La Olla de San Vicente es la piscina natural a la que ha ido o quiere ir cualquier asturiano. Es un tesoro natural creado por el río Dobra en Tornín (pueblo del concejo de Cangas de Onís): un claro en mitad de un bosque frondoso con un perímetro de piedras blancas al rededor de una poza verde y cristalina.

Es una ruta sencilla que suelen recorrer las familias (sin sillitas ni bicis) para pasar el día en Asturias. Desde el punto de inicio hay unos 2,5 km hasta la Olla de San Vicente (5 km en total entre la ida y la vuelta). La senda no tiene pérdida y el lugar es precioso. La única recomendación para no perderse es cruzar el puente de piedra y echar un ojo a los niños en la poza porque tiene hasta 5 metros de profundidad.

Olla de San Vicente

Fuente: Xuan calros

Por la N-625 se llega a Tornín (en dirección Puerto del Pontón desde Cangas de Onís). Tras pasar el pueblo, hacia la izquierda de la carretera, buscad un lugar para dejar el coche. Hay un aparcamiento en un restaurante, pero es solo para clientes. Es un lugar conocido, de modo que se recomienda ir temprano para encontrar un hueco donde aparcar.

Si vais con niños, tardaréis una hora de paseo hasta la Olla de San Vicente. Durante el paseo encontraréis un sendero ancho, que luego se estrecha y solo termina abriéndose de nuevo cuando se llega a la poza. Hay tramos de piedras húmedas y cantos rodados, además de otros que se solapan al río, de modo que echad un ojo a los más pequeños, aunque no sea un camino ni peligroso ni difícil.

Si encontrarais un galeón español del siglo XVI con monedas de oro desperdigadas sobre la cubierta, no os sorprenderíais. La Olla de San Vicente parece un lugar de película de misterio, el refugio secreto de unos piratas con pata de palo, el paraíso terrenal donde se plantó al hombre antes de su pecado original. Nos dejamos llevar por el entusiasmo, pero no exageramos.

Si queréis que pongamos alguna pega: la temperatura del agua. El río Dobra nace en los Picos de Europa de León y se une al Sella 23 km después. El baño en las aguas cristalinas de los Picos de Europa tiene un coste gélido.

Si no os atrevéis a bañaros, podréis contemplar la poza desde la orilla o a vista de pájaro. Sobre la Olla de San Vicente hay un descampado verde que domina el lugar.

Es un rincón precioso y libre de contaminación. No olvidéis llevaros vuestros residuos.

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