Por Bannafarsai_Stock

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Hace 12 años que nos subimos a su Ford Capri del 82, sin saber muy bien cuál era el rumbo. Algunos pensamos que nos dirigíamos al sur, a La ciudad del viento que olía a salitre y verano. Quique González (Madrid, 1973) nunca dio muchas pistas, de ahí a que la geolocalización de sus canciones fuera una de las incógnitas de sus seguidores y una de las preguntas más frecuentes en cualquier entrevista.

La ciudad del viento no está en Cádiz

Es Castell. Menorca

Es Castell. Menorca. Fuente: Pilar Andreu

El cantautor madrileño explicó en muchas ocasiones que Salitre 48 –nombre de uno de sus discos y de la calle en la que vivía en el centro de Madrid– estuvo inspirado en uno de sus grandes viajes.

Lo que nunca tuvimos muy claro es dónde se desarrollaba cada una de sus canciones. Lo que para algunos La ciudad del viento es Tarifa, por motivos más que evidentes (su viento la ha convertido en el destino perfecto para el kite surf); para los menorquinos tiene que ver con su tierra, conocida como la isla del viento debido a que es plana y por ella pasan ocho tipos de vientos, siendo el tramontana el más violento.

Después de tantas dudas, el autor llegó a confirmarlo en una de sus entrevistas: La ciudad del viento es Menorca, aunque también reconoció que cuando escucha la canción piensa mucho en Cádiz.

Conil de la Frontera

Por Andrea Haase

Allí es donde nos transportamos con su sencillo Salitre, que nos acerca a Conil de la Frontera; o con La luna debajo del brazo (Daiquiri Blues), que habla del Puerto de Santa María. Dos de las localidades que Quique visitó en su ruta por el sur de España. El olor a mar, el azul, los faros y los rompeolas nos evocan un verano casi idílico.

Sin embargo, cuando se habla de mar, no siempre alude al Mediterráneo. Al contrario de lo que muchos piensan, la canción del Rompeolas surgió de un viaje a Laredo, una localidad costera de Cantabria. Debimos de imaginarlo cuando dijo aquello de “Ahora ya no puedo prestarte mi abrigo”. En el sur no hubiera hecho tanta falta como en el norte.

Cantabria es la tierra que se ha llevado casi toda la atención del músico. Después de todo, es donde se mudó desde su Madrid natal hace ya más de una década. Su casa, ubicada en el Valle de Pas, es su inspiración y su estudio. Aunque antes de irse, tras rememorar la época de Cuando éramos Reyes que corrían por la Gran vía, le dedicó uno de sus trabajos más íntimos: Kamikazes enamorados (2003).

La de noches de sábado que caminamos “Desde Las ventas hasta Chamberí, fumando a medias en las Calles de Madrid”. Uno de los temas de más éxito de su álbum y que compartió con la cantante Rebeca Jiménez. Aquella canción era el broche para volver a casa como si estuviéramos dentro de un videoclip.

Quique González siempre ha comentado que sus letras surgen en relación a su vida. Por ello, Kamikazes enamorados podría ser esa apuesta por el amor que le llevaría lejos de su zona de confort, al campo. “Juégatela un poco, valiente”.

Y llegó al entorno rural.

La Cantabria de Quique González

Valle de Pas

Valle de Pas, Cantabria. Por David Herraez Calzada

Tal y como el cantautor reconoció en algunos medios, Vidas cruzadas -la canción que comparte con Iván Ferreiro y que está incluida en La noche americana (2005)- fue la primera que compuso en tierras cántabras.

En ella no se habla de ningún paisaje, ni de ningún lugar por el que coger el coche y plantarse en el norte para seguir sus letras, aunque otras canciones de ese mismo disco sí siguen algunos de los pasos del músico por Cantabria.

Reconocerlos no es fácil. El Hotel Los Ángeles intuimos que está en el norte porque, unas estrofas más abajo, el artista cita a Renedos (la capital de Piélagos), una pequeña localidad rural cercana a Santander. No obstante, si buscamos en Internet, veremos que hay más de un hotel con ese nombre en la zona. Para acotar la búsqueda hay que seguir la canción, ¿cuál de ellas tiene una habitación 308? El Hotel Los Ángeles está en Guarnizo.

Charo no es de Avilés

La decepción se la llevaron algunos asturianos, que se creyeron que Charo (Me mata si me necesitas, disco lanzado con su banda Los detectives) era de Avilés. En la canción el músico hace un alto en el camino en la carretera 634 -que discurre desde San Sebastián hasta Santiago de Compostela– justo a la altura de la Asturiana de zinc.

Un dato que podría hacer que Charo fuera avilesina si no fuera porque en la villa del Adelantado no hay un bar llamado Sombras (Shadows, en inglés); o porque en Sarón (Cantabria) también hay una fábrica Asturiana de zinc y un bar con ese nombre.

Las letras no son las únicas que ha usado el músico para alejarnos de la gran ciudad. La introducción de algunos instrumentos y diferentes estilos, como el violín y la mandolina utilizados en Delantera Mítica, también nos invita a disfrutar de otros sonidos que evocan el campo, los pueblos y lo rural.

Paisajes que se quedaron con el corazón del músico y que hoy, muchos de sus seguidores, visitan para ponerle escenario a sus letras.

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