Bulnes

Naranjo de Bulnes. Por ksl

Pueblos con encanto en Asturias hay millones, aunque en los rankings siempre nombran a los mismos: Cudillero, Lastres, Villaviciosa, Ribadesella, Llanes, etc. Que sí, son muy bonitos pero, ¡hay muchos más!

En esta lista os mostramos 10 pueblos asturianos que parecen salidos de un cuento por estar ubicados entre montañas, detrás de una gran cueva, conservar un buen número de hórreos o llenar de color el mar.

1. Espinaréu, el pueblo de los hórreos

Por Guillermo del Olmo

Por Guillermo del Olmo

Situado en el concejo de Piloña, el pueblo de Espinaréu es conocido por contar con más de 20 hórreos y 6 paneras, lo que lo convierte en uno de los conjuntos patrimoniales más excepcionales de Asturias.

El hórreo es la construcción rural más característica del Principado: un antiguo almacén levantado del suelo por cuatro pilares (pegollos en asturiano) donde se guardaban los alimentos del campo para resguardarlos de la humedad y de los animales. La panera cuenta con una construcción similar, aunque sus dimensiones son más grandes y, en vez de 4 pilares o pegollos, en ocasiones tiene 6.

En Espinaréu hay hórreos de principios del siglo XVI, de estilo medieval y con ornamentación muy marcada para protegerse de las amenazas externas. El más peculiar es La capilla, un hórreo que fue utilizado para oficiar misa antes de que la iglesia fuera construida.

2. Villar de Vildas, donde se conserva la Braña de La Pornacal

Por Vsuarezp

Por Vsuarezp

Con poco más de 100 habitantes, este pueblo de Somiedo ha logrado conservar una de las brañas más mágicas de Asturias: La Pornacal. Un conjunto de cabañas de los vaqueiros de alzada, un grupo étnico asturiano dedicado a la trashumancia estacional.

Durante la época estival, los vaqueiros se dirigían hasta las cumbres y los pastos más altos para alimentar al ganado, por lo que esas cabañas servían tanto para alojar a los pastores como a los animales. La principal característica es que son de planta cuadrada y sus techos están cubiertos de ramas secas que hay que cambiar cada 15 años.

En La Pornacal se conservan 32 cabañas a las que se puede acceder a través de una ruta de senderismo desde el pueblo Villar de Vildas.

3. Barro, el pueblo a orillas de la ensenada de El Vau

Por Lagui

Por Lagui

La iglesia que se erige junto a la ensenada de El Vau nos regala una de las imágenes más espectaculares del Oriente asturiano. Antiguamente, hasta ella llevaban algunos barcos de vela para dejar mercancía como frutos secos o limones.

En la misma orilla, junto a la iglesia está el cementerio de Niembro. No se nos ocurre lugar más tranquilo y bello para descansar eternamente.

Elegida por José Luis Garci como escenario de El Abuelo, la ensenada es uno de los atractivos de Barro, el pueblo que se encuentra en su orilla y que goza de una de las mejores vistas.

4. Bulnes, la aldea abrazada por los Picos de Europa

Por ksl

Por ksl

Hasta el 2001, el pequeño pueblo de Bulnes de apenas 50 habitantes estaba totalmente aislado en el corazón de los Picos de Europa. Por aquel entonces, para acceder a él había que recorrer un estrecho camino tallado sobre la roca con desniveles pronunciados.

Un sendero que los vecinos –la mayor parte de ellos ganaderos– realizaban cada día para llegar hasta Poncebos siguiendo el curso del arroyo del Tejo.

Actualmente, este recorrido se puede realizar en el funicular que une ambos pueblos y que ha hecho que Bulnes deje de estar de espaldas al mundo. Su construcción en 2001 también ha favorecido su turismo que, además de sentirse atraído por un lugar tan desconocido e inaccesible, viene buscando el popular queso de Cabrales, concejo al que pertenece; o para realizar la Ruta del Cares.

5. Tazones, una aldea asturiana junto al mar

Por Javitouh

Por Javitouh

Sus coloridos balcones mirando al mar son su seña de identidad, igual que sus empedradas calles que bajan por la ladera hasta el puerto. Con unos 300 habitantes, en Tazones conviven la tradicional arquitectura asturiana, con sus hórreos, y los aires marinos de la costa. Una mezcla de salitre y mar irresistible.

Distinguido como Conjunto Histórico Artístico del Principado de Asturias, aquí fue donde desembarcó Carlos V en su primer viaje a España en 1517 para tomar su corona. Un hecho que sus vecinos reviven con orgullo cada mes de agosto a través de una obra teatral en la calle.

En Tazones se pueden encontrar varios yacimientos con huellas de dinosaurios. De hecho, están considerados como los más importantes de toda Europa y forman parte de la Ruta del Jurásico asturiano.

6. Bandujo, una joya medieval perdida en la montaña

Por Rawlways

Por Rawlways

Con apenas 40 habitantes, la aldea de Bandujo es una de las joyas más desconocidas de Asturias. Está situada a 700 metros de altitud en el concejo de Proaza, en el corazón del Principado.

Su arquitectura medieval se conserva perfectamente, lo que ha hecho que la aldea fuera declarada Bien de Interés Cultural en 2009. De los edificios que se pueden ver destacan la torre de Bandujo, el palacio y la iglesia de Santa María.

Un paseo por el pueblo también nos permitirá ver los auténticos hórreos asturianos y el antiguo lavadero. Y si coincide que estáis allí de visita en el Día de Todos los Santos, no te pierdas cómo todas las lápidas son cubiertas con tierra con la que realizan dibujos añadiendoles flores.

7. Taramundi, Reserva de la Biosfera

Por gesango16

Por gesango16

Situada en la comarca asturiana de los Oscos-Eo, declarada Reserva de la Biosfera. Taramundi es uno de los espacios más verdes y auténticos del occidente de Asturias. Está compuesto de varios valles salpicados de aldeas que viven de la ganadería.
El pueblo de Taramundi es un buen punto de partida para descubrir algunos de los tesoros de la zona. Tranquilo y sosegado, en él llama la atención el campanario de la iglesia parroquial.

En sus alrededores se pueden ver uno de los antiguos castros más importantes de Asturias: Mazonovo, donde hay unos 19 molinos tradicionales y una rudimentaria central hidráulica; y Pardiñas, la aldea que cuenta con la navaja más grande del mundo. Taramundi es conocido por la fabricación artesanal de la cuchillería.

Una de las aldeas más auténticas y donde el tiempo parece haberse parado es en As Veigas. Su aspecto apenas ha cambiado desde hace siglos.

8. Cuevas del agua, el pueblo al que se accede por una cueva

Por cineuno

Por cineuno

Situado a menos de 5 kilómetros de Ribadesella, Cuevas del agua es uno de los pueblos de Asturias que mejor conserva su arquitectura tradicional. En él se pueden ver cómo los hórreos aún son de gran utilidad para algunos de los vecinos que todavía se dedican a la agricultura.

Aunque el pueblo es suficientemente atractivo como para pasar allí unos días, el principal encanto de Cuevas del agua tiene que ver con su acceso: a través de la Cuevona, un túnel natural de unos 300 metros de longitud. En el interior de la misma se pueden ver estalactitas, coladas y estalagmitas bautizadas con nombres como Las barbas de Santiago o La lengua del diablo.

9. Puerto de Vega, belleza marinera

Por © Turismo Asturias – Paco Currás S.L

Por © Turismo Asturias – Paco Currás S.L

En la costa asturiana también hay pueblos y aldeas que nada tienen que envidiar a otros más conocidos por el turismo. Puerto de Vega se caracteriza por su colorida arquitectura, sus casas indianas, las casonas típicas asturianas, los jardines y las casas-palacio.

En la zona del puerto es donde se concentran los restaurantes donde degustar el mejor pescado y marisco del Cantábrico que vienen directamente de la rula.

Puerto de Vega, además, es conocido porque aquí es donde murió el escritor y político asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos.

10. La Focella y la laguna glaciar

Por Hector Ruiz Villar

Por Hector Ruiz Villar

Una gran laguna glaciar preside La Focella, una pequeña aldea de montaña situada en una cubeta glaciar y rodeada de verdes valles. De él habló en su cuaderno de viajes Jovellanos, quien se quedó maravillado con la belleza de la laguna.

Con apenas una veintena de habitantes, esta aldea conserva la arquitectura tradicional de sus viviendas, lo suficientemente grandes como para tener cuadras y hórreos donde almacenar las cosechas.

En sus inmediaciones hay una antigua explotación minera y varios caminos para realizar rutas de senderismo por la zona.

6 Comentarios publicados

  1. Mary
    Publicado 30 abril 2018 en 15:46

    Como siempre, a los artículos sobre “10 más de lo que sea” surge alguien como yo para añadir un once a los ya mencionados 10, motivo por el que pido disculpas, pero no puedo evitar pensar en el precioso y recoleto puerto de Viavélez, cuna de Corín Tellado.

  2. Maregala
    Publicado 1 mayo 2018 en 14:22

    En el tercer pueblo, habláis de Barro, pero la foto no se corresponde. Es de Niembro que está muy cerquita de Barro.

  3. IZABELLA PILESKA
    Publicado 1 mayo 2018 en 20:56

    ASTURIA MI AMOR!

  4. Jorge
    Publicado 7 mayo 2018 en 18:30

    De lo que no conozco no hablaré, pero de Bulnes puedo decir que hay algunos errores de bulto. La gente que vivía en Bulnes no bajaban todos los días a Poncebos, ni mucho menos. Y he dicho Poncebos, no el pueblo de Poncebos, ya que tal pueblo no existe. Es simplemente una localización, es el Puente Poncebos. En cuanto al pueblo de Bulnes…., prácticamente ningún montañero sube por esa ruta para ir al Naranjo, o Urriellu. Desde el siglo pasado la inmensa mayoría sube por Pandebano. Como comemtario personal, Bulnes ha perdido el encanto de la incomunicación pasando a ser un pueblo de montaña en el que te puedes encontrar a señoras con tacones o moteros con sus atuendos. Me quedo con los tiempos en que subías hasta allí a respirar el aire y comer unos huevos con chorizo y patatas donde la Guillermina que sabían a gloria.

  5. Laura Fernández url url'>Laura Fernández
    Publicado 8 mayo 2018 en 15:24

    Hola Jorge,

    Gracias por tu comentario. Tienes razón, no es un pueblo, sino una localización. Desde ahí también se puede iniciar la Ruta del Cares. Ya lo hemos corregido 🙂

  6. MENTXU
    Publicado 8 mayo 2018 en 17:17

    Tienes mucha razón Jorge ,el pueblo de Bulnes no tiene nada que ver al de antes el funicular ha quitado el encanto de los montañeros y ha dado paso a los tacones , abrigos de pieles y sillas de niños ,imagino que la hostelería estará contenta.Un saludo

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