La vida en Sierra de Gata, en la provincia de Cáceres, parece haberse detenido ya que su arquitectura popular de pizarra y granito se conserva muy bien, su agricultura sigue dando unos vinos y aceites de excelente calidad y sus habitantes mantienen las antiguas tradiciones y el habla (A Fala) de la región.
Por su aislamiento geográfico es una de las grandes zonas desconocidas de España. Todo ello y mucho más convierten esta comarca en un destino perfecto para el turismo rural.
Te presentamos esta maravillosa sierra, en la que la naturaleza cobra un gran protagonismo, para que desconectes y descanses en alguna de sus casas rurales.
Sierra de Gata, un contraste de la naturaleza
La estampa de la Sierra de Gata es de una gran diversidad paisajística, ya que en ella se concentran montañas, frondosos bosques de pinos y robles, campos de olivos y castañares, extensos valles verdes, atalayas, prados, dehesas…
La sierra ofrece diversas actividades para vivirla:
- Existen varias rutas para recorrerla. Una de las más transitadas es la subida al Chorro de los Ángeles desde Robledillo. Otras son la de Oriente y Las Hurdes y Occidente y La Fala.
- Los amantes del birdwatching podrán avistar buitres, águilas reales, alimoches, azores y cigüeñas negras.
- La mayoría de pueblos serranos de la comarca poseen piscinas naturales en las que poder refrescarse o pasar un día de picnic. La de Acebo tiene una gran extensión y la de Descargamaría ofrece una estampa de tranquilidad absoluta en plena naturaleza. Otras son las de Jevero y las de Carreciá.
- Si te gusta la micología, allí tendrás oportunidad de conocer todos sus secretos de la manos de los cursos que ofrecen en la zona.
Los pueblos medievales más bonitos de España
La Sierra de Gata también es excelente para el turismo rural porque alberga hasta veinte pueblos con un gran encanto medieval: Acebo, Cadalso, Cilleros, Descargamaría, Eljas, Gata, Hernán Pérez, Hoyos, Moraleja, Perales del Puerto, Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo, Santibáñez el Alto, Torrecilla de Los Ángeles, Torre de Don Miguel, Valverde del Fresno, Villamiél, Villanueva de La Sierra, Villasbuenas de Gata y Pedanía de Trevejo.
El barro, la madera, la pizarra y el granito son los grandes protagonistas de esta arquitectura popular. Pero lo que más te gustará es el silencio y lo despacio que pasa el tiempo allí. Te acercamos los cinco imprescindibles, declarados Bien de Interés Cultural, para tu próxima escapada rural:
- Trevejo. Esta pequeña aldea medieval, de unos veinte habitantes, parece sacada de un cuento. En mitad de sus empedradas calles se erige un castillo árabe. Desde allí, de día, las vistas a la sierra son impresionantes y, de noche, puede contemplarse un cielo estrellado sin igual.
- San Martín de Trevejo. Situado en el centro de la Sierra de Gata, este pueblo llama la atención por su arquitectura de entramados de madera exteriores, antiguos y bien conservados. También por los tozones, vigas de madera de las casas que sobresalen en horizontal con caras esculpidas desde la Edad Media. Todo se contrapone al palacio del Comendador, un edifico señorial.
- Hoyos. Con un bonito casco histórico, Hoyos se presenta como uno de los pueblos de la Sierra de Gata con más casonas señoriales con blasones nobiliarios de piedra en las fachadas. La casa de Deán es la más impresionante, con canalones oxidados en forma de dragón.
- Gata. Lo más interesante es la fuente del Chorro, con un blasón imperial, y la torre de la Almenara, de origen musulmán.
- Robledillo. Este pintoresco pueblo es la mejor muestra de arquitectura serrana de la comarca. Su casco histórico, que se mantiene como en la Edad Media, es un laberinto de callejuelas y pasadizos. Parece que todo, los baluartes de pizarra, los muros y los entramados, se conserve como el primer día.
La gastronomía en la Sierra de Gata
La gastronomía de la Sierra de Gata también parece haberse detenido manteniendo recetas de tiempos inmemorables. Además, su aceite de oliva virgen, con Denominación de Origen Gata-Hurdes y varios premios internacionales, es el gran secreto de estas cocinas.
Los productos vienen directamente de sus campos, huertas y ganaderías. Todo ello consigue unos platos sabrosos y con una larga tradición: brevas con queso de la Sierra de Gata, conservas vegetales, salmorejos, gazpachos, wagyu ibérico, caldera extremeña, costillar asado, caldo de huevo, perdices estofadas, guisado de liebre… Y, como dulces, las perrunillas, las cañas, las floretas o los rizos.



















