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Castrillo de Duero: el pueblo de los empecinados

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Escultura de El Empecinado
Escultura de El Empecinado. Por Ydelpico 

Hay un lugar en Valladolid cuyo gentilicio es conocido gracias a uno de los hombres que nació allí hace casi dos siglos y medio. Aunque me temo que no todo el mundo sabe el origen de la historia. Estamos hablando de Juan Martín Díez y el pueblo es Castrillo de Duero.

Situado en el extremo este de la provincia de Valladolid, cercano a Segovia y a Burgos, Castrillo de Duero es un sitio pequeño pero, como decía, con un gentilicio muy curioso. Y es que los naturales de allí son conocidos como empecinados.

Quizás esa palabra ya les haya llevado a atar cabos y se den cuenta de que el hombre popular al que nos referíamos en el primer párrafo, Juan Martín Díez, no es otro que El Empecinado: el famoso militar y guerrillero de la época de la Guerra de la Independencia contra los franceses.

El hombre más popular de Castrillo de Duero

Escultura de El Empecinado
Escultura de El Empecinado. Por Nicolás Pérez 

El Empecinado fue un militar profesional que dejó el trabajo familiar en el campo para alistarse como voluntario. Así combatió todavía en el siglo XVIII y formó parte de los conocidos como Lanceros de España. Acabó siendo ordenanza del general Antonio Ricardos, pero volvió al campo.

Finalizado aquel periodo castrense, se afincó en Fuentecén, en Burgos, debido a que su esposa era de aquel pueblo. Volvió a la vida en el campo y así estuvo hasta que, en 1808, Francia invadió España. Cogió entonces las armas de nuevo y organizó una partida de guerrilleros.

La facción fue creciendo y llegó a estar formada por miles de hombres, por lo que técnicamente ya no podríamos hablar de partida. Campeó por Valladolid, Burgos y Segovia, pero especialmente en Guadalajara, aunque llegó hasta Portugal y Levante. No es este el momento ni el lugar para relatar las aventuras y desventuras de El Empecinado contra el francés, pero basta decir que Napoleón encargó a uno de sus generales dedicarse en exclusiva a El Empecinado. A combatirlo y a tratar de detenerlo. Todo aquello le llevó a ser nombrado mariscal y a convertirse en una figura importante dentro del bando español.

El Empecinado fue uno de los hombres más populares de aquella guerra y, especialmente, entre los guerrilleros. Nacido el 5 de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero, tomó su apodo guerrero del gentilicio de su pueblo. Y esto ya es una sorpresa, porque si vamos a la RAE a buscar la palabra empecinado, nos encontramos con que significa obstinado, terco o pertinaz. Y por lo tanto de manera natural caemos en pensar que el apodo viene de ahí. Pero no es así.

¿Qué significa empecinado?

Siguiendo con la RAE, aparecen otros dos significados para empecinado, menos conocidos, pero indispensables. Uno de ellos habla de los naturales de Castrillo de Duero, algo que ya habíamos dicho del gentilicio de este pueblo vallisoletano. La otra acepción dice que un empecinado es un peguero, esto es, una persona cuyo oficio es sacar o fabricar la pez. La pez es una sustancia resinosa y que a muchos les sonará porque se usaba para calafatear embarcaciones de madera.

Y ahí está la clave. Castrillo de Duero era un lugar con mucha pecina, que es un lodo oscuro, de alguna forma similar a la pez. El río Botijas, a su paso por esta localidad, se cargaba de pecina y de cieno. Por eso los naturales del lugar se llamaban empecinados, y por eso el guerrillero Juan Martín Díez fue El Empecinado. Por esto y no por su carácter.

En 1814, debido a su contribución para que su país venciera en la guerra, una Real Orden le permitió a Juan Martín usar, podríamos decir que oficialmente, el nombre de El Empecinado. Ese honor se extendía también a su descendencia. Podría firmar como tal cualquier documento. Así, de alguna forma se personalizaba en él el gentilicio de todos sus paisanos.

Un personaje presente en nuestra cultura popular

Juan Martín Díez, El Empecinado
Juan Martín Díez, El Empecinado (c. 1881),
réplica de Goya por Martínez Cubells, (Museo del Prado).

En Castrillo de Duero, donde es hijo predilecto, se le recuerda con una estatua, con la conservación de su casa natal y con un centro dedicado a la interpretación de la vida de El Empecinado. En su casa natal hay dos placas que, curiosamente, se colocaron 100 y 200 años después de aquel 1808 en el que comenzó la Guerra de Independencia. En ambas se incluye el apodo de El Empecinado. En la de 1908 se habla del “invicto guerrillero-general y héroe”, mientras que en la de 2008 son más comedidos.

Podríamos decir que, de algún modo, El Empecinado acabó haciendo honor a su apodo, como si significara realmente terco y pertinaz. Porque, tras la guerra, se declaró fiel a la Constitución de 1812 (la Pepa), ostentó algunos cargos y combatió el absolutismo. Aunque no es tan sencillo como esto, podríamos decir que hizo la guerra al francés para que el rey de España no fuera un Bonaparte y, cuando Fernando VII volvió a ser rey, le tocó oponerse a él por ser un rey absolutista. Al final fue capturado por luchar por esos ideales y condenado a muerte. En agosto de 1825 fue ejecutado.

Museo de El Empecinado en su localidad natal
Museo de El Empecinado en su localidad natal. Por Ydelpico 

La importancia de este guerrillero ha hecho que siga siendo un hombre popular. La novena novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, lleva el nombre de Juan Martín El Empecinado. Goya lo retrató en una espectacular obra que se conserva en el Instituto Aino Gakuin de Osaka, en Japón. Aunque una copia a cargo de Salvador Martínez Cubells, hecha en torno a 1881, pertenece al Museo del Prado y está depositada en la Real Academia de la Historia. Además, El Empecinado aparece en novelas y, de manera relevante, en algún episodio de El Ministerio del Tiempo.

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