Por viennetta14

De la Praça da Figueira de Lisboa sale el tranvía que tiene como destino una de las sucursales del cielo para los golosos. El número 15 llega hasta el barrio de Belém, en la ribera del Tajo, en donde se encuentra la ilustre factoría de los pasteles que se llaman como su casa.

Estos dulces tienen forma de tartaleta y están elaborados con hojaldre y crema. Nacieron a principios del siglo XIX y portan un buen relato a sus espaldas.

Según narra la historia, cuando en 1820 se inició la Revolución Liberal de Portugal, todos los conventos del país se cerraron dejando a quienes vivían en ellos en la calle y sin sustento. Así que para ganarse la vida uno de sus habitantes decidió empezar a vender estos pasteles en un comercio asociado a una refinería de caña de azúcar que había cerca.

Sin saberlo, había iniciado un negocio que acabaría siendo todo un emporio de la repostería. Su ‘start-up’ empezó a funcionar en 1834 y hoy todavía hay colas en las puertas del local para comprar sus famosos Pastéis de Belém, ahora una marca registrada por esta empresa.

Secreto, secreto

Por vouvraysan

Como todos los productos longevos y con misticismo tiene una receta secreta cuya fórmula sólo conocen unos pocos privilegiados que darían su vida para protegerla. A lo mejor no de manera literal, pero sí que tendrían que pagar un precio indicado en el contrato de confidencialidad que todos firman en la oficina del secreto (sí, la llaman así) para acceder a ella.

Se supone que actualmente la mezcla mágica está en manos de seis personas: tres miembros de la familia propietaria del negocio y los tres jefes pasteleros responsables de su elaboración.

En 1837, después de haber ganado bastante dinero con su invento, el repostero emprendedor le vendió el negocio a un comerciante portugués que había vuelto de Brasil.

Se llamaba Domingos Rafael Alves y casi dos siglos después la fábrica sigue en manos de su familia. Él fue quien hizo que la empresa creciese y hoy en día llegan a vender hasta 20.000 unidades en un sólo día. Poca gente se va de Lisboa sin pasar por su mostrador.

En la casa, ahora regentada por Miguel Clarinha, trabajan 180 empleados que todos los días hacen funcionar el entramado necesario para dar servicio a semejante demanda.

En la cocina tienen un espacio cerrado en el que los cocineros poseedores de la receta auténtica elaboran la masa y la crema. Sus ingredientes principales son azúcar, leche y yema de huevo y “se dice” que se cocinan en un horno a 400 grados. Y hasta ahí se puede contar.

Los genéricos

Por António Duarte

Por supuesto, este tipo de dulces no sólo se prepara en este establecimiento de Belém sino que en muchas pastelerías de Portugal se pueden encontrar con el nombre de “pasteles de nata”.

De hecho, en 2012 se puso en marcha la cadena Nata Lisboa, bajo el rotundo lema The World needs nata (El mundo necesita nata). La idea surgió de la mente del publicista portugués Carlos Campos, de ahí la importancia que le han dado al marketing. Actualmente tienen 25 tiendas en Portugal y nueve en Europa (una de ellas en Bilbao), según su página web.

Asimismo, la Asociación del Turismo de Portugal promueve cada año un concurso para escoger el mejor pastel de nata de Lisboa. En 2018, su décima edición, el primer lugar del podio lo ocupó la casa Mercado do Peixe (Estrada Pedro Teixeira, 78). El segundo lugar fue para la pastelería Fidalgo’s (Moita) y el tercero para la pastelería Batalha (Venta del Pino).

La marca Pastéis de Belém no participó en el certamen. Al fin y al cabo, ellos no necesitan premio que les avale y se esfuerzan en diferenciarse del resto con detalles como que su producto sólo se vende en Portugal: todo lo que se comercialice a nivel internacional no lleva su nombre.

A por pasteles ¿y qué más?

Por moedas1

Degustar los pasteles de Belém en el establecimiento en el que se fabrican, recién salidos del horno y con su dosis de canela espolvoreada en el momento tiene un plus gastronómico.

Cuanto menos tiempo pase entre que se elabora y se come, mucho mejor, ya que el hojaldre pierde algo de ligereza con el paso de las horas y la textura de la crema también cambia levemente. Son detalles muy sutiles, pero que conviene tener en cuenta.

Además, también está la ventaja de “vivir la experiencia” (ese concepto tan contemporáneo) de merendar en uno de sus jardines mirando al Tajo, con la luz tan característica de Lisboa reflejada en su superficie.

Pero en el barrio, situado al oeste de la ciudad, también existen otros puntos de interés además del monasterio de los Jerónimos –una obra representante del gótico manuelino (reinado de Manuel I)– y la fábrica de Pastéis de Belém.

Por un lado, está el El Monumento a los Descubrimientos, que se construyó en 1960 como homenaje a los marinos y descubridores portugueses en el quinto aniversario de la muerte de Enrique el Navegante, uno de los más representativos.

También se encuentra la Torre de Belém que en su momento sirvió como protección de la entrada al puerto a través del río. Posteriormente se utilizó como prisión y como oficina de recaudación de impuestos.

Los interesados pueden inspeccionarla tanto por fuera como por dentro. Tanto ella como el monasterio son de la misma época y están declarados Patrimonio de la Humanidad.

Un buen plan para darse un festín gastronómico en la capital lusa es comer al mediodía un buen plato de caldeirada de bacalao o unas sardinas a la brasa con un chupito de ginjinha para tener una buena digestión.

Después, caminar por sus calles y, antes de que el sol se ponga, desplazarse hasta la fábrica Pastéis de Belém y chuparse los dedos al terminar. Hay que tener cuidado: pueden ser adictivos, así que lo mejor es calcular la cantidad de tartaletas que se quieren comprar para no tener que esperar su irremediable cola dos veces.

Casas rurales en los alrededores de Lisboa

Un Comentario publicado

  1. António
    Publicado 27 abril 2019 en 16:44

    Hay un “Nata Lisboa” en Barcelona también desde hace años: Nata Lisboa
    Carrer de Mallorca, 277, 08034 Barcelona
    930 11 88 62
    https://maps.app.goo.gl/BZFLNjZdgC8DcpdD8

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