Entre el morbo y el estigma: pueblos marcados por la tragedia
Escrito por
14.01.2026
|
6min. de lectura
Belchite, en Zaragoza. Por danileon
A cada persona nos gusta viajar por uno o varios motivos: para conocer a gente, para descubrir nuevas lenguas, para probar delicias gastronómicas, para visitar grandes monumentos, para acercarse a la cultura e historia local… aunque también hay razones un tanto escabrosas. No son casos aislados quienes buscan destinos relacionados con la muerte o la tragedia. De hecho, tiene hasta un nombre: tanatoturismo o turismo negro (del inglés, dark tourism).
Vamos a acercarnos a algunos de los pueblos de la geografía española que están asociados a asesinatos y dramas que atraen la visita de curiosos. Antes de comenzar, hay que puntualizar que las tragedias en lugares pequeños suelen permanecer a flor de piel incluso pasadas las décadas. Por tanto, es imprescindible acercarse con respeto, no ahondar en heridas que pueden no estar cicatrizadas, no agobiar al vecindario con preguntas morbosas y, por supuesto, no entrar en propiedades privadas.
Escucha el podcast del artículo creado con IA y basado en la investigación de nuestros periodistas:
El tiroteo que puso en el mapa a Puerto Hurraco (Badajoz)
Hay crímenes que, por si no hubieran dado que hablar en su día, todavía se hicieron más conocidos al llegar a la gran pantalla. El crimen de Puerto Hurraco del domingo 26 de agosto de 1990 saltó al cine con la película El séptimo día. Ocurrió en la pedanía homónima perteneciente al municipio de Benquerencia de la Serena, en Badajoz. Un pequeño lugar de 135 habitantes donde una disputa entre dos familias (Cabanillas e Izquierdo) provocó un tiroteo en el que dos hermanos acabaron con la vida de nueve personas.
Todo venía de una disputa de lindes de hacía más de 20 años, con una historia de amor no correspondida por en medio. Antes del tiroteo ya hubo asesinatos, prisión, casas quemadas y amenazas. En el pueblo nunca quisieron que se rodara el film.
Tor (Lleida), pueblo fronterizo con disputas permanentes

Tor es un bonito pueblecito catalán que hace frontera con Francia y Andorra. No tiene cobertura móvil, está rodeado de montañas y apenas lo conforman una calle, 13 casas (y no todas están habitadas) y un bar. Para llegar hay que seguir una carretera que parece más bien una pista forestal (tiene tramos no asfaltados). En la entrada sorprende un cartel que dice: “Cataluña tiene 1.000 años. Tor ya estaba”.
Podría ser un refugio de paz en pleno Pirineo catalán si no fuera porque está manchado por un conflicto de más de 30 años en el que ha habido muertos. Todo empezó por una lucha por la propiedad de las tierras comunales en la que se enfrascaron varias familias del pueblo. Hasta que un tiroteo acabó matando a dos personas en 1980 y otro hombre apareció sin vida en circunstancias sospechosas en 1995. La serie televisiva Tor volvió a recuperar esta historia en 2024 y el pueblo recibió la visita (no deseada, hay que decir) de numerosos tanatoturistas.
El (des)poblado maldito de Muga (Burgos)
Hoy Muga apenas es una sombra de lo que fue. Es un pueblo abandonado de Las Merindades que está siendo devorado por la naturaleza desde que sus últimos habitantes marcharon en 1932. No fue por el éxodo rural, por buscar una vida mejor en la ciudad: el lugar se vació por un horrible crimen ocurrido en 1927. Un día de calor de julio, un hombre asesinó a sus hijas pequeñas con un hacha en el portal de su casa. Siguió con su suegra, con otro hijo que era aún un bebé y, al no encontrar a su pareja y a su suegro para hacerles lo mismo, acabó suicidándose.
La locura de ese hombre estigmatizó Muga para siempre y lo acabó vaciando de personas. Tanto, que en la actualidad lo evitan hasta los labriegos y los curiosos. Sin embargo, lo «bueno» de este pueblo es que, al no tener ya habitantes, cualquier amante del turismo negro lo puede visitar sin miedo a molestar a nadie.
Pueblos marcados por el horror de la Guerra Civil

No todos los pueblos que han estado marcados por la tragedia están relacionados con causas personales. Son muchos los que han sufrido episodios dramáticos durante la Guerra Civil. Hay tantos que no sería aventurado decir que todas las zonas rurales sin excepción aguardan tristes historias —conocidas o no— de aquellos años de odio y enfrentamientos. En este caso, visitarlos y descubrir sus historias ayuda a ser conscientes de lo que pasó y no debería volver a ocurrir.
Vamos a destacar unos pocos. Empezamos en cuatro pueblecitos de Castellón: Albocàsser, Benassal, Ares del Maestrat y Vilar de Canes. Sobre ellos, aviones de la Legión Cóndor que envió Hitler para ayudar a las tropas de Franco lanzaron hasta 36 bombas que mataron a más de 40 personas en mayo de 1938. Estaban a más de 60 kilómetros del frente. Entonces ¿por qué atacaron en este punto? Porque lo usaron como campo de pruebas de nuevas técnicas y nuevas armas, como explica el documental Experimento Stuka.

Este hecho nos lleva a pensar directamente en Gernika (Vizcaya), el municipio vasco que sufrió otro ataque fascista y cuyo horror visibilizó e internacionalizó Pablo Picasso en su famoso cuadro. Hoy, su Museo por la Paz es una visita imprescindible para conocer todos los detalles sobre el bombardeo. Aunque el cuadro del pintor malagueño está en Madrid, se puede ver una réplica a tamaño real en azulejos en la misma calle que la Casa de Juntas de Gernika.
Acabamos con Belchite, en Zaragoza. Es un municipio tristemente conocido por estar construido junto al antiguo pueblo, donde se produjo uno de los combates más cruentos de la Guerra Civil en el verano de 1937. Acabó con la vida de 5.000 personas y dejó un pueblo arrasado. Hoy las ruinas son visibles y visitables, como un museo al aire libre que se ha convertido en todo un símbolo de la cultura de la paz y de la memoria histórica.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
Etiquetas
Si te ha gustado, compártelo
Publicidad












