El erromintxela: el habla vasca nacida del pueblo gitano
Escrito por
10.01.2026
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6min. de lectura
Miembros de la asociación Kale Dor Kayiko, en un acto. Cedida por la entidad

Las lenguas están vivas. Muchas de las palabras que hoy utilizamos en castellano son fruto del contacto directo con otras. Hay diásporas que se convirtieron en asentamientos humanos definitivos y, fruto de esa convivencia, hoy quedan huellas patentes cuando hablamos. Aunque mucha gente no lo sepa, palabras de uso habitual como chaval, pinrel o churumbel vienen del caló, es decir, de la variedad del romaní o romanó de los gitanos que se quedaron en España, Francia y Portugal tras su partida del Punyab, en la India.
En otros territorios con lengua propia ha ocurrido lo mismo: que se han mezclado, hasta el punto de crear un nuevo habla. Es el caso del erromintxela en Euskal Herria, cuya escasa presencia actual se concentra en el interior de Guipúzcoa e Iparralde (el también llamado País Vasco del Norte). Seguimos el rastro de las pocas investigaciones que hay sobre un pagodolecto (es decir, la mezcla del léxico de una lengua con la estructura gramatical de otra) que viene del romaní “erro” (persona) y del euskera “mintzatu” (hablar).
Los últimos erromintxelas, en Lasarte-Oria y el País Vasco del Norte

El pueblo gitano llegó a la actual Euskadi en la primera mitad del siglo XV. Como explica el presidente de la asociación Kale Dor Kayiko de Bilbao, Oscar Vizarraga, era una población nómada, pero sin salir del territorio euskaldun. Aparecían en las zonas rurales en invierno, en época de Carnavales, y asegura que “eran gente muy querida por parte de los aldeanos”. “No iban a pedir, iban a ofrecer sus servicios y entablaban una relación muy cordial. Trabajaban la forja, la herrería, el mimbre, esquilaban la lana, afilaban las herramientas para la labranza, herraban el ganado…”, añade.
Como resultado de ese contacto y buena integración, con el paso de los años y conforme las nuevas generaciones iban aprendiendo la lengua autóctona -el euskera-, se produjo “un fenómeno sociolingüístico de generación espontánea”, una bonita “fusión entre dos culturas y lenguas”. Así surgió el erromintxela. Más que una lengua, es un habla usada en la intimidad de los hogares que se fue transmitiendo de generación en generación; de puertas afuera, estos gitanos se comunican en euskera.
Hoy el erromintxela está en riesgo de desaparición. No se sabe cuántos hablantes podrían quedar. Estarían, como hemos dicho, en Iparralde y en la guipuzcoana Lasarte-Oria; antes habría habido en la zona de Bermeo. En todo caso, los que hay “son muy mayores”, según comenta Vizarraga.
La historia de una buena convivencia en las zonas rurales vascas

Como explica Vizarraga a EscapadaRural, es complicado dar con hablantes de erromintxela porque “quieren pasar desapercibidos”. “No se sienten protagonistas de nada, son familias reservadas que conservan costumbres muy arcaicas y no les gusta la fama. Si vas a uno de ellos y les dices que están hablando algo que tiene una riqueza, se sienten apurados. No están por la labor de ser objeto de estudio. Es una construcción que hemos resaltado los de fuera”, sostiene.
“Los erromintxales son un grupo étnico de gitanos que ha encontrado un cierto bienestar en contacto con una población de etnia no gitana que ningún otro pueblo gitano del mundo ha conseguido”
Además, el presidente de Kale Dor Kayiko recalca la peculiaridad de que los erromintxelas son “un grupo étnico de gitanos que ha encontrado un cierto bienestar en contacto con una población de etnia no gitana”, algo que “ningún otro pueblo gitano del mundo ha conseguido”.

“En Euskadi han encontrado tan buena relación con el entorno no gitano, que les ha llevado incluso a ceder parte de la estructura sociológica y las familias erromintxelas son matriarcales. Llevan 150 años conviviendo bien con baserritarras (habitantes de los caseríos vascos), y si ahora llega un grupo de gitanos y dan problemas, no quieren que se les identifique con ellos. Ya sabemos que a los gitanos se nos generaliza: el mal de unos es el mal de todos”, suspira Vizarraga. Ellos mismos se autodenominan gitanos vascos (buhameak o ijitoak) para distinguirse de los gitanos castellanos.
Un habla peculiar que se ha investigado poco

Hay poca información sobre el origen y expansión del erromintxela. Existe un estudio sociolingüistico de 1996 elaborado por las investigadoras Josune Muñoz y Elías López de Mungia, impulsado por la asociación Kale Dor Kayiko junto a la Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia) y el departamento de Euskera de la Universidad del País Vasco (EHU). El propio Vizarraga lo presentó en 1997 en un Congreso Internacional de la Juventud Gitana en Barcelona, donde los participantes “se interesaron de manera especial por el habla” y consideraron que era “digno de investigar más a fondo”, algo que cree que no se ha hecho porque “a nivel político no ha habido interés”. “Es una verdadera pena y un verdadero error”, opina.
Vizarraga no defiende que el erromintxela se enseñe en las escuelas de manera formal con sus libros de gramática, pero sí que se transmita, se mantenga y “no se desprecie ni se minusvalore”. “Lo importante es la forma y el motivo por el que se ha construido”, argumenta. En todo caso, cree que debería estudiarse el romaní, que es la lengua originaria del pueblo gitano vasco. Y es que el erromintxela no es como el caló, por ejemplo, que simplemente introduce palabras. En el caso vasco, se entremezclan incluso las estructuras gramaticales, de ahí su peculiaridad.
Por otro lado, a finales de 2024 se presentó el corto documental Erromintxela. Senderos y raíces, de Marta Las Heras Zapata y Ainhoa Zamanillo Andueza. En él se explica con gran belleza audiovisual las relaciones entre el euskera y el romaní, así como la huella dejada por el pueblo gitano en el territorio vasco. Eso queda de manifiesto en la actualidad en celebraciones como la de la comparsa tradicional de los caldereros y caldereras de Hungría, que anuncia la llegada del Carnaval con alegres trajes y bailes gitanos.
Nos quedamos con una reflexión que hace en el film la filóloga vasca y directora de la asociación cultural Skolastika de Bilbao, Josune Muñoz: “Los gitanos llevan 600 años en Euskadi, demasiado tiempo como para considerarles migrantes o extranjeros. Son vascos y vascas”.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
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