Torres Vedras. Por MagdalenaPaluchowska

Historia, bodegas, el carnaval más portugués de todo el país, gastronomía de la buena… y además una costa con playas que no tienen nada que envidiar a las del Algarve. ¿Algo más? Pues sí, está muy cerca de Lisboa. Torres de Vedras se postula como uno de los mejores destinos para este verano en Portugal.

Qué hacer en Torres Vedras

Por Liliana

Un castillo

En las empinadas laderas boscosas al norte de la ciudad se encuentra el castillo de Torres Vedras, que ha estado en uso durante casi 2.000 años. Desde que los romanos, los primeros en ocupar este yacimiento, construyeron unas cisternas en apoyo a su campamento. Más tarde, fueron los árabes los que levantaron las primeras murallas en el mismo emplazamiento. Basta observar las amplias vistas para comprender por qué escogieron este lugar defensivo. Hoy, en los alrededores no hay enemigos, sólo extensas viñas que rodean la ciudad en son de paz y bonanza vinícola.

Y un monumento

Si uno es bélico, el otro, religioso. Así son los dos patrimonios arquitectónicos más importantes que se pueden visitar en Torres Vedras. El convento del Varatojo, fundado en 1470 por el rey D. Afonso V como agradecimiento por las conquistas en el norte de África, se encuentra a muy poca distancia del castillo, tras rodear algunos viñedos. Con sus fachadas pintadas en blanco reluciente, es uno de los enclaves religiosos más importantes de la región y tanto los azulejos de la iglesia como el romántico claustro bien valen una excursión.

Por JackF

El paraíso playero

Esta es una costa dorada, y no es una metáfora. La concesión del galardón “calidad de oro” se otorga al inicio de cada temporada de baño por Quercus (Asociación Nacional de Conservación de la Naturaleza) y está basada en la información pública proporcionada por la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente (APA). Este año 2019, Torres de Vedra es con 12 el quinto municipio con mayor número de playas distinguidas con esta etiqueta ambiental.

La costa de Torres Vedras está comprendida por 20 kilómetros de playas escénicas con arenas blancas. Están abiertas al Atlántico, por lo que se han convertido en una de las mecas surferas de Portugal, que no todo va a ser Nazaré. De todas ellas, las más impresionantes son la de Santa Cruz y la de Porto Novo.

La primera que llamará nuestra atención es la de Santa Cruz. No es para menos teniendo en cuenta su esbelta torre de aire florentino visible en el paseo desde la arena o el capricho erosionado del roquerío que se conoce como Penedo de Guincho, justo donde comienza Praia Formosa.

Algo más al norte, está la otra joya de la corona: la praia de Porto Novo, rodeada de acantilados y junto a la desembocadura del río Alcabrichel. Puede parecer poca cosa viniendo de la de Santa Cruz, pero esta playa es histórica en el buen sentido del término. Cuentan las crónicas que aquí ocurrió el desembarco de las tropas británicas en 1808 en alianza con el ejército portugués contra la invasión napoleónica.

La postal

Ascendiendo las escaleras se sube al promontorio rocoso que parece la proa de un antiguo barco naufragado junto a la costa. En medio del fragor del Atlántico, desde el mirador de Santa Cruz, se divisa a un lado el Penedo do Guincho –espectacular con sus más de 30 metros de altura esculpidos en la orilla– y al otro, el bello acantilado de la praia das Amoeiras. Lo mejor es ir al caer la tarde, cuando la torre de Santa Cruz se tiñe de rojos con los últimos rayos del sol.

Playa de Santa Cruz. Por fidie

El paseo de los poetas

La belleza y la luz de la costa de Torres Vedras ha servido de inspiración a numerosos artistas de diferentes épocas. De hecho, muchos creadores importantes de la literatura, tanto de la portuguesa como internacional, vivieron o pasaron algún tiempo en el lugar. De entre ellos, destacan Antero de Quental, Kazuo Dan, uno de los poetas japoneses de posguerra más populares, y João de Barros, quien decía de Torres Vedras que era “um dos mais fascinantes lugares de repouso e sonho que existe no Mundo”.

A ellos dedicó el municipio todo un espacio interpretativo a cielo abierto, el conocido como El paseo de los poetas. Hay una veintena de puntos representativos, monumentos y esculturas en recuerdo de los literatos, pero para empezar a situarlos hay que ir primero a la Azenha de Santa Cruz. El antiguo molino de cereales hoy bellamente reformado, ubica un espacio interpretativo permanente.

Una copa de vino

Aunque no suene tanto como la comarca del Douro o del Porto, Torres Vedras es una de las más importantes regiones vitivinícolas de Portugal: más de 12.000 hectáreas de viñas producen anualmente cerca de 600 millones de vino. Su larga tradición histórica fue reconocida durante el 2018, cuando se le reconoció junto a su vecina Alenquer, como Ciudad Europea del Vino.

En los alrededores, hay numerosas quintas con tradiciones de siglos atrás. Ahí está, por ejemplo, Adega Mãe, cuyas instalaciones –un rectángulo blanco ultramoderno– miran a un paisaje bucólico. Sin duda, una parada obligatoria para disfrutar de una formidable cata al igual que, entre otras, la Quinta la Almiara o la Casa de Santos Lima, por mencionar las más conocidas.

Por nito

¡A caminar!

Es sabido que estas fueron tierras que plantaron cara a la invasión francesa dentro del contexto de la Guerra de la Independencia Española. Esto fue principalmente gracias al sistema de defensa de las Linhas de Torres Vedras. Para quienes se pregunten más sobre este patrimonio militar y paisajístico, hay un interesante centro de interpretación en Sobral de Monte Agraço, a poco menos de media hora en coche desde el centro de Torres Vedras.

Y para quienes se vean con fuerza, existe el sendero GR30 (Grande Rota Linhas de Torres Vedras) que une los puntos más interesantes en 112 kilómetros, dos días de caminata. La alternativa para los más perezosos es hacerlo en coche o tal vez, tomárselo con calma y optar por alguna de las cuatro rutas en que se divide a su vez el GR30.

Una despedida muy dulce

No puedes irte de Torres Vedras sin probar uno de sus productos gastronómicos más representativos: los pasteis de feijão. Como todos los grandes dulces, este empezó en los secretos fogones conventuales, pero rápidamente pasó a dominio público. Un exquisito bocado compuesto de alubias blancas, yema de huevo, almendra, azúcar y agua.

Casas rurales en los alrededores de Torres Vedras

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