las afueras. Pasó a ser pedanía de Nules —de la que está a solo un kilómetro— a finales del siglo XIX, momento hasta el cual conservó un ayuntamiento propio. El edificio continúa en la plaza Mayor y hoy sus bajos albergan la oficina de turismo.
Solo se puede acceder a Mascarell por dos puertas medievales
La muralla de mampostería que rodea Mascarell tiene unos 630 metros de perímetro, un espesor de 1,20 metros, 7 metros de altura, sin almenas, y está elaborada con mortero, tierra y ladrillo. Tiene una planta cuadrangular con una torre al centro de cada lado y encierra una superficie de 2,27 hectáreas. Pese a que la muralla presenta buen aspecto —eso sí, se aprecian algunas reconstrucciones posteriores—, ha presenciado varios conflictos bélicos: en 1706 fue escenario de la guerra de sucesión, los franceses la conquistaron en la guerra de la Independencia y fue ocupado en la primera guerra carlista.
Al seguir completamente fortificada, los accesos al pueblo hacen viajar a la Edad Media. Solo se puede entrar a la población a través de dos puertas. La principal es el Portal de Nules, al noroeste, defendida por una torre que parece reconstruida y con el arco de medio punto recortado para facilitar el paso de vehículos. El otro acceso es el Portal de la Huerta, al sureste.
La parte norte de la muralla no tiene casas adosadas en su interior, por lo que es la única que no tiene aperturas modernas para hacer puertas o ventanas de viviendas particulares. En el flanco suroeste se aprecia una pared blanca, encalada, en la muralla: es aquí donde estuvo adosado el cementerio, que hace unos años fue trasladado a extramuros. Esta es la parte más “agujereada” de la fortificación, con incluso una pequeña puerta que da salida a una calle.
En el interior de la villa fortificada, además de conocer la casa consistorial de finales del siglo XVIII, se puede visitar la iglesia parroquial de finales del siglo XVII con interesantes esgrafiados, y el pozo de la plaza Mayor, que ha sido recientemente restaurado. Todo este conjunto está declarado Bien de Interés Cultural (BIC).
El núcleo urbano de Mascarell es tan pequeño que no hay espacio para coches. Se puede ir caminando en un paseo agradable desde Nules entre campos de cultivo en los que predominan los naranjos. O se puede dejar el vehículo en una amplia zona de aparcamiento que hay extramuros, junto a las tres únicas casitas que hay fuera de la muralla. Aquí, en el exterior del Portal de Nules, se ha construido un jardín de esparcimiento (esto sí, fuera de la muralla).
La feria medieval, una oportunidad para viajar en el tiempo
Si continuar enmarcada en una muralla no fuera suficiente, todavía es posible meterse más en la piel de un habitante de la Edad Media en Mascarrell con la gran Feria Medieval que se celebra cada año el primer fin de semana de noviembre. Sus calles se engalanan, se instalan caballerizas reales y un campamento de soldados, se disputan torneos entre caballeros, hay espectáculos de cetrería, juglares y bufones, música en directo, actividades para peques y puestos de artesanía. Los habitantes se unen a la fiesta vistiendo como damas y caballeros de la época.
Por otro lado, Mascarell se ha unido al nombre de uno de los nobles y guerreros castellanos más conocidos de la Edad Media: Rodrigo Díaz de Vivar. Por el pueblo pasa el Camino del Cid y es uno de los que ofrecen el sellado del salvoconducto que tienen los viajeros que siguen este recorrido histórico.
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Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.













