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“Nos llama mucha gente para comprar un pueblo abandonado”

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Pueblo abandonado en Soria. Por Evan Frank

Hace 14 años, Elvira Fafian decidió iniciar un proyecto para ayudar al mundo rural a reducir la despoblación. “Cada vez que volvía a mi aldea en verano veía que había menos gente. Algunos vecinos se quejaban porque no tenían con quién jugar a las cartas”, nos dice por teléfono. 

Su pueblo necesitaba ayuda. Que les llevasen gente nueva y niños: “Queríamos ayudar a repoblar la zona rural”. Así es como decidió montar Aldeas Abandonadas, una inmobiliaria un tanto peculiar en la que, aunque empezó vendiendo casas rurales, pazos y fincas, hoy también se dedican a asesorar y vender aldeas y pueblos enteros que están deshabitados. 

Sabías que…

En España hay más de 3.200 pueblos abandonados, según el Instituto Nacional de Estadística. Más de un 70% están en Galicia, Asturias y Castilla y León

Un negocio que cada vez tiene más demanda, sobre todo a raíz del confinamiento domiciliario impuesto durante el estado de alarma por la Covid-19.

“Nos llama mucha gente para comprar un pueblo abandonado. Ahora mucha más gente que antes. Nos dicen que quieren hacer un cambio e irse a vivir al campo. Hoy en día el mundo rural resulta muy atractivo, pero no todo el mundo encaja en él”, dice Fafian. 

Muchos de los interesados consideran el pueblo como la oportunidad de llevar una vida más sosegada, de ahorrar gastos y reducir el tiempo de sus desplazamientos. Pero, según Fafian, si nunca se ha vivido en uno, la adaptación puede no ser del todo sencilla. En los pueblos no hay tanta oferta comercial como en la ciudad, a veces hay que recorrer largas distancias para comprar el pan o ir al médico, y en muchos de ellos tampoco queda gente joven. 

“Una cosa es ceder un pueblo para que la gente se instale en él durante una temporada, y otra muy distinta ser dueño de un pueblo. Nosotros solemos explicarles los pros y los contras, no queremos engañar a nadie y les acompañamos durante todo el proceso”. 

Aldeas por menos de 70.000 euros

Aldeas Abandonadas
Por Aldeas Abandonadas

Aldeas Abandonadas cuenta con más de 130 aldeas y pueblos a la venta en su página web, aunque solo 50 de ellas se pueden vender de un día para otro. “El resto necesitan mucho papeleo. Pues un pueblo no solo son viviendas, tienen iglesias, cementerios, etc.”, nos explica Fafian. 

Comprar un pueblo es relativamente económico. Una aldea pequeña, que puede tener de 2 a 5 casas, puede salir por menos de 70.000 euros, depende de su ubicación. No es lo mismo comprar un pueblo en Teruel que en Cataluña, que valen un millón de euros. Cuanto más cerca de las ciudades más caros son.  

“A muchos de los compradores les da igual dónde esté el pueblo. Les importa más el precio, las edificaciones, las tierras y los servicios”.

No obstante, aunque parezca mentira, el dinero no es lo más importante a la hora de comprar un pueblo. 

“Necesitamos que el comprador tenga un proyecto”, dice Fafian. “Puede ser de turismo rural, cooperativas, proyectos ecológicos, montar una panificadora de pan, etc. Pero el propietario tiene que tener una idea de qué tipo de actividad quiere crear en el pueblo. Cómo va a generar riqueza”. 

Esto es primordial a la hora de pedir ayudas, aunque no todos los pueblos tienen presupuesto para invertir y, los que sí están dispuestos a darlas, a veces llegan tarde. Según nos explica Elvira Fafian, el tiempo medio para poner en marcha un proyecto suele ser de un año. Una mayoría se queda en el camino por falta de recursos, porque las ayudas no llegan o porque no tiene una idea de qué hacer. 

“También hay que mirar si las casas se pueden rehabilitar y si hay condiciones para desarrollar algo. Estás comprando algo en ruinas, por lo que es importante saber si tiene posibilidades. Igual el ayuntamiento te da permisos pero tardas tres años en hacerlo y, durante el camino, cambian las leyes”. 

Además, el pueblo debe adaptarse a nuestras necesidades. Si somos una cooperativa hay que tener en cuenta cómo vamos a distribuir la mercancía. Igual que los negocios turísticos, que deberán de estar cerca de las vías de acceso, aeropuertos o estaciones. 

Según Fafian, lo importante es que lo que se invierta en el proyecto luego se pueda recuperar. Que esas personas que lo han dejado todo para vivir en el pueblo puedan continuar viviendo a largo plazo en el mundo rural. De ahí a que su asesoramiento sea su punto fuerte. 

Aldeas Abandonadas
Por Aldeas Abandonadas

El perfil del comprador ha cambiado mucho en el último año. Si hasta 2020 la mayor parte de los interesados eran inversores extranjeros, hoy una gran parte son españoles. “Muchos son autónomos que tienen una empresa pequeña y quieren tener todo cerca. También hay gente emprendedora y jóvenes que quieren montar cooperativas para realizar alguna actividad rural y cambiar de vida”.

Una de sus ventas más curiosas fue la de una aldea de Lugo por parte de un alemán. Su propietario, Dennis, quería crear un espacio donde atraer a diferentes profesionales que le ayudasen a recuperar las casas. 

El alemán que compró una aldea gallega para convertirla en refugio de intelectuales

The Foundry
Por The Foundry

Dennis estaba construyendo una casa en el árbol para su hijo cuando lo llamamos. “Vivo entre Berlín y la aldea”, nos dice. “Mi hijo estudia allí, aunque ahora los colegios están cerrados por la Covid”. 

En 2018, este académico alemán decidió dejar su trabajo en la Universidad para comprarse una aldea en Lugo e iniciar un nuevo proyecto: The Foundry. Un espacio para creativos, escritores, artesanos e intelectuales que quieran trabajar de forma independiente a las instituciones y universidades. 

Situada en las inmediaciones de Bravos, no muy lejos de Viveiro, “La aldea tiene más de 500 años. En ella hay una iglesia, un molino y tres casas. Una principal y otras dos que antiguamente eran para los sirvientes. Cuando la compré estaba todo en ruinas. Pertenecían a la familia Cora, propietarios del periódico El Progreso”, nos explica por teléfono.

Antiguamente también había un castillo, aunque fue destruido por Napoleón y con las piedras los vecinos levantaron las casas. 

 “Mi deseo es hacer que la aldea sea autosuficiente y poder trabajar desde aquí. Ahora estoy haciendo una investigación sobre el hierro en Galicia y también he empezado un nuevo proyecto con unos compañeros: Aldear in this region, con el que queremos ayudar a repoblar y dinamizar el entorno rural en Lugo a través de diferentes iniciativas culturales”, nos explica. 

Actualmente en The Foundry hay 8 personas, aunque hay épocas en las que se llegan a juntar hasta 20. “Van rotando. En primavera y verano suele haber más gente. Estamos abiertos a que venga quien quiera, pueden venir personas de todos los sectores”, dice Dennis. Durante la estancia, los huéspedes le ayudan a rehabilitar su aldea soñada. Todavía queda trabajo por hacer.

Me voy a vivir a una ecoaldea

¿Quién no ha pensado alguna vez “esta vida no es para mí”? Si detestas la contaminación de la ciudad, su ajetreo y la masificación de gente puede que tengas que plantearte mudarte a una ecoaldea.

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