La gran cueva de Álava hecha por un río que atraviesa la tierra
Escrito por
08.04.2026
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El camino que lleva a la gran entrada de la Cueva de la Leze de Álava. Por Aliaksandr
La apacible llanura alavesa reposa entre dos grandes conjuntos montañosos que rompen abruptamente la planitud: la sierra de Entzia (una continuación de Urbasa-Andía) y el Parque Natural Aizkorri-Aratz, que aquí recibe el nombre de sierra de Altzania. Son símbolos del excursionismo vasco con muchos rincones para descubrir. Algunos tan sorprendentes como la cueva de la Leze, una impresionante abertura en la roca en el límite entre Álava y Navarra. Por su grandiosidad, se ve desde la carretera, pero no os conforméis con esa panorámica difusa desde la lejanía. Acercarse hasta su entrada es una aproximación a lo que pudo sentir Stendhal sin necesidad de ir a Florencia.
Cómo llegar a la cueva de la Leze
Aparcamos en el pueblo de Araia, a los pies de la montaña. Iniciamos la ruta en el Centro de Interpretación del Parque Natural de Aizkorri-Aratz para subir hasta el refugio de Apota, una idílica chabola en el monte que invita a hacer un alto en el camino. El sendero está muy bien marcado y es todo en ascenso, por pistas de tierra y senderos. Desde allí descendemos por pista hasta rozar la llanura alavesa. El ladrido de un perro desvela que estamos bordeando por detrás la quesería la Leze, que anuncia que la cueva ya está cerca.
Efectivamente, en menos de 300 metros estamos en el parking hasta donde se puede acercar el coche. Desde aquí, la gruta queda a solo 400 metros en ligero ascenso, un pequeño paseo para los que no quieran caminar demasiado o vayan con peques. Otra opción para caminar un poco más (pero no mucho), es aparcar en el coqueto pueblecito de Ilarduia, que está a menos de 1,5 kilómetros de la gruta.
Aunque la zona de aparcamiento no está lejos, todavía no se aprecia toda la plenitud de la cueva de la Leze. A nuestro alrededor hay caballos, la vegetación luce un verde brillante después de varias semanas de lluvias y de varios días con sol intenso, el suelo está mullido. Enseguida aparece un merendero con varios puestos para hacer una barbacoa o un picnic. El camino está muy embarrado, suele estarlo en época de lluvias. Pero no debería ser dramático, basta con bordear las áreas más encharcadas con un mínimo de agilidad.
La atención puesta en el barro hace que, superado el último escollo, alcemos la mirada y nos encontremos repentinamente con un monumento escultórico natural que nos deja sin palabras: frente a nosotros, se abren las entrañas de la sierra de Aizkorri con la cueva de la Leze. Una cavidad de 80 metros de altura que nos hace sentir minúsculos.
¿Cómo se ha generado la cueva de la Leze?
Es la pregunta que sobrevuela la mente de quien admira la belleza de la cavidad. La explicación la tiene el río Artzanegi. Obstinado, en vez de bordear los obstáculos o dejarse caer en forma de cascada hacia la llanura alavesa, tomó la directa filtrándose en las profundidades de la tierra. La salida natural es la cueva de la Leze, una fracturación provocada por una falla, para acabar desaguando en la hoya de la Leze.

En la actualidad este monumento natural está catalogado como Lugar de Interés Geológico (LIG). La clave está en que la piedra es caliza, es decir, soluble al agua de lluvia. Eso da lugar a que su curso forme simas, cuevas y lapiaces. El agua superficial se filtra a niveles subterráneos a través de ellas por simas, dolinas y sumideros, disolviendo la caliza y ensanchando su curso formando asombrosos techos abovedados.
Hay varios saltos de agua en el interior del endokarst para salvar el gran desnivel existente entre la boca de entrada y la de salida (como decíamos, ¡80 metros!). La gruta está considerada de interés científico “muy elevado”, por tratarse de un buen ejemplo que refleja cómo los conductos kársticos pueden llegar a canalizar cursos hídricos del exterior (es decir, ríos) a lo largo de un tramo.
La alternativa más aventurera: el barranco de la cueva de la Leze
No es una opción apta para todos los públicos, pero a los más aventureros les gustará saber que existe una vía de barranquismo para descender la cueva de la Leze por su interior. Está considerada de nivel medio. Tiene más de seis rápeles de entre 25 y 3 metros de longitud, además de pequeños saltos, toboganes y destrepes. Tiene tramos con agua en los que hay que nadar.
Existen diferentes empresas de aventura en la zona que ofrecen la posibilidad de efectuar el descenso con guía y con todo el material y equipamiento de seguridad. Entre aproximación y bajada son necesarias unas 5-6 horas.
Otros planes familiares: una vía verde y una quesería premiada
Los que no busquen emociones tan fuertes pueden complementar la visita a la cueva de la Leze con un paseo por la antigua carretera que discurre paralela a la autovía, pero sin su ruido, y que hoy se ha convertido en una suerte de vía verde repleta de caminantes y cicloturistas. Transcurre entre verdes prados en los que pastan las ovejas latxas autóctonas, caballos y otros animales. Un paisaje de ensueño, entre montañas y sin desnivel. Podemos llegar a pueblos cercanos como Araia, Ilarduia, Egino o Ziordia (ya en Navarra).
Otro plan que encantará a las familias es visitar la quesería familiar La Leze. Siguen un proceso de elaboración milenario con la leche que dan sus 400 ovejas latxas de cara rubia que se alimentan al aire libre. Ofrecen visitas guiadas los sábados por la tarde entre marzo y septiembre. Han ganado prestigiosos premios como el del Concurso de Queso de Ordizia.
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Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.











