Bajo un jardín de flores en el techo: el rincón de cuento en el que querrás despertarte

Perfil Carmen López, periodista

Escrito por

09.04.2026

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Casa El Bosc d’Ali Baba.
El Bosc d’Ali Baba permite despertarse bajo un jardín

En el núcleo de Sant Tomàs de Fluvià, perteneciente al Alt Empordà en la provincia de Girona, se localiza El Bosc d’Ali Baba. Esta edificación no responde a los parámetros de la arquitectura convencional de la zona, sino que es el resultado de una fase de experimentación con materiales naturales y técnicas de bajo impacto ambiental. El proyecto, liderado por Eduard Tolós Palau, se define como un espacio que combina el alojamiento rural con el campamento juvenil, todo bajo una filosofía de integración con el paisaje forestal.

La propiedad se asienta sobre una superficie que el propietario describe como una «isla» de bosque, un refugio de biodiversidad rodeado de zonas agrícolas que marca la pauta de todas las estructuras presentes en la finca. Desde la cubierta vegetal hasta los domos de tierra, cada elemento constructivo busca establecer un diálogo técnico con el entorno mediterráneo y el curso cercano del río Fluvià.

El origen: un proceso de búsqueda personal

La trayectoria de Eduard Tolós antes de iniciar este proyecto explica la diversidad de las técnicas empleadas en la casa. No existió un plan maestro desde el primer día, sino una acumulación de experiencias técnicas y vitales que cristalizaron en este enclave de Girona.

Eduard Tolós Palau.
Eduard Tolós Palau, propietario de El Bosc d’Ali Baba

Eduard Tolós detalla a EscapadaRural su camino previo: «El Bosc d’Ali Baba no nace de un plan perfectamente definido, sino más bien de un camino personal de búsqueda. Antes de poner en marcha el proyecto, mi trayectoria laboral fue bastante diversa”. Durante años trabajó en el sector de la restauración de muebles, donde conectó “profundamente con el trabajo manual y los materiales”. También conoció el sector de la construcción, donde adquirió una sólida base técnica que después le ayudaría mucho en su proyecto.

Pero el cambio de perspectiva fundamental ocurrió en el sudeste asiático, en un entorno donde la arquitectura responde a necesidades climáticas y materiales distintos a los estándares europeos. Había desarrollado diferentes iniciativas de emprendimiento que no llegaron a consolidarse, aunque sí le sirvieron, como todo en la vida, para aprender y explorar. “Hubo un punto de inflexión importante cuando pasé una temporada viajando por el sudeste asiático, especialmente en Malasia, donde viví y trabajé durante un tiempo”, sostiene. “Allí descubrí otra forma de entender la construcción: más integrada en la naturaleza, utilizando materiales naturales y con una filosofía muy distinta. Esa experiencia fue una de las principales semillas de lo que acabaría siendo El Bosc d’Ali Baba».

Un proyecto de autoconstrucción

De entrada, tuvo que pasar por los filtros de la administración y la normativa urbanística, ya que las características de su proyecto, en ocasiones, colisionaron con los requerimientos técnicos oficiales. Encontrar el terreno adecuado en Sant Tomàs de Fluvià fue el primer paso de un recorrido perseverante. «La idea surge con la intención de crear algo diferente. Quería encontrar un terreno y construir una casa con criterios de bioconstrucción, algo único, con identidad propia”, explica. Finalmente, encontró el lugar en el que se asienta.

Uno de los interiores de ka casa El Bosc d’Ali Baba.
Uno de los interiores de la casa El Bosc d’Ali Baba.

Asimismo, explica que los siguientes pasos no fueron fáciles: “Durante aproximadamente dos años y medio estuve gestionando trámites administrativos, enfrentándome a cambios constantes en el proyecto y a numerosas negativas iniciales”. Cuando ya, por fin, consiguió todos los permisos, comenzó la edificación: “Se llevó a cabo en régimen de autoconstrucción. Éramos tres personas durante una parte del proceso y dos en otra, y en total estuvimos alrededor de un año y medio trabajando”. Hubo una parte muy grande de ‘autodidactismo’; el proceso estuvo plagado de retos, pero eso también le ha dado una identidad propia al lugar.

Arquitectura técnica: domos de tierra y cubiertas vegetales

Uno de los rasgos que distinguen a El Bosc d’Ali Baba es la coexistencia de diferentes técnicas de bioconstrucción aplicadas a lo largo de la finca. El edificio principal cuenta con una cubierta vegetal, un jardín en el tejado que cumple funciones mecánicas de aislamiento. Esta capa de vegetación actúa como una masa térmica que estabiliza la temperatura interior, reduciendo la demanda energética y proporcionando inercia térmica.

La cueva de El Bosc d’Ali Baba.
La cueva de El Bosc d’Ali Baba.

Tolós explica su relevancia: «Se ha convertido en uno de los iconos del lugar. Está formada por distintas especies de plantas crasas y tapizantes que, durante buena parte del año, generan una explosión de colores (rosas, rojos, naranjas y amarillos), lo que crea un efecto visual muy potente”. Pero, más allá de lo estético, destacan esas funciones mencionadas anteriormente, que hacen que la casa se proteja del frío en invierno y sea más fresca en los meses calurosos.

Además de la vivienda principal, la finca alberga estructuras que remiten a los prototipos iniciales del proyecto. Es el caso de la ‘cueva de Ali Baba’, un espacio realizado con tierra que actualmente tiene un uso recreativo para niños y niñas. “Se trata de una pequeña construcción en forma de domo, realizada con sacos de tierra siguiendo técnicas de bioconstrucción. Fue uno de los primeros prototipos del proyecto, ya que la idea inicial era desarrollar todo el conjunto con este sistema constructivo”, desarrolla Tolós. Aunque la normativa urbanística hizo que el diseño se adaptase a una arquitectura más convencional, actualmente este espacio se ha transformado en una zona de juego con cojines, alfombras y cuentos, “donde pueden imaginar y crear libremente”.

Un modelo de alojamiento educativo y social

El Bosc d’Ali Baba tiene una estructura que permite acoger grupos escolares y entidades sociales. La finca está dada de alta como campamento juvenil (tiene zona de acampada), lo que vincula el alojamiento con una dimensión pedagógica y de contacto directo con el medio natural. Así, pueden acudir colonias, grupos de esplais o escuelas que buscan que los participantes estén en contacto con la naturaleza durante unos días.

Exteriores de El Bosc d’Ali Baba.
Exteriores de El Bosc d’Ali Baba.

“Esto amplía el concepto más allá del alojamiento tradicional y le aporta una dimensión educativa y experiencial”, comenta el propietario y añade: “La casa funciona como centro de retiros y formaciones, así como espacio de convivencia para asociaciones que trabajan con colectivos específicos, aprovechando la ausencia de barreras visuales y la calma del entorno”.

Toda esta variedad de oportunidades hace que el perfil de huésped sea muy variado, aunque predominan las familias con niños, además de grupos que realizan formaciones o retiros de yoga y meditación. Tolós también señala que “en otras ocasiones colaboramos con asociaciones y centros que trabajan con personas con discapacidad, que encuentran en el entorno un espacio muy adecuado para desconectar y convivir”.

El entorno: entre el río Fluvià y el litoral

La ubicación en Sant Tomàs de Fluvià sitúa al alojamiento en un punto estratégico entre el río y el mar. A poca distancia de la casa, los huéspedes disponen de zonas de baño y espacios de interés geológico. La proximidad a la costa y a los humedales del Empordà define la oferta de actividades de exterior que los visitantes pueden realizar durante su estancia.

Zona de acampada de El Bosc d’Ali Baba.
Zona de acampada de El Bosc d’Ali Baba.

El entrevistado destaca los puntos geográficos más relevantes del entorno inmediato: “A tan solo 10 minutos tenemos la playa, con todo el litoral de la Costa Brava muy accesible: desde las amplias playas de Sant Pere Pescador hasta las calas de Sant Martí d’Empúries, Roses o el Cap de Creus”. Por otro lado, para los que sean más de agua dulce, “muy cerca también, a unos cinco minutos, pasa el río Fluvià, donde se encuentran las conocidas Rocas del Tit, una zona de baño natural con pequeñas playas de grava y grandes rocas desde donde se puede saltar al agua en un entorno seguro. En la misma línea, los laguitos de Ventalló son otro rincón especial, con agua muy clara y un ambiente tranquilo, sin masificaciones”.

Para el público infantil, hay instalaciones diseñadas para el ejercicio físico y la exploración en el bosque. A un kilómetro de la finca se localiza un circuito técnico de madera que aprovecha la orografía del terreno para plantear desafíos motrices. Él manifiesta que una de las más apreciadas es la conocida como Ruta de los Exploradores, situada a poco más de un kilómetro. “Se trata de un circuito en el bosque con pasarelas de madera, zonas de equilibrio, juegos de puntería y pequeños retos físicos, pensado especialmente para niños. Es una actividad que tiene muchísimo éxito entre las familias».

Exteriores de El Bosc d’Ali Baba.
Exteriores de El Bosc d’Ali Baba.

La gestión de El Bosc d’Ali Baba se basa en la atención directa, en la mejora de las instalaciones de bioconstrucción y el proyecto evoluciona a través del mantenimiento de sus materiales naturales, el tratamiento de la cubierta vegetal y la preservación de su entorno boscoso como una entidad viva y productiva. Sin duda, un lugar que merece la pena conocer, aunque sea por mera curiosidad.

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Perfil Carmen López, periodista

Carmen López

Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.

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