Ruta sencilla por las Gobas de Laño, las cuevas de retiro espiritual de ‘herejes’ en Treviño
Escrito por
15.02.2026
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Cueva eremítica de las Gobas de Laño, en Treviño (Burgos). De Patrimonio Cultural de Castilla y León
En los primeros siglos del cristianismo ya surgieron algunas corrientes contrarias a cómo entendía la jerarquía eclesiástica esta religión. Los retiros en monasterios prometían el máximo acercamiento espiritual a Dios, pero hubo quienes se rebotaron contra sus normas y optaron por una vía más salvaje para aislarse del mundanal ruido: irse a vivir a una cueva en medio de la naturaleza.
Fruto de aquella decisión radical hoy podemos adentrarnos en algunos vestigios curiosos como las Gobas de Laño, en el condado de Treviño (perteneciente a Burgos, pese a estar dentro de la provincia de Álava). Una ruta de senderismo familiar invita a entrar en esas cuevas que sirvieron de vivienda e, incluso, de sepultura para sus habitantes. Una oportunidad para practicar un retiro temporal en un paraje único que recuerda a la Capadocia turca.
De viviendas aisladas de todo a almacenes
Empezamos por la explicación etimológica. ¿Qué significa eso de gobas? La palabra “goba” podría venir del euskera, lengua en la que “cueva” se dice “koba-zulo”. ¿Y en qué consisten? Se cree que las Gobas de Laño fueron excavadas por eremitas hacia el siglo IV. Se especula con que este fenómeno estaría relacionado con el priscilianismo, una doctrina cristiana que fue considerada herética por la jerarquía eclesiástica y que defendía la vuelta a los principios ascéticos, es decir, a la negación de los places materiales o abstinencia. Vamos, que se les consideró unos herejes por salir de las normas oficiales.
Las Gobas de Laño fueron reutilizadas con el paso de los siglos, lo que ha impedido que se conserven restos sobre ese origen eremítico. Sí se han hecho excavaciones arqueológicas que han determinado que estas cuevas artificiales se ocuparon como vivienda al menos desde el siglo VII y que se abandonaron como tal hacia el siglo IX, seguramente cuando la población se trasladó a la actual localidad. Los eremitorios originales eran pequeñas cuevas que apenas albergaban a una persona. Posteriormente algunos se ampliaron para ser habitadas por familias; en todo caso, los techos no eran muy altos y las camas y bancos a menudo estaban tallados en la misma piedra.
Después de dejar de ser viviendas, las grutas siguieron aprovechándose para usos muy diversos: como cementerio comunal hasta el siglo XI con tumbas excavadas en el suelo y paredes (hoy aún se pueden ver nichos antropomorfos, rectangulares y trapezoidales en la roca) o como iglesias. Hacia el siglo XVI el lugar fue perdiendo su carácter sagrado y las cuevas adoptaron nuevos usos, como almacenes (accesibles solo con escaleras, para evitar el acceso a ladrones y a alimañas) o como espacio para guardar el ganado.
Una sencilla ruta por las místicas Gobas de Laño y Santorkaria
Para conocer las curiosas Gobas de Laño, que sirvieron de retiro espiritual para los antiguos eremitas, basta con seguir una ruta muy asequible. Son 7,6 kilómetros de distancia y 223 metros de desnivel positivo y sigue, en parte, las señales del GR-38 “La ruta del vino y del pescado”. Sale de la misma plaza del pueblo de Laño, donde no hay problemas para aparcar.
Tras caminar un kilómetro y medio, se ve el primer cartel que indica hacia “Las Gobas”. Aquí comienza la visita a un paisaje mágico modelado por el ser humano. Este primer sector engloba 13 cuevas excavadas de acceso libre. Algunas tienen paneles informativos como la “cueva de la Dotora”, que está apartada del resto. Sobre ella versan dos leyendas: una dice que habría estado habitada por la última mujer de la comunidad eremita y, otra, que habría permanecido aquí una vecina de Laño en los últimos días de su vida.
Todavía queda un segundo sector con 18 cuevas excavadas, “Santorkaria”. Tras superar un ligero ascenso por una estrecha y breve senda, se llega a esta otra zona de gobas. De nuevo, hay que recorrerlas sin prisa, contemplando cada rincón e intentando imaginar cómo sería la vida en un espacio tan peculiar y alejado de todo. La ruta concluye siguiendo unas marcas verdes y blancas que pasan por un bonito encinar, por el collado del Pericón y por un hayedo antes de volver a entrar en el pueblecito de Laño. El recorrido al completo es una joya con tanto interés cultural como paisajístico.
El Condado de Treviño, un trozo de Burgos dentro de Álava
El 68% de los votantes de Treviño apoyaron en 1998 la celebración de un referéndum que les permita integrarse en Álava. Y es que este trocito de tierra se encuentra físicamente dentro de la provincia vasca, pese a pertenecer administrativamente a Burgos (y, por tanto, a Castilla y León). Sin embargo, casi 30 años después, todavía no se ha hecho caso a esa voluntad popular.
La explicación a la situación de ese enclave intracomunitario es histórica: durante la “guerra relámpago” de 1199-1200 que enfrentó a los reinos de Navarra y de Castilla por el dominio del alto Ebro y el alto Duero, acabaron firmando un armisticio en el que Sancho VII “el Fuerte” se vio obligado a ceder Treviño.
Aunque Treviño sea Burgos, lo cierto es que, por proximidad y comodidad, la mayor parte de sus habitantes hace su vida en Vitoria-Gasteiz, capital alavesa que está a solo 18 kilómetros. En la actualidad, un reflejo claro de la relación obvia de este territorio burgalés con Euskadi es, entre otras cosas, que cuenta con una típica sidrería vasca. Se trata de Trebiñu Sagardotegia, en el pequeño pueblo de Askartza, que elabora la bebida con la producción de sus propios manzanos y en un ambiente tradicional, entre paredes de piedra, mesas de madera y barrikas. También es fácil ver en el Condado de Treviño viviendas claramente influenciadas por el caserío vasco.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
















