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¿Será el verano de 2020 como el de 1970?

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Playa de Cortadura (Cádiz) en 1972. Por © David Pérez (DPC), Wikimedia Commons

Los expertos auguran un verano 2020 como los de antes: familiar, de proximidad y en coche. ¿Volvemos al de la década de los 70?

Según Joan Miquel Gomis López, profesor de Estudios de Economía y Empresa en la Universitat Oberta de Catalunya; y experto en turismo, “La situación que vive actualmente el turismo no tiene precedentes y no se puede comparar con cualquier época anterior”.

Y es verdad, en 1970 no había una pandemia internacional y España era el líder europeo en la recepción de turistas. Aquella época fue conocida como el milagro turístico. Pasamos de 4,3 millones de turistas internacionales en 1960 a 31,6 en 1973, cuando alcanzó su máxima cuota histórica.

“Los destinos de costa estaban llenos de turistas extranjeros, cosa que en principio no ocurrirá este año”, dice Gomis.

Sin embargo, aunque la situación socio-política y nuestras costumbres son muy diferentes a las de aquella época, la crisis económica provocada por la pandemia y las restricciones sanitarias impuestas para luchar contra la COVID-19 harán que muchos opten por viajar cerca y buscar medios de transporte poco concurridos o el coche. Todavía no sabemos si podremos salir o no al extranjero.

“Conozca usted su provincia”

La salida de los españoles al extranjero en 1970 era bastante reducida. Según el libro El gran viaje. Sesenta años de turismo en España 1955/2015, de Rafael Vallejo, solo algo más de un tercio de la población viajaba fuera de nuestras fronteras.

España, sin embargo, era el rey del turismo internacional.

Las autoridades turísticas del país hicieron campañas para fomentar el turismo interior y que los españoles se unieran al boom de los guiris. Los lemas en aquella década eran “Conozca usted España” o “Conozca usted su provincia”. El popular “España es diferente” es anterior, de 1957, y estaba enfocado a atraer turismo internacional. La marca España, en cambio, no llegó hasta los años 80. El objetivo era unificar la imagen turística de cada provincia.

Por Tourspain

En los 70, la mayoría de los españoles pasaban las vacaciones en sus pueblos o en segundas residencias. También había “Familias que no volvían a sus lugares de origen, hacían salidas de «proximidad» (playas, montaña…) pero por un día o pocos días con su coche particular”, explica Gomis.

Aunque también había españoles con ansias de explorar nuevos territorios más allá de sus provincias. Este grupo solía viajar en coche –con la baca llena de equipaje– alojarse en campings, en casas de familiares o apartamentos turísticos.

Todavía no había costumbre –y en algunos casos ni dinero– para alojarse en los grandes complejos hoteleros que se estaban levantando en la costa mediterránea y que tan fascinados tenían a los de fuera.

Los destinos favoritos de los extranjeros en nuestro país eran el Mediterráneo y las islas, gracias a la aparición de los vuelos chárter. Baleares, Canarias, Andalucía, Cataluña y Comunidad Valenciana, por este orden, eran los más visitados.

Entre los españoles triunfaron sobre todo los de la costa mediterránea, ya que podían acceder a ellos en coche (el turismo nacional en Canarias no despegó hasta entrados los 80). La Costa del Sol fue uno de los destinos más deseados, aunque muchos optaban por hacer turismo dentro de su propia provincia.

Las motivaciones de los dos grupos de viajeros también eran diferentes. Los extranjeros buscaban sol, playa y divertirse; los españoles querían descansar, reunirse con familiares y amigos y conocer sitios nuevos.

Así eran las vacaciones en los 70

Camping en Laredo. Por Enrique Fernández

Enrique Fernández es un ex capitán de la marina mercante que, aunque él sí empezó a viajar por todo el mundo en 1978 por trabajo, las vacaciones las pasaba en España. La mayor parte de ellas en su segunda residencia, en Luanco (Asturias), a solo 20 kilómetros de su casa.

“También iba de camping con la pandilla. Un año fuimos a Laredo (Cantabria) y tardamos todo el día en llegar. Las carreteras eran muy malas”, recuerda. Fernández cogió su primer avión a mediados de los 70. Fue para ir a Mallorca en el viaje de fin de curso del instituto. “No fue caro”, dice.

“No es que no hubiera dinero para viajar, sino que había otras costumbres. No te planteabas ir al extranjero de vacaciones porque no era lo habitual de la época”, explica.

También cree que el turismo interior no ha variado mucho, al menos en su provincia. “En verano, Llanes y Ribadesella se llenaban de madrileños. Exactamente igual que ahora”.

San Cristóbal. Asturias. Por Karin Mangan

Su mujer, Karin Mangan, también recuerda con cariño aquellos años. Ella solía viajar con su familia en un Seat 850. “Íbamos a Santa María del Mar a una casa que tenía mi abuela”, dice. Reconoce que la mayor parte de sus viajes eran familiares.

“Fuimos mucho a la Costa Brava, teníamos allí primas. Aunque también hemos hecho algún viaje donde nos alojamos en hoteles, en San Sebastián y Santander”. Otros veranos, sin embargo, se quedaban en casa porque eran sus primas catalanas las que venían de visita.

Los que no tenían segundas residencias, ni familiares fuera o no se iban de camping, se quedaban en casa. Disfrutaban del verano en las playas, las piscinas y realizaban excursiones a la montaña o al campo.

La vuelta a lo rural

Taramundi. Por Lourdes

A finales de los 60 ya existían las casas de labranza como alojamientos turísticos. Muchas familias alquilaban habitaciones a los viajeros para obtener unos ingresos complementarios a su trabajo en el campo.

Las primeras iniciativas surgieron en el norte. Taramundi, en Asturias, fue el primer destino en ofrecer alojamiento rural. 25 años después ya había toda una red de casas rurales por todo el territorio español que revolucionaron el destino interior.

Con ellas se buscaba poner en valor el patrimonio de los pueblos, preservar la naturaleza, convertir los paisajes en marcas de identidad y dar a conocer las costumbres y tradiciones. El objetivo era respetar el paisaje urbano, cultural y rural; en contraposición a lo que se hizo entre los años 60 y 80 en la costa mediterránea, que estaba plagada de grandes complejos hoteleros y las playas estaban masificadas.

Los españoles también querían sol y playa, pero exigían una mayor sostenibilidad. El desarrollo del turismo rural hizo que en los 90 se comenzasen a potenciar rutas convencionales que aúnan naturaleza y patrimonio; como el Camino de Santiago, la Ruta del Cid, la Ruta de El Quijote, etc. Más tarde, además, se complementarían con conceptos como el turismo gastronómico y el enoturismo.

La situación social y política de 1970 no tiene nada que ver con la de 2020, pues no había que mantener unas distancias de seguridad para evitar propagar o contagiarse de la COVID-19, por lo que se podían organizar fiestas populares y eventos. Si embargo, nuestros intereses en el turismo interior no han cambiado tanto.

Sí lo ha hecho la oferta, lo que hace que cada uno pueda encontrar su viaje por España a medida.

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