Por Manuel Álvarez

Sólo dedicándole algo de tiempo, se descubre que Santillana del Mar es mucho más que sus tres famosas “mentiras”. Y resulta que sí, que al final sí es santa y hasta tiene mar… Sobre lo de ser llana o no, eso ya dependerá de la percepción de cada cual, que hay quien ve el vaso medio lleno y otros medio vacío.

Al final, sea como sea, Santillana del Mar es todo un planazo. Allí, el reloj parece detenerse en sus calles adoquinadas. Y menos mal, porque la cantidad de monumentos y lugares de interés es tal que hará falta todo el tiempo posible.

1. Porque es capital del Turismo Rural 2019

Por Pablo Unai Fernández Gómez

Santillana del Mar se hizo con el título de Capital del Turismo Rural 2019 (iniciativa impulsada por Escapada Rural) gracias a su legado histórico y el privilegiado enclave natural que ocupa entre prados y colinas, a pocos kilómetros de la costa. Su aspecto medieval, las torres, los palacios señoriales y las casas de hidalgos, acabaron por darle los argumentos necesarios.

Este reconocimiento invita a visitar la villa, más conocida por el “sambenito” de sus “tres mentiras” –el dicho señala que no es santa, ni llana, ni tiene mar–, que por todo lo que tiene para mostrar. Con poco más de 4.000 habitantes, tiene joyas arquitectónicas tan destacables como la colegiata de Santa Juliana. Sin olvidar la cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad, que trajo hasta aquí a los primeros turistas antes de que nadie hablara del concepto rural.

2. Porque un clásico necesita todo el tiempo del mundo

Por Pablo Unai Fernández Gómez

La colegiata de Santa Juliana es Patrimonio de la Humanidad y fue reconocida como tesoro arquitectónico en 1889, al ser considerada Monumento Nacional. Así que hay que dedicarle el tiempo suficiente y no sólo llegar, hacerse un selfie y salir pitando. La colegiata es el corazón de Santillana del Mar. Se construyó alrededor de ella y, de hecho, la localidad recibió el nombre del monasterio. Resulta que sí, que Santillana del Mar sí tiene algo de santa.

De la estructura actual destaca la iglesia de estilo románico, influido por las corrientes del sur que llegaron con el Camino de Santiago por las provincias de Burgos y Palencia. La fachada principal se encuentra orientada al sur. Para contemplarla con detalle, hay que sentarse en el lavadero público que hay en frente, a poder ser por la tarde, y dejar que la sonoridad del agua sea el sonido para la contemplación de esta joya.

Pero no hay que quedarse en el exterior, porque el interior también es fascinante: destaca el retablo flamenco, la pila románica y el claustro, que merece mención especial por la profusión de detalles de sus capiteles.

3. Para dormir en un palacio renacentista

Por Pablo Unai Fernández Gómez

Santillana del Mar también es renacentista y barroca. El Nuevo Mundo salpicó sus riquezas aquí y supuso una revolución estética con la profusión de casonas montañesas y palacios en los que se conjuga el clasicismo con la ostentación barroca. Casas que hay que marcar en el plano como la de los Hombrones o la de los Bustamante. La Orden de los Dominicos también jugó su papel en todo esto, introduciendo en el románico dominante el toque moderno del Renacimiento en el palacio de las Arenas.

Otros edificios renacentistas que son dignos de visitar son el palacio de Velarde, ubicado en la plaza de las Arenas y el Parador Nacional Gil Blas, donde es posible alojarse o, simplemente, entrar a dar un paseo. El hotel se encuentra en una casona de los Barreda-Bracho, en la plaza de Santillana del Mar. Traspasar su monumental portón es viajar en el tiempo, pero con las comodidades actuales. No hay que perderse tampoco su restaurante y su imaginativa oferta de tapas.

4. Para comerse buen sorropotún (o un cocido montañés)

Por Sergio Martínez

Santillana sabe, precisamente, a mar. Ahí pocas sorpresas podía haber… Entre los pescados, los típicos del Cantábrico: la merluza, el rape, el rodaballo y los calamarcitos con arroz blanco. Abundan los restaurantes de toda la vida, con recetas clásicas de pescado, como el sorropotún, que es el nombre que se le dio a la marmita de atún. Venir aquí y no probar este plato –que consiste en un guiso de atún con patatas, pimientos y cebolla servido en cazuela de barro– es como no haber venido.

La alternativa, por aquello de que la villa concentra esencias marinas y montañesas, está en el cocido montañés, un guiso a base de alubias blancas y productos de la matanza del cerdo, como el chorizo, el tocino o la morcilla, además de la berza y el repollo.

5. Porque hay que conocer el trabajo de famoso escultor Jesús Otero

Claustro de la colegiata. Por Pablo Unai Fernández Gómez

Jesús Otero Oreña murió en agosto de 1994 en Santillana del Mar, de donde era natural y de donde prácticamente no se movió nunca. Las crónicas de la época destacaron que con él desaparecía el último de los manipuladores cántabros de grandes masas pétreas. Pocos artistas como él tan ligados a su entorno natural. El desarrollo de su obra quedó ligado para siempre con la villa por el descubrimiento de una cantera de piedra arenisca, la materia prima que precisaban sus creaciones. Sus obras sí viajaron más. Se las puede encontrar en ciudades como Santander, Madrid, Miami e incluso en Cartagena de Indias.

La colegiata fue su otro pilar como artista, pues desde corta edad entró en contacto con los capitales del claustro, que le maravillaron. Para conocer mejor su obra se puede visitar el museo en el centro del pueblo, donde se muestra una cincuentena de sus obras.

6. Porque es un buen lugar donde dedicarse a la lectura

Por Pablo Unai Fernández Gómez

Resulta que Santillana del Mar es una de las localidades más literarias de España. Es conocido que Jean-Paul Sartre la incluyó en un fragmento de La náusea, donde llegó a escribir que Santillana del Mar era el pueblo más hermoso de toda España. Se le podría tachar de exagerado, pero son muchos otros escritores los que establecieron una estrecha relación con la villa. Ahí están por ejemplo los titanes del S. XIX, Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán.

Otros novelistas que visitaron Santillana y quedaron hechizado son, entre otros, Amós de Escalante, Miguel de Unamuno y Ricardo León. Le dedicaron poemas Gerardo Diego o José Hierro, entre otros muchos. Tal es la profusión de escritores que Miguel de Unamuno, siendo rector de la Universidad de Salamanca, no dudó en decir de Santillana que es una “villa envuelta en prestigio literario”. ¿Qué mejor lugar donde dedicarse entonces a la lectura?

7. ¡Para ganar el sorteo!

Por Pablo Unai fernández Gómez

A solo dos kilómetros del centro, está la cueva de Altamira, uno de los grandes tesoros del arte prehistórico europeo, declarada Patrimonio de la Humanidad. Es curioso que un testimonio con 18.500 años de antigüedad acabara por dar valor y reconocimiento a la pequeña viña que era a Santillana del Mar a finales del siglo XIX.

Fue en 1879, al acudir Sautola con su hija María de ocho años, cuando ésta descubrió las pinturas rupestres: “¡Mira papá! ¡Bueyes!”. Aquello fue el pistoletazo de un tira y afloja con gran parte de los científicos de la época que consideraba el hallazgo un engaño.

Las visitas a la cueva se cerraron en 2002 para preservar sus pinturas, pero desde 2014 un nuevo programa permite a unos pocos elegidos adentrarse en la cueva original de Altamira. Todos los viernes del año, cinco personas del público pueden visitar la cueva tras un sorteo en el museo. Si no eres uno de los afortunados, tendrás el fantástico Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira; o quedarte hasta el viernes siguiente para probar de nuevo suerte.

8. Para mancharse el bigote de leche

Por Rojo

Tras la postguerra, una vecina de Santillana del Mar decidió dar salida a la leche sobrante de sus vacas y al bizcocho que cocinaba habitualmente para su casa. Fue allá por el año 1950 cuando abrió las puertas de su casa y, ni corta ni perezosa, sacó una mesa y colocó vasos, una jarra de leche y un bizcocho.

Resulta que la cosa fue un acierto con los primeros grupos de turistas que se acercaban atraídos por la cueva de Altamira. Otros vecinos decidieron imitarla. Pero Casa Quevedo fue la primera y en la actualidad es la última que quedó. Está casi casi llegando a la colegiata, en el zaguán de una preciosa casa y, para encontrarla, bastará dejarse guiar por el olfato.

9. Para disfrutar de las mejores vistas

Por jorisvo

Hay que ver los lugares desde perspectivas diferentes, sólo así se logra absorberlos. Santillana del Mar bien merece un par de excursiones. Una de ellas la protagoniza el castro el Cincho, uno de los proyectos arqueológicos más interesantes de Cantabria. Además será un momento mágico de conexión con el pasado a través de la naturaleza y el paisaje.

Lo mejor será hacerse con una visita guiada, porque el yacimiento será difícil de comprender para los desconocedores de la materia. Lo que es evidente es que el lugar se escogió estratégicamente, pues se domina todo el territorio hasta el mar. Visto desde aquí, el valle de Santillana del Mar en toda su plenitud llega a emocionar. La otra alternativa con vistas es el itinerario por el monte Castillo, una ruta de 5,5 kilómetros igualmente llena de paisajes y de historia.

10. para hacer la ruta del “mar de Santillana del Mar”

Por Pablo Unai Fernández Gómez

¿Que no hay mar en Santilla del Mar? Eso no es del todo cierto… Fue Alfonso VII quien otorgó los fueros del mar en 1209 a la villa, y ahí siguen a día de hoy. Para descubrirlo bastará seguir la ruta habilitada que parte de la plaza Mayor de Santillana por la calle Los hornos.

Se trata de un recorrido por un entorno de gran belleza que conduce hacia la costa. A su paso por El portillo ya ofrece una magnífica vista de los acantilados de la zona, así como del interior. Junto al mar, aguarda la ensenada de Calderón, utilizado por los romanos como puerto ya hace siglos. Otro paisaje de postal es el de la playa y ermita de Santa Justa. Si este lugar no fue escogido como escenario para Juego de Tronos es porque los localizadores no supieron de él antes de finalizar la serie.

Casas rurales en Santillana del Mar

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