Uno de los paisajes más sobrecogedores de la costa vasca es el que forman los acantilados del Flysch. Trece kilómetros de incalculable valor geológico que recorren el litoral de Guipúzcoa entre las localidades de Deba y Zumaia ofreciendo a su paso escenarios de indiscutible fotogenia. Un tesoro natural admirado a partes iguales por fotógrafos y geólogos y cuya espectacularidad llega a emocionar.

Colgada de un precipicio, sobre las láminas de roca del Flysch de Zumaia, hay un lugar de culto para peregrinos y visitantes. Es la ermita de San Telmo, dedicada al patrón de los marineros.