Magazine Cultura Las vírgenes negras en España, tecnología punta de la Edad Media

Las vírgenes negras en España, tecnología punta de la Edad Media

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Montserrat
Por Denis Zaporozhtsev

No hace falta ser creyente para interesarse por los misterios de la Iglesia. Al menos en el tema del arte y su imaginería. Sus templos se marcan como puntos de interés turístico, aunque algunos de ellos hayan tenido que esforzarse por encontrar el gancho. Y uno de los puntos fuertes más habituales de las ermitas, capillas, iglesias o catedrales son sus imágenes de la virgen.

Algunas destacan por sus atuendos, mantos de colores, coronas doradas, escapularios brillantes, altares con flores. Otras por su tamaño, más pequeño o más grande que la media. Y otras, aunque sean las menos, por su color de piel. Porque sí, hay diversidad en los tonos faciales y resulta que en España hay muchas vírgenes negras.

Quizás la primera que se venga a la mente al pensar en una virgen negra sea La Moreneta, el nombre con el que se conoce popularmente a la Virgen de Monserrat, patrona de Cataluña. Pero resulta que en el país llegó a haber 500 vírgenes negras, aunque ahora muchas de las que fueron no se contabilicen como tal.

Montserrat
Montserrat. Por Tania Zbrodko

Todo esto tiene una explicación, aunque no está relacionada con ninguna teoría conspirativa o una reivindicación racial como la que se podía intuir en los versos que cantaba Machín en Angelitos negros. La respuesta es mucho más profana: el color estaba determinado por los materiales que existían para su fabricación.

Antonio Madroñero de la Cal es una de las personas que más sabe de este tema de España. En 2017 publicó su libro Las Vírgenes Negras. Enigmas, imágenes sagradas y devoción popular (Eolas ediciones) en el que explica la historia de estas peculiares figuras. Su origen se remonta a muchos siglos atrás, a la época posterior al Imperio Romano.

En aquel momento, la devoción giraba en torno a las reliquias: “los Apóstoles, cuando iban por ahí, entregaban un trozo de su manto y era una reliquia porque se consideraba que alrededor de ella está contenida una energía que ayuda a conectar con la Providencia. El ejemplo más sencillo es el agua bendita, que no es más que agua que bendicen y si a un endemoniado le echan unas gotas de ese agua, brama”, explica el autor del libro.

Pero la devoción a las a las figuras sagradas y, en especial, a la virgen, renace cuando las personas vuelven a las antiguas cuevas que habitaban huyendo de los bárbaros que arrasan las ciudades. Esos lugares en los que se les profesa el culto, después se convertirían en ermitas, después en iglesias y después en catedrales. 

Antonio afirma que: “Las vírgenes negras nacen en España. Se hacen con la escoria del hierro, que se trabajaba de una forma parecida a como hoy se trabaja el vidrio moldeado. Una pasta que se echa en un molde vacío y entonces sale una figurilla que nunca puede ser muy grande. La primera hornada de las vírgenes negras se colocan en una hornacina pequeña en donde se reúnen unos poquitos devotos. De estas, el ejemplar más bonito que tenemos y mejor conservado es la patrona de Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles. Esa es la primera veneración”.

La sociedad y sus costumbres van evolucionando con el tiempo, lo que también afecta a la imaginería de la iglesia. Los lugares de oración crecen y las vírgenes tienen que ir a la par, ya que hay que mostrarlas ante más gente. Cambia el material y las figuras empiezan a ser de madera. Pero de color negro.

“Se puede pensar que era una burrada poner a una virgen de piel negra, teniendo en cuenta que la Virgen María era judía, de raza blanca. La explicación viene del uso de resina tostada para proteger la madera. Se utilizaba mucho para calafatear los barcos. No hay más que ir a Venecia y ver que todas las barcas van de negro, como en la Edad Media. Pintar una cosa de negro era hacerla duradera, así que pintaban a la virgen de negro porque no era una piececilla para un año, sino que era algo que se quería que durase más”, tercia el experto.

Con los años el color va introduciéndose en las figuras y los mantos empiezan a colorearse. Parece que las vírgenes negras empiezan a desaparecer, pero cuando los Borbones llegan a España la tez se broncea. Como quien va a la playa para ponerse moreno. 

“Un ejemplo claro es el de la patrona de Jerez, Nuestra Señora de la Merced, que se ve que la pintura negra que le han echado por encima o el barniz o lo que sea se cae a pedazos. Debajo era una virgen rubia pero llegado el momento, la cambian. Esa es la epidemia que hay en las vírgenes, que las cambian de formato a gusto de la época. Si es bueno o es malo ya se podría discutir”, reflexiona Antonio Madroñero de la Cal.

Casualmente, en España todas las vírgenes emblemáticas eran negras. Está, por ejemplo, la Virgen de Guadalupe, que es la de los Reyes de Castilla. Se encuentra en un monasterio situado en Guadalupe, una villa perteneciente a Cáceres. Es la patrona de su lugar de residencia y de Extremadura. Otra Virgen negra muy conocida es la Virgen de Atocha, que se puede ver en Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, en Madrid

Virgen negra de Guadalupe
Virgen negra de Guadalupe (Cáceres). Por Wikimedia

Hay datos curiosos, como los que se refieren a las vírgenes ‘duplicadas’. Por ejemplo, la Virgen del Pilar: la primigenia era negra y cuando la elaboraron, sacaron dos copias. Hubo un incendio y una de ellas se quemó. La original que queda está en un pequeño pueblecito de Ávila llamado Arenas de San Pedro.

Un curioso campo de estudio

¿Qué lleva a una persona a interesarse por un tema tan singular como las vírgenes negras? En el caso de Antonio Madroñero de la Cal, que actualmente está jubilado pero sigue muy activo en su estudio de esta imaginería, la indagación comenzó en su antiguo trabajo.

Como él mismo cuenta: “yo estaba trabajando en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, era un investigador que estaba en un instituto de metales. Los arqueólogos me llevaban cosas que aparecían en las excavaciones. Pero mientras que a mí un mísero clavo de hierro que lleva 2.000 años enterrado y no se ha oxidado me parecía una maravilla, para ellos no tenía mucha importancia. Les interesaban otras cosas”.

Virgen negra de Atocha (Madrid)
Virgen negra de Atocha (Madrid). Por Frayangelico

A partir de ahí, comenzó a indagar y poco a poco entró en el terreno de las vírgenes negras. Fue todo un proceso: “tuve que estudiar cosas que hoy diríamos de Humanidades. Porque claro, un clavo ¿cómo se sabe si es medieval o romano? Hay que ponerlo en el microscopio, ver cómo está trabajado y luego saber cómo funcionaban las artesanías y las tecnologías a lo largo del tiempo. Pues uno medieval se diferencia de uno romano en que la forma es mejor”, comenta.

Ese estudio de lo que él denomina “tecnología antigua” le lleva a descubrir que la joya de ese campo son las imágenes de las vírgenes. “Ahí es donde se ponía lo mejor de lo mejor, lo más bonito. Por ejemplo, la capa de oro se la daba con amalgama para que quedara bien pegada. Es como en otro tiempo han sido los cohetes aeroespaciales o la informática. La punta de la lanza de la técnica”.

A Antonio Madroñero de la Cal le gusta compartir su sabiduría. No dirá que no a la invitación a dar una conferencia y en su blog se puede encontrar más información sobre el tema. Una idea: una ruta de viaje para el verano guiada por las vírgenes negras. Como poco es original y, además, está repleta de historias. 

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