Serra da Estrela. Por Dan2photo.com

El Portugal continental no tiene un perfil demasiado accidentado, pero tampoco es Gales, donde en el año 1917, Reginald Anson (Hugh Grant) y George Garrard (Ian McNeice) llegaron a Fynnon Garw para medir una colina a la que le faltaban 20 pies para ser montaña.

Cierto. Esa es la historia de la película El inglés que subió una colina pero bajó una montaña. Así que para que no te suceda lo mismo, que pienses que vas a una montaña, pero no alcanza ni para colina, aquí tienes los destinos con mayor altura de Portugal.

1. Serra da Estrela: el techo del Portugal continental

Por Nuno Valente

Para subir al techo del Portugal continental hay que ir hacia la parte más occidental del sistema central. Allí, la Torre despunta en el horizonte, con una altura de 1.993 metros. En Portugal no hay nada más alto, salvo la montaña del Pico, en las Azores.

Este es el paisaje contundente de Seia, en el Parque Natural Serra da Estrela, que tiene el honor de ser el primer parque natural de Portugal, además de ser la mayor área protegida portuguesa. A pesar de que es un entorno de gran belleza, con una naturaleza espectacular de bosques de robles, lagos glaciares y formaciones geológicas, es muy poco conocido fuera de Portugal, por lo que no suele estar demasiado concurrido.

En invierno se ve más animación, pues es un destino muy popular entre los esquiadores. Aquí está la estación de Esquí Vodafone, la única de todo el país. La carretera que sube hasta lo alto de la Serra da Estrela es en sí un destino. Son curvas y curvas, pero el paisaje que se va apareciendo por la ventanilla bien vale la pena.

Alcanzar la cima tiene algo de paisaje lunar por la escasa vegetación, el suelo rocoso y, sobre todo, por sus dos estaciones de radar de estética vintage, que antaño formaron parte del ejército. Hay un curioso mercadillo donde se puede comprar desde embutidos y quesos de la región a una zapatillas, de esas para andar por casa con los pies calentitos.

2. Serra de Gerês: una montaña en el único parque nacional de Portugal

Por Vic

Para alcanzar la segunda mayor elevación del Portugal continental, hay que ir justo hasta la frontera con Galicia. Ahí está el pico da Nevosa haciendo equilibrismo entre un lado y otro de ambos países. Su silueta granítica, quebrada casi como una muela, destaca rápido en la lejanía.

Si se pretende subir sus 1.548 metros de altitud habrá que dirigirse hasta el Parque Nacional Peneda-Gerês. Vale la pena conocer el único parque nacional de Portugal, que se creó el 8 de mayo de 1971. El parque es un universo de exuberancia natural con senderos que seguir, cascadas, ríos y pozas de agua transparente, playas fluviales y pueblecitos de granito.

El paisaje destaca sobre todo en otoño, cuando los robles y hayas explotan en colores que van del amarillo a los granates y pintan una de las postales otoñales más bellas de Portugal. Para conocer este universo, Caldas do Gerés, en el fondo de un bucólico valle, es la base de operaciones perfecta. La mejor forma de conocer el parque nacional es recorriendo la Vía Nova o Vía XVIII, tal como lo hacían los romanos de la época que viajaban de Braga a Astorga. La ruta atraviesa los bosques durante decenas de kilómetros, marcados aún por los antiguos miliarios (los postes kilométricos de la época).

La presencia humana en este entorno se ha basado en un equilibrio y respeto absoluto por la naturaleza. Ello ha moldeado el paisaje, en el que destacan los bancales construidos en piedra para aprovechar los agrestes terrenos. Salpicados aquí y allá, aparecen los pueblos de granito gris adaptados al entorno, y que vale la pena visitar: aldeas aisladas como Pitões das Júnias o Ermida; Soajo, con sus tradicionales espigueiros al modo de los hórreos gallegos, o las más turísticas como Vila do Géres, donde destaca su balneario y sus termas.

3. Alturas mitológicas: sierra de Larouco

Por Vic

El dios celta Larauco da nombre a esta sierra en la que encontramos la tercera mayor elevación del Portugal continental. Es la tercera por muy poco, pues tan solo trece metros la separan de la segunda cumbre. Pero en esto de las montañas de poco sirve ponerse de puntillas como en las fotos de grupo.

Para dar con ella hay que viajar hasta el extremo norte del país, en la provincia de Trás-os-Montes, en el municipio de Montalegre, distrito de Vila Real. Muy cerca de nuevo con Galicia, que es donde Portugal tiene una orografía más accidentada. A los entusiastas de los pedales, el escenario les resultará conocido, ya que en alguna ocasión ha sido protagonista de las gestas de ciclistas en la Vuelta de Portugal.

Las leyendas cuentan que el dios Larauco aparecía siempre acompañado de terroríficas serpientes voladoras y lagartos que podían adivinar el futuro. Era tan poderoso que nadie sabía cuáles eran los límites de sus poderes, pero en lo que estaba todo el mundo de acuerdo era que controlaba todo lo que tuviera que ver con el clima: los rayos y truenos, las lluvias, la nieve, el frío y el calor. Tal vez por ello, los romanos pronto lo asociaron con Júpiter y le tenían auténtico terror.

Lo cierto es que poco se podían imaginar que con el tiempo su cima pasaría de ser divina a ser uno de los destinos punteros del parapente peninsular. En la sierra de Larouco se organizan pruebas internacionales, como el Campeonato Nacional de Portugal y de la Copa del Mundo, y es lugar escogido por diferentes empresas que ofrecen vuelos en parapente. Esta sierra también es un lugar ideal para la observación de aves en su estado natural.

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