Algunos creen en el destino, todo ocurre por alguna razón. En este supuesto, el Parque Nacional de Cabañeros estaba destinado al turismo rural y a la preservación de ecosistemas, por fortuna para todos, porque debería haber sido una zona reservada para el Ejército del Aire.

Pero no fue así gracias a la labor constante de grupos de ecologistas que, en 1988, vieron cómo su deseo se hacía realidad. La finca de Cabañeros, alcanzando parte del municipio de Retuerta del BullaqueCiudad Real– y también de Toledo, se convertía en Parque Nacional.

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Fuente: Esetena

Históricamente, este territorio ha estado ligado a la comarca de los Montes de Toledo y los señores que gobernaban la zona desde el siglo XIII al XIX. El hecho es que las restricciones impuestas a sus habitantes respecto a las actividades que podían o no llevar a cabo en el territorio ha posibilitado la conservación del paraje natural, su fauna y su flora.

No obstante, algunas especies animales y vegetales están en peligro de extinción y el Parque Nacional de Cabañeros multiplica así su responsabilidad con el medio. Ya no se trata de una zona de explotación ganadera o minera como antaño, ya es, por fin, una región donde mantener viva la esperanza de la recuperación de especies y la conservación de la naturaleza, como lo señala su inclusión en la ZEPA.

Respecto a la fauna amenazada, algunas de las especies con menor índice de población son el águila imperial ibérica, el buitre negro o el lince ibérico. El valor botánico del Parque Nacional de Cabañeros es si cabe mayor: lugar de conservación de especies vegetales como el abedul o el tejo.

Dentro del Parque los visitantes encontrarán, además, lugares donde probar la gastronomía montesa, actividades de turismo activo para disfrutar al máximo de la naturaleza y alojamientos donde descansar y reponerse.

Un Comentario publicado

  1. url url'>De Ruta
    Publicado 11 julio 2010 en 8:39

    Cabañeros es una sortpresa para los sentidos, todo el que nos visita dice que no se esperaba encontrar esta joya en medio de la Mancha: Sierras agrestes, valles infinitos, ríos juguetones… Una gozada para pasar unos días fantásticos. Yo me apunto!

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