Tener un perro nos sube la moral y la autoestima porque para ellos somos the best, o sea, los mejores. Nos obliga a hacer ejercicio, a salir de casa, al parque o al campo, a relacionarnos socialmente con los dueños de otros perros, alivia nuestra soledad y depresión porque su amor es incondicional, y si tenemos niños, los estimula, cansa, entretiene y educa. Quizás por eso el perro es el animal favorito de compañía en España y hay canes en el 21,9% de los hogares, según datos de la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC).

Al margen de porcentajes, los perros se han convertido en uno más de la familia. Y cuando ésta se va de fin de semana o vacaciones de verano no quiere dejarlos con familiares o en una residencia canina, que le supone un gasto extra. Por eso cada vez son más los establecimientos hoteleros y casas rurales que los admiten. Una de ellas es La Casa del Altozano, en la sierra de Gredos. Ela, la perrita de los dueños, explica las ventajas de estas casas rurales.

Me llamo Ela, soy una perrita abulense mezcla de Border Collie y Bretón, de color blanco y negro. Soy pequeña, simpática, agradecida, bromista, curiosa y algo pesada (eso dicen). Vivo en un pueblo de la Sierra de Gredos, concretamente en Barajas, Navarredonda de Gredos (Ávila). Soy aún joven, bueno no tanto, tengo ya un año y medio, el 19 de octubre será mi segundo cumpleaños.

Os escribo a los perros de ciudad para explicaros por qué cada vez hay más casas rurales que admiten perros y cuáles son las ventajas. Hay muchas, pero ¿sabéis cuál es la principal? pues muy sencillo: que podréis venir vosotros. Además, para vuestros dueños suponen un ahorro y evitan quebraderos de cabeza. Si os traen, se ahorran un buen dinero, porque no os tienen que dejar en un albergue o similar ni pedir el favor de que os cuiden a un familiar, que siempre es engorroso para ellos y algo humillante para vosotros, sobre todo a ciertas edades…

Otra ventaja es que las casas rurales que admiten perros son casas, como su nombre indica, no pisos, con lo cual por lo general hay más espacio para jugar y olisquear que en vuestra propia casa, y todo es nuevo y por descubrir, que en mi caso, que soy un cachorro, es algo vital. Seguro que los más pequeños estaréis de acuerdo conmigo.

Estas casas suelen tener jardín, corral o similar. Por fin podréis estar a vuestro aire, revolcaros en la hierba y esas cosillas que nos gusta a hacer a los perros. En el caso de nuestra casa, tenemos un enorme prado por delante donde podréis correr y jugar al balón con vuestros dueños. Y lo mejor de todo: me podréis conocer a mí y, si se tercia, echar una pachanguita. Pero aviso: mi dueña a veces me llama KubEla, no sé, creo que porque dicen que hubo un futbolista humano buenísimo de nombre Kubala.

A pesar de que soy joven, ya he hecho bastantes amigos en la casa rural: Vera, Kira, Gordo, Chester, Luna, Aquiles… ¡ah, y Sidgrid y Rita, que siempre vienen en agosto! Muchos amigos, sí, porque si algo tienen las casas rurales que admiten perros es que vienen muchas mascotas, y ahí estoy yo para conocerlos y, si los dejan sus dueños, llevármelos de paseo por el campo y enseñarles el pueblo. La verdad, para qué engañaros: no suelen dejarlos. Al principio los dueños están un poco tensos, pero pasado un rato, cuando ven lo a gustito que estáis, se relajan. Es el efecto que tiene Gredos…

Si hay algo que pasa en las casas rurales que admiten perros, es que te lo pasas de miedo. En la nuestra puedes ver en los prados cercanos vacas y caballos, en el corral de detrás a veces cerdos, como mi amigo Salchichón, un cerdo gordito y rosado, que despareció en noviembre en extrañas circunstancias.

Ah, y en el campanario de la iglesia veréis a las cigüeñas, que a veces bajan al prado a picotear insectos y puedo perseguirlas. ¡Adrenalina pura! Para los que seáis un poco sádicos os contaré un secreto: por el jardín hay varios “gatos piratas”, o sea, sin dueño: Manchitas, Gordito, Skiper… que están acostumbrados a que los persiga. No les hago nada, pero me encanta correr detrás de ellos.

Eso sí, una advertencia os hago: ni se os ocurra hacer daño a Nano, el gato de la casa, es el ojito derecho de mis dueños y si algo le pasara, sería una desgracia familiar que nunca os perdonarían. Os lo describo para que no haya desagradables confusiones: Es gris y blanco, muy grande, y demasiado listo para mi gusto, un poco “acusica” y pelota, pero buen gato, ¡lo siento, no puedo evitarlo, es que nos criamos juntos….!

Otra ventaja de las casas rurales que admiten perros es que, al menos en la nuestra, no se recomienda dejar solo al perro en la casa rural, ¡lo siento, humanos, son normas de la casa! Así que siempre que los dueños salen, salís vosotros. ¡Planazo!

Y, en nuestro caso, salir en Gredos es para un perro mejor que rebañar un costillar entero: cientos de olores, colores y sabores os esperan. Pinares eternos, cerros cubiertos de piornos, el río Tormes, montañas nevadas, millones de arroyos para daros un chapuzoncito, caminos de tierra, animales sueltos para perseguir o jugar como conejos, zorros, liebres, corzos, ardillas, cabras, caballos, pájaros. Vamos, un auténtico paraíso perrícola.

También os gustará saber, sobre todo a vuestros dueños, que en algunas casas, como en la nuestra, no se cobra por las mascotas. Parece una tontería, pero no lo es. Por lo visto el gasto medio anual dedicado a los perros es de entre 700 y 1.500 euros, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC), que estima que hay casi 6.000 perros en España.

Y si salen de vacaciones, un gasto extra porque hay casas rurales que admiten perros que cobran hasta 20 euros por noche y perro. ¡Guau! Mi dueña no los cobra, qué mona, porque dice que, al fin y al cabo, los perros son uno más de la familia, ¡qué razón tiene! Y es que, según me dijo el otro día, Gumble, un Bichón Maltés que vino en marzo de Toledo, oyó en una residencia canina que en casi la mitad de las casas (el 40%) hay una mascota y que los perros somos los preferidos, ¡toma ya!

Eso sí, en nuestra casa, como en la mayoría de las casas rurales que admiten perro, pedimos algunas cosillas que os afectan a vosotros y a vuestros dueños: que tengáis cuidado con la casa, no arañéis las puertas ni el suelo, no os revolquéis por las alfombras en exceso, no os subáis ni saltéis en las camas ni en los sofás, no mordáis las sillas, en fin, que no hagáis lo que normalmente no hacéis en vuestra propia casa. Y si soltáis mucho pelo, como Tyson, un labrador retriever blanco que vino en Navidad (al que le gustaba el fútbol tanto o más que a mí), pedidle a vuestros dueños que lo recojan.

Hay casas rurales que admiten perros que son una pasada. En ellas encontraréis comederos, juguetes, comida y colchonetas para vosotros. Nosotros, de momento, solo tenemos comedero, pero admitimos colchonetas propias, porque entendemos que cada uno tenéis vuestras manías para dormir y, como dice mi dueña: ¡es tan difícil acertar con las almohadas!

Bueno, confío en haberos convencido y que seáis capaces de camelar a vuestros dueños para que os lleven de vacaciones a una casa rural que admita perros. Yo, en Gredos, os espero comiendo un hueso

Perrunamente vuestra, Ela

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