Por Donnerbold

A Sergio Crespo le detectaron esquizofrenia en 1999, cuando tenía 23 años. Desde entonces, como otros pacientes de esta enfermedad, sentía apatía, le costaba salir de casa y relacionarse. “La vida resultaba complicada”, nos cuenta.

Todo cambió cuando en AVIFES (Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental), se apuntó para participar en el documental ¿Y si te dijeran que puedes? dirigido por Javier Álvaro.

El largometraje –que en 2019 obtuvo 6 candidaturas a los Goya– lucha contra el estigma de las enfermedades mentales a través de sus protagonistas: Bea, Gonzalo, Fernando, Emilio y Sergio. Cinco pacientes con esquizofrenia que, sin experiencia en los deportes de aventura, se atrevieron a ascender una de las montañas más emblemáticas (y complicadas) para los alpinistas: el Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu en asturiano). “El reto me parecía algo imposible”, admite Crespo.

La elección de esa cima no fue fortuita. Según nos cuenta Johanna Maluenda, Responsable del Área comunitaria y Vida independiente en AVIFES, la propuesta la hizo Sebastián Álvaro, el aventurero y creador de la serie Al filo de lo imposible. El motivo: es un símbolo de lo inaccesible para los escaladores.

Ninguno de los participantes tenía conocimientos de escalada ni buena condición física –algunos dejaron de fumar durante los entrenamientos–, por lo que para prepararse tuvieron que enfrentarse a varios retos. El primero fue subir el monte Gorbea (1.482 m), en el País Vasco. Después ascendieron el Mondoto (1.962 m), en Huesca. Recorrieron una vía ferrata en los Mallos de Riglos (Huesca) y, por último, superaron el vértigo sobrevolando Segovia en globo.

Casi tres semanas de ejercicio acompañados de un equipo de médicos y de alpinistas experimentados como Juanjo San Sebastián, Bernabé Aguirre, Laureano Casado y Juanito Oiarzabal. También del público que, según iban avanzando las pruebas, les seguía.

En términos médicos, la esquizofrenia tiene unos síntomas positivos como las alucinaciones y los delirios; pero, también tiene unos síntomas negativos que son más complicados de tratar: la apatía y la incapacidad de disfrutar de lo que realmente les gusta. Según Maluenda, “El contacto con la naturaleza es importantísimo por los valores con los que se trabaja: compañerismo, superación, esfuerzo, valentía, etc.”

Lo que en un principio parecía imposible, no solo lo hicieron, sino que a Crespo le cambió la vida: “Cuando lo logramos sentí alegría, emoción. Éramos una piña. Por supuesto, no fue nada fácil, no somos gente deportista. Pero, desde que subí al Naranjo de Bulnes me apetece hacer más cosas. Lo que antes me parecía complicado, ahora sé que puedo hacerlo”.

La aventura como terapia

Por Strahil Dimitrov

Esta forma de terapia, que se basa en realizar actividades en la naturaleza, no es nueva. En Estados Unidos, Canadá, Australia, Alemania e Inglaterra –entre otros países– se lleva aplicando desde hace más de 40 años. En España solo se realiza desde hace 4 años.

Experientia es una de las asociaciones españolas pioneras en utilizar la terapia de aventura para favorecer la salud mental en nuestro país

Según Alexander Rose, psicólogo y presidente de la asociación, “La naturaleza como parte de las terapias está infravalorada. Los beneficios de su uso están demostrados. Si ya a la gente que cuenta con una buena salud mental les beneficia, cómo no iba a venir bien a aquellos que tienen problemas”.

Rose aprendió sobre la terapia de aventura en Estados Unidos, donde trabajó varios años; igual que otros de sus compañeros de Experientia. Actualmente, la empresa está en Valencia y Barcelona, aunque han aplicado sus programas a otras ciudades españolas y europeas.

Alexander Rose dice que hay que diferenciar entre terapia a través de la naturaleza y el uso de la naturaleza como terapia. “Puede parecer lo mismo, pero el primero de ellos utiliza una actividad de aventura para trabajar una enfermedad mental en concreto. Un psicólogo prepara un programa específico según las necesidades del paciente”. El uso de la naturaleza como terapia, en cambio, serían los baños de bosque, que los puede realizar todo el mundo sin necesidad de tener un diagnóstico.

Experientia trabaja con personas con diferentes enfermedades. “A los que sufren trastorno espectro autista el contacto con la naturaleza les ha ayudado a enfrentarse a sus miedos y problemas. A ellos les cuesta cambiar rutinas, por lo que al exponerlos a situaciones que no controlan como el clima, el tiempo, la fauna, etc., hace que improvisen y sean espontáneos”, explica Rose.

Estas terapias también son beneficiosas para los que han superado un cáncer, pues en ocasiones se ven como víctimas. “Al realizar una ruta, subir montañas o hacer deporte se sienten más ágiles y notan un bienestar físico, lo que hace que afronten su situación y se lo tomen como un reto. También ocurre con los pacientes que tienen depresión, que les ayuda a que se sientan mejor física y mentalmente”, continúa.

Experientia trabaja con hospitales y fundaciones. Cada proyecto es diferente, dependiendo de la enfermedad. “Trabajamos con grupos de autistas durante 7 días en la naturaleza, en una granja de Galicia. También hacemos escapadas más cortas, de 4 días; así como sesiones de 2-3 horas semanales”. Los grupos suelen estar formados por 8-12 personas y están acompañados por 3 profesionales.

Todos necesitamos la naturaleza para estar sanos

Por Roel Slootweg

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en España, más de un millón de personas tienen un problema de salud mental grave. “Sigue habiendo poca información acerca de los diferentes trastornos, lo que provoca que el desconocimiento genere prejuicios contra las personas con problemas de salud mental”, nos escribe Remedios Perogil, responsable del Programa de Ocio y tiempo Libre de la Confederación de Salud Mental España.

Estos problemas no tienen que ver con el carácter, ni es culpa de la persona. Las causas suelen ser una combinación de factores genéticos, del entorno social y de experiencias vividas. La mayoría de los problemas de salud mental suelen iniciarse en la adolescencia y juventud; o tras sufrir algún suceso traumático como perder un trabajo, la muerte de un familiar, una separación o un desahucio.

Para tratarlos, cada trastorno debe de tener su propio método psicológico, farmacológico, rehabilitador y social. “Se deben diseñar intervenciones continuadas y personalizadas para cada uno de los casos”, dice Perogil.

Según la Encuesta Nacional de Salud de España de 2017, la ansiedad afecta ya al 6,7%, exactamente la misma cifra de personas con depresión. En ambas es más del doble en mujeres (9,2%) que en hombres (4%). Estas cifras van en aumento. En el caso de la depresión, se estima que será la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030.

Para cuidar la salud mental, Perogil recomienda llevar una dieta equilibrada, evitar el consumo de tóxicos, cuidar la higiene personal, la vestimenta, evitar la vida sedentaria y disfrutar del tiempo de ocio.

Una escapada que cura la mente

Los Castaños - Casa Rural y de Salud

Un estudio realizado por la Natural England, y publicado por el Gobierno de Reino Unido en 2016, afirma que participar en actividades en la naturaleza ayuda a las personas que sufren problemas mentales. También puede contribuir a reducir los niveles de ansiedad, estrés y depresión.

En España, hay casas rurales situadas no muy lejos de las grandes ciudades que se dedican al cuidado de la salud física y mental. Los Castaños, en Cercedilla (Madrid) es una de ellas.

“Cuando estamos mal es porque el sistema nervioso se ha desbarajustado. Cada persona lo demuestra de una forma diferente, por lo que cambiar de lugar y salir de la rutina es beneficioso para la salud. El campo es un espacio abierto, tranquilo, donde podemos conectar con nosotros mismos”, nos explica Carmen, propietaria de Los Castaños.

Este fue uno de los motivos por los que, junto con su marido, dejó el despacho de psicólogos que ambos tenían en Madrid para montar una casa rural dedicada a la salud en plena sierra.

La casa lleva abierta a los pacientes desde 2003 y sigue la típica arquitectura de montaña: es de piedra y madera. Tiene un amplio jardín, piscina, granja, sala de juegos, un espacio para masajes y relajarse, biblioteca y, además, está cerca de una zona de baño natural.

“A los pacientes les beneficia venir aquí porque tienen tiempo para pensar, relajarse, se encuentran a ellos mismos y es ideal para recuperar fuerzas. A los que vienen acompañados por especialistas les viene muy bien los paseos por el campo”, comenta Carmen.

Actualmente, Los Castaños es un complejo rural que se está estableciendo como ONG –Asociación el Manantial. En él trabajan 2 profesionales, aunque cuentan con un amplio grupo de expertos en diferentes materias que imparten clases de biodanza, canto armónico, meditación, yoga y kin-jo (una modalidad de arte marcial moderno).

La casa ofrece tratamientos ayurvédicos (un masaje para entender el cuerpo, encontrar las energías y lo emocional) y terapéuticos para combatir el estrés, convalecencias o la depresión. “La mayoría de los huéspedes vienen voluntariamente, aunque sí que los hay que llegan por recomendación de sus padres, psicólogos o psiquiatras. En este último caso siempre vienen tutelados, con un profesional”, explica.

Los viajeros que visitan Los Castaños suelen ser mujeres maduras con estrés emocional, cansadas, que han vivido algún divorcio o que necesitan desconectar. “Los hombres vienen menos, aunque llegan en peor estado que ellas”, comenta Carmen entre risas.

Los alrededores de la vivienda son perfectos para hacer un baño de bosques. Una técnica japonesa –que recibe el nombre de Shinrin Yoku– que consiste en disfrutar de la naturaleza con los cinco sentidos. Se recomienda dar un lento paseo por el bosque prestando especial atención al olor que desprende y al ruido que puede hacer el viento y el movimiento de las hojas; sentarse e incluso abrazar a los árboles.

Una práctica que, según los estudios en Japón, reduce el estrés, disminuye la presión arterial y mejora la salud cardiovascular.

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