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Erasmus rural: universitarios en un pueblo remoto de Zaragoza

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Por Sarai Salvo

La universidad tiene muchas cosas buenas. Por ejemplo, el Erasmus. Ese intercambio de estudiantes que, mientras unos se van a dar clases a otras universidades de Europa, otros alumnos extranjeros se incorporan a las nuestras. Un programa que tiene fama de que se estudia poco y se pasa muy bien, pero es innegable que culturalmente es una experiencia muy enriquecedora. 

El programa Desafío, conocido como el Erasmus rural, impulsado por la Universidad de Zaragoza y financiado por la Diputación Provincial, tiene ese mismo objetivo. Aunque tiene sus matices. En vez de estudiar, los alumnos van a hacer prácticas. Y en vez de a Roma, París o Lovaina, las universidades son empresas públicas o privadas localizadas en pueblos remotos de Zaragoza

“En un Erasmus a otras ciudades de Europa, al final la experiencia es muy parecida a la que pueden experimentar aquí en el ámbito urbano. Sin embargo, en el medio rural es diferente, de ahí también el nombre de Desafío. Se trata de conocer un entorno distinto”, nos explica por teléfono Luis Antonio Sáez, director de la Cátedra sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza e impulsor de la iniciativa.

El programa Desafío, pionero en España, está inspirado en el programa Odisseu de Cataluña, “Aunque ellos no incidían tanto en lo rural, sino en que los alumnos de las universidades públicas pudieran hacer prácticas en otros lugares dentro del territorio”, dice. En el caso del programa Desafío, la idea es llevar a los jóvenes a los lugares más despoblados de Zaragoza.

En total, en el programa participan 18 municipios y las prácticas se realizan durante los meses de verano, para que los alumnos vivan en el pueblo en el que van a trabajar, conozcan la localidad y a sus habitantes. Las organizaciones locales, por su parte, tienen la oportunidad de incorporar a su plantilla nuevos talentos e ideas. Una de las muchas problemáticas de la despoblación es que, en ocasiones, las empresas y organizaciones locales no encuentran personal cualificado para seguir desarrollando su actividad.

En cuanto a los alumnos, los participantes son muy variados. Hay estudiantes de química, veterinarios, juristas, gente de bellas artes, trabajadores sociales, informáticos, de derecho o de administración de empresas, entre otros.  “La mayoría son mujeres, por lo que rompemos los prejuicios del mundo rural, como que no hay trabajo de calidad o que el mundo rural está masculinizado”, dice Luis Antonio Sáez. 

“Mi primera vez fuera de casa fue en un pueblo”

Sarai Salvo y sus compañeras del proyecto Desafío en Daroca

“Nunca me hubiera imaginado que la primera vez que iría a vivir una temporada fuera de casa sería a un pueblo y, sin embargo, me he llevado una grata sorpresa. Sobre todo con Tobed”, nos cuenta Sarai Salvo, una zaragozana graduada en Historia del Arte y estudiante del máster de Gestión de Patrimonio Cultural de la Universidad de Zaragoza. Sarai participó, junto con sus compañeras María Foradada, Elena López, María Domínguez, Eugenia Gallego y Derry Holgado en el proyecto Territorio Mudéjar y, durante dos meses, estuvo alojada en el pueblo de Tobed, donde está la sede de la entidad.

Territorio Mudéjar es una red de ayuntamientos de la provincia de Zaragoza que trabajan en el desarrollo de los recursos patrimoniales del arte mudéjar. Tres de ellos están inscritos en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. “Allí nos dieron la formación necesaria para poder realizar un proyecto de gestión del patrimonio histórico-artístico en el ámbito rural y que complementa la formación que se realiza en el Máster en Gestión de Patrimonio Cultural de la Universidad de Zaragoza”, nos cuenta Sarai. 

Además de asistir a clase, los alumnos realizaban visitas de campo a los 34 pueblos que forman parte de la red. La finalidad era crear un proyecto de accesibilidad al patrimonio denominado El viajero. “Diseñamos cuatro rutas de autor especializadas en el arte mudéjar entendiendo el patrimonio como un motor de desarrollo y de identidad de nuestros pueblos”, explica Sarai. Las rutas que crearon son El nacimiento del Mudéjar: la convivencia de culturas; Las claves del Mudéjar –en cuanto a tipologías artísticas se refiere–; Las torres del Mudéjar; y Patrimonio Mundial.

Sarai Salvo realizando una visita guiada en el Museo Mahoma Calahorri, Tobed

Para Sarai, apuntarse al programa Desafío era una oportunidad para encontrar trabajo como historiadora del arte, pues reconoce que es difícil encontrar empleo dentro de su campo. La experiencia de trabajar en el pueblo fue muy positiva. “He disfrutado del rico patrimonio que tenemos en Aragón, el mudéjar es un estilo artístico fundamental en nuestro territorio. He conocido a mis compañeros y a Victoria Trasobares, directora de Territorio Mudéjar, que son un equipo de trabajo maravilloso. Y he disfrutado de haber vivido en un pueblo que desconocía. Tobed es un lugar muy tranquilo, tiene una iglesia declarada Patrimonio Mundial por la Unesco que es una verdadera joya y es un ejemplo de gestión territorial del patrimonio desde hace décadas”.

La experiencia rural también le ha permitido seguir trabajando de lo suyo. Pues, uno de los objetivos de estas prácticas es que muchos de los estudiantes tengan la opción de quedarse en la empresa contratante. En el caso de Sarai, durante la beca tuvo la oportunidad de conocer a Viajar por Aragón, una empresa de turismo en la que actualmente está trabajando. Ya no vive en el pueblo, pues sigue estudiando en Zaragoza, aunque reconoce que tiene ganas de volver y se sigue moviendo por pequeños municipios. 

“Me dedico a crear rutas de autor y diseñar productos culturales. En Zaragoza hemos puesto en marcha una visita que se denomina «La Zaragoza femenina» de la que soy autora y explico las historias de las mujeres de la ciudad: artistas, músicas, científicas, escritoras, periodistas… En los que respecta al mundo rural, este mes vamos a poner en marcha una excursión de un día de duración a Anento y Villafeliche, esta última perteneciente también a Territorio Mudéjar”, explica.

Sarai Salvo y sus compañeras del proyecto Desafío en Daroca

Las plazas para participar en el proyecto dependen del presupuesto de las becas, pues se financia la estancia, los viajes y se les otorga una pequeña cantidad simbólica por el trabajo. Según Luis Antonio Sáez, el primer año fueron 14 alumnos, el segundo 25 y el tercero han sido 24. “El año pasado, con la epidemia, no quisimos arriesgarnos para aumentar las plazas, aunque hicimos un spin off del nuevo proyecto Arraigo. En el programa Desafío elegimos a alumnos que no tienen nada que ver con esa comarca y nos dimos cuenta que justamente aquellos que querían volver a su pueblo no tenían la opción de encontrar trabajo. Con Arraigo los graduados pueden ser contratados en sus lugares de origen”.

El Erasmus rural se expande a otras provincias

El programa Desafío comenzó en 2018 en Zaragoza, provincia donde se ha ido desarrollando. Sin embargo, este 2021, gracias a la colaboración de la Diputación de Huesca y Teruel, la iniciativa se aplicará en el resto de Aragón. “También se han interesado la Universidad de Valladolid, Castilla-La Mancha, grupos de acción rural de Ciudad Real y se ha propuesto como buenas prácticas en la Unión Europea”, nos explica Luis Antonio Sáez. “Nuestra idea es que sea escalable y transferible, para que alumnos puedan hacerlo en otros lugares y poder trabajar en red. Que chicos de Extremadura vayan a Navarra o que los gallegos vengan aquí”. 

La Cátedra sobre Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza es la primera de estas características en España. Trabajan haciendo estudios sobre aspectos que afectan al entorno rural y están muy en contacto con los habitantes de los pequeños pueblos de la provincia. La idea es acercar a los jóvenes al mundo rural y llevar el talento para combatir la despoblación.

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