Las cimas agrestes de la sierra de Gerês tienen un hueco reservado en el Parque Nacional da Peneda-Gerês. Agua, peñascos, bosques y costumbres ancestrales, donde los ganados incluso campan a sus anchas por las aldeas, proporcionan un recuerdo inolvidable. Incluso se puede andar por los restos de la vía romana que va desde Campo do Gerês a Mata da Albergaria, recordando los tiempos de las legiones y parando en los marcos “miliários”, a la sombra de una densa vegetación.

Ocultas en el interior de la región Centro de Portugal hay 12 aldeas que son una delicia para los viajeros curiosos y aventureros. Están cercadas por pequeños caminos sin explorar, por lo que las Aldeas Históricas de Portugal son perfectas para recorrer en bicicleta o caminando, siguiendo las huellas ibéricas que el tiempo no ha podido borrar.

Conocida como “la Atenas lusa”, Coimbra nos sirve de punto de partida para esta ruta. El esplendor que rodea a esta ciudad, cuna del Renacimiento nacional y sede de una de las universidades más antiguas del mundo, se palpa al doblar cada esquina. Ruinas romanas, leyendas amorosas y aldeas de pizarra sirven de preámbulo a la sierra de Lousa, caracterizada por unas impresionantes vistas y por dar hogar a las abejas que fabrican una miel que alegra la vida.

Como ocurre con el Rioja, por ejemplo, hay diferentes tipos de vino de Oporto, determinadas por la uva utilizada y el tiempo de envejecimiento en los barriles de madera. Los más populares son el Ruby y el Tawny además de los blancos y los rosados…

Situado a unos 30 kilómetros de la ciudad de Lisboa, la UNESCO declaró el Parque Natural de Sintra Patrimonio de La Humanidad en 1995. Un sitio perfecto para escapar de la urbe y quemar las calorías del bacalao y los Pastéis de Belém siguiendo sus rutas…

Durante siglos, Nazaré fue un pueblo marinero al norte de Lisboa donde los pescadores tenían miedo a las olas gigantescas que rompían en la costa. Antaño, se enseñaba a los niños a evitarlas. Hoy, lo de las olas es como si les hubiera tocado la lotería.

Sus viñedos, playas, fortalezas y emblemáticos pueblos atraen cada año a miles de visitantes; por algo será. Hoy te sugerimos un viaje en el tiempo, de vuelta al S.XII, donde poco separa lo mítico de lo humano, lo legendario de lo religioso… ¿Oyes eso? Los caballeros de la Orden del Templo desenvainan sus espadas. Es tierra con carácter y merece ir sin prisas.

Solo desde las alturas se alcanza a comprender el urbanismo de una ciudad y sus barrios, o se llega a ver el horizonte en el mar o el paisaje de montañas que nos empequeñece. Estos miradores de Portugal son buena muestra de todo ello; los hay que aprovechan los muros de un castillo o que dan al mar o que se alzan desde plataformas de vértigo.

Portugal está preparado para que incluso a los que no les guste el bacalao acaben comiéndolo. Según se dice, tienen más de 1.000 recetas para prepararlo, así que entre tanta variedad, alguna habrá que convenza al comensal más reacio. Ante tal alarde de creatividad, sería bastante descortés no probarlo por lo menos.

Tradicionales, bohemios, de antigüedades, más o menos conocidos… Sean como sean, los mercados siempre son la pieza clave de cualquier viaje. Ahí, frente a nosotros, el color, los sabores, la luz, el trasiego de lo cotidiano, las tradiciones nos hablan del lugar mejor que cualquier guía. Por eso, en toda ruta hay que guardar siempre tiempo para aventurarse por los mercados igual que por los museos. Si viajas a Portugal, estos son de obligada visita.
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