Ruta por el corazón del aragonés: pueblos donde la lengua sigue viva

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21.02.2026

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Vivimos en un mundo en el que podemos encontrar las mismas cafeterías, hamburgueserías y tiendas de ropa por todas partes. Vemos nombres de multinacionales que se repiten a kilómetros de distancia. Pero ¿para qué viajar si vamos a comer y beber lo mismo, a vestir igual, a sentirnos como si no hubiéramos salido de nuestro barrio o de nuestra ciudad? Frente a la tendencia unificadora de la globalización, cada vez se valora más lo local, lo diferenciador, lo autóctono. Y una de las manifestaciones culturales más genuinas de un destino es su lengua.

España es un estado lingüísticamente rico en el que podemos conocer varias formas de expresarse, con lenguas cuyo origen todavía se desconoce (el euskera). Aunque la mayoría son oficiales, algunas carecen de esta protección, lo que las ha condenado a una difícil supervivencia. Hoy nos acercamos a las zonas en las que se utiliza el aragonés, una lengua románica que surgió como resultado del latín vulgar hablado en la vertiente meridional del Pirineo central.

Valle de Chistau (Huesca). Por Victor
Valle de Chistau (Huesca). Por Victor

De lengua de prestigio a estar “en peligro de extinción”

Según el Atlas de las lenguas del mundo en peligro de la UNESCO, el aragonés está incluida en la categoría de idioma “definitivamente en peligro de extinción”. El periodista, escritor y profesor en la Universidad de Cuenca, Rubén Ramos Antón, ha investigado el aragonés —incluso ha ganado premios de creación literaria en esta lengua— y observa que es la que está “en peor situación en Europa Occidental”.

Pero no siempre ha sido así. El aragonés es “historia de Aragón”, como subraya Ramos. Y es que esta lengua es la que se utilizaba habitualmente durante la Edad Media, como consta en muchos escritos del Archivo de la Corona de Aragón que se conservan: hasta mediados del siglo XV, la correspondencia destinada al reino se escribía en aragonés, como se aprecia en miles de cartas reales, diplomáticas y libros de cuentas. El Archivo Histórico Nacional también alberga documentos en aragonés del monasterio de San Juan de la Peña, de la Castellanía de Amposta y de la comunidad de aldeas de Daroca que demuestran que era la lengua escrita habitual en el medio rural aragonés. El profesor Ramos asevera que era “una lengua de prestigio” en la Europa medieval.

Monasterio de San Juan de la Peña, Huesca.
Monasterio de San Juan de la Peña, Huesca. Por StockPhotoAstur

Los obstáculos del aragonés

Con los años, el uso del aragonés se fue relegando a la oralidad de las clases populares hasta llegar a la actualidad, un momento en el que “se ha roto la cadena de transmisión generacional” y las instituciones públicas no están haciendo lo suficiente para revertir su estado crítico. Hubo que esperar hasta 2013 para que una ley autonómica reconociera a la lengua aragonesa como “propia de las áreas pirenaica y prepirenaica” (la oficialidad todavía está en stand by). Está regulada por el Instituto de l’Aragonés, que forma parte de la Academia Aragonesa de la Lengua. La primera Ortografía de l’Aragonés no se publicó hasta el año 2024, una guía oficial clave para impulsar la enseñanza del idioma autóctono.

«Si respetamos el palacio de la Aljafería de Zaragoza, que es una maravilla, ¿por qué no hacemos lo mismo con el aragonés?»

Ramos señala que el aragonés se enfrenta a “un problema multifactorial”, y cita “la falta de reconocimiento como lengua oficial”; que “no está en el sistema educativo con normalidad”, ya que solo se oferta en algunas escuelas como optativa o extraescolar; que las zonas más turísticas (que es precisamente donde más se habla el aragonés) no lo ofrezcan como un valor de prestigio añadido al destino; y la atomización de la lengua, con diferentes dialectos que han generado pequeñas identidades propias (y tensiones), diluyendo la del aragonés. Son muchas sus variantes: cheso, chistabino, ansotano, belsetano, fovano, baixo ribagorzano, estadillano, foncense, grausino o ribagorzano. Además, claro está, del normativo que han aprendido nuevos hablantes por su cuenta en ciudades como Huesca y Zaragoza.

Pueblo de Echo (Huesca). Por Tolo
Pueblo de Echo (Huesca). Por Tolo

Tras los pasos del aragonés en el siglo XXI

Se estima que alrededor de un 2% de la población de Aragón habla aragonés hoy en día. Pero esas personas están distribuidas de forma desigual por la geografía aragonesa, aunque podemos enmarcarlos en tres principales zonas: la comarca de la Ribagorza, el valle de Chistau (o Gistaín) y valle de Echo. Todas ellas áreas pirenaicas con mucho atractivo turístico por sus planes de naturaleza y montaña. Además, hay algunos pueblos de la comarca de la Hoya de Huesca en los que todavía se puede escuchar algo de aragonés, como Ayerbe o Agüero. A destacar una visita a Casbas de Huesca, que tiene un casco urbano de trazado típicamente medieval y un monasterio cisterciense que alberga el Centro de Interpretación del Aragonés.

El investigador Ramos apunta que en el valle de Panticosa y valle de Tena la situación de la lengua propia es “muy complicada” y en el valle de Bielsa está “prácticamente extinguida”, pese a que “tiene una de las variedades más puras y bonitas”. Por otro lado, explica la particularidad de que hay otros pueblos en los que ya no se habla aragonés, pero sí se emplean los artículos de la lengua propia hablando en castellano. Asimismo, hay que recordar que hay zonas de transición en las que “está en disputa” si lo que se usa es aragonés o catalán y que Ramos cataloga como “de transición”: se refiere a pequeños pueblos como Capella, Estadilla o Fonz.

Pueblo de Fonz, en Huesca. Por VEOy.com
Pueblo de Fonz, en Huesca. Por VEOy.com

Para el periodista Rubén Ramos, “cualquier lengua es una manifestación de cultura, una forma de ver el mundo, un patrimonio de la humanidad”. “A nadie se le ocurriría derribar el mudéjar aragonés. Si respetamos el palacio de la Aljafería de Zaragoza, que es una maravilla, ¿por qué no hacemos lo mismo con el aragonés? Tenemos que aprender a disfrutar de nuestra lengua”, reflexiona.

Raquel Andrés

Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.

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