
No seguir las etapas que marcan las guías del Camino de Santiago tiene unas consecuencias: perder a esa familia con la que nos hemos ido cruzando y saludando en la parada del café, en el descanso de la cervecita y en la cena en el albergue.
“El Camino lo puedes hacer de mil maneras, hay miles de opciones. Pero las etapas tienen un sentido. Vas con una gente, que acaba siendo la tuya. El primer día vas cortado, pero te vas cruzando a las mismas personas, te dicen buen camino, te adelantan, los pasas después tú porque han parado en una terraza… pero al final vais haciendo ojos todo el tiempo y, cuando acabas la jornada, es como si ya le conocieras. Como si fueran vecinos. Y se convierten en tu gente”, reflexiona Mónica López.
No es una peregrina. De hecho, nunca ha hecho el Camino de Santiago. Pero quien haya recorrido varias etapas de la ruta jacobea, seguro que siente muy identificado o identificada con sus palabras. Y es que, pese a no haber caminado nunca con una pesada mochila a la espalda durante días, conoce muy bien cómo es uno de los peregrinajes más importantes del mundo. Lo vive a través de los ojos, anécdotas y experiencias de decenas de personas cada día y desde otro punto de vista: es hospitalera en el albergue Don Álvaro de Sarria, localidad de Lugo muy popular porque permite recorrer los últimos 100 kilómetros necesarios para obtener la “Compostela”.
En albergue o con más comodidades… o ambas cosas
En la actualidad hay muchas formas de vivir el Camino de Santiago y cada cual elige la que más se adapta a su forma de ser, necesidades, condición física y presupuesto. Hoy te pueden llevar la mochila en furgonetas hasta el fin de etapa que elijas y dormir en casas rurales u hoteles para no tener que aguantar los ronquidos ajenos y gozar de más privacidad. Lo más auténtico es dormir en literas en un albergue, porque como dice Mónica López, “compartir habitación con otra gente te crea unos vínculos que no tienes si no lo haces”. Pero tampoco se trata de elegir una u otra opción: son varias etapas y muchos kilómetros, así que se pueden alternar las comodidades con los espacios más comunales.

En Arzúa, donde se juntan los peregrinos del Camino Francés, Camino del Norte y Camino Primitivo, la Casa Os Lindeiros recibe a algunos de ellos. No son el grueso de sus huéspedes —de hecho, está a un desvío de unos 3 kilómetros, que los caminantes suelen hacer en taxi—, pero de vez en cuando se dejan caer por esta casa algunos mochileros, sobre todo en verano. Lo gestiona Antonio García, quien explica que les llegan sobre todo grupos que “buscan un poco más de comodidad y amplitud” para “descansar mejor”. Él tampoco ha hecho nunca el Camino de Santiago, aunque algún día le gustaría caminar desde Sarria, empujado por las historias de aventuras que traen sus peregrinos ocasionales.
Despedidas a diario y anécdotas de todo tipo
Mónica López tiene contacto con el Camino de Santiago desde siempre, ya que hace décadas regentaba alguna tienda en Sarria. Sin embargo, admite que el albergue es mucho más “agradecido”: “Cuando la gente entra a comprar, va con un escudo porque sientes que el contacto es para venderte algo. En el albergue, que abrió hace 20 años, la relación es más natural porque vienen ya sabiendo el precio y no están en esa tensión constante. Aquí te cuentan cosas, compartes el día, les ofreces ayuda… Aunque solo es un día, es muy intenso”.
Cuando está a gusto con alguien, lo vive como “cuando viene a casa un familiar que vive lejos o un amigo al que ves poco”: “Aprovechas el tiempo porque eres muy consciente de que es muy probable que no le vayas a volver a ver en la vida. Estás muy atento de él e intentas que esté a gusto. Eso es lo que intentamos aportar los hospitaleros. Creo que somos más conscientes de las despedidas que los peregrinos que entran por la puerta”. Claro, porque vive esos adioses “todos los días”. Y algunas veces, vuelven caras conocidas y el reencuentro es “muy emotivo” aunque hayan pasado tres años. En otras ocasiones, con tanto ir y venir, cuenta divertida que le abrazan personas de las que ni se acuerda. ¡Pasan tantas cada día…!
Desde su perspectiva de anfitriona, Mónica López ha vivido y escuchado mil anécdotas. Se anima a compartir una especialmente bonita: “Hubo unos chicos que empezaron el camino cada uno en un sitio, por separado. Cuando volvieron a sus casas, se hicieron pareja y, al año siguiente, se casaron y volvieron al Camino de Santiago en su luna de miel. Venían recordando y celebrando todo lo que habían vivido”.
Hacer el Camino de Santiago sin salir del albergue: «Es el psicólogo más barato»

La hospitalera confiesa que le gustaría hacer el Camino de Santiago, pero ha asumido que no lo tiene fácil por problemas de salud. Admite que ve la experiencia de los demás con cierta envidia: “La verdad es que lo sufren, no todo es alegría, pero lo que ganan supera a lo que pierden o lo que les cuesta”.
“Siempre digo que el Camino de Santiago es el psicólogo más barato. Acudes a él cuando tienes una situación que necesitas contar a alguien, pero quizás no se lo puedes decir a tu familia o a un amigo porque le concierne. En el camino, si necesitas contarle algo a alguien, se lo sueltas. No te implica nada, o solo hasta donde tú quieres. Todos necesitamos un tiempo en la vida donde seas tú, donde no te obligue nadie a ser de otra manera. Y eso te lo da el Camino de Santiago. No te piden explicaciones, das las que tú quieres. Y si quieres ser algo que no eres, ¡también puedes hacerlo!”.
De alguna manera, Mónica López puede decir que ha hecho el Camino de Santiago. Lo conoce tan bien como sus peregrinos (o incluso mejor). Y es que los hospitaleros y anfitriones son una parte importante de la ruta jacobea. Porque uno puede caminar solo una etapa, o dos. Ahora bien, luego, como dice ella, “nos gusta la gente”. “Caminando igual no tienes ganas de hablar y cada uno lleva su paso. Es bueno estar contigo en esos momentos. Pero después, cuando te vas a comer o a tomar la cerveza, quieres contarle a alguien que has estado con una señora que tenía una vaca, o lo que sea. El momento de relax es estar sentada hablando con otros”, afirma.
Siempre digo que el Camino de Santiago es el psicólogo más barato. Acudes a él cuando tienes una situación que necesitas contar a alguien, pero quizás no se lo puedes decir a tu familia o a un amigo porque le concierne. En el camino, si necesitas contarle algo a alguien, se lo sueltas. No te implica nada, o solo hasta donde tú quieres
(Mónica López, hospitalera del albergue Don Álvaro de Sarria)
Tal cual. Siente como si lo hubiera vivido en Roncesvalles tras cruzar los Pirineos desde Saint-Jean-Pied-de-Port, como si se hubiera desplomado en una terraza de Berducedo después de la exigente etapa de Hospitales o como si hubiera parado a refrescarse con una cerveza por una calurosa etapa en Guillena.
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Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.












