6 rutas de arqueología industrial rural: el encanto de lo oxidado
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18.10.2026
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7min. de lectura
Minas de Mazarrón. Por nicolas
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Donde hubo fragor incesante de máquinas, hoy reina el susurro de las hojas. España está salpicada de reliquias industriales que, lejos de afear el paisaje, le confieren un aire místico y cinematográfico. En todo caso, la belleza es un concepto subjetivo. Son esqueletos de una era de trabajo que hoy nos parecería esclavitud y que se resisten a desaparecer, integrándose en diferentes paisajes: valles leoneses, acantilados almerienses o bosques guipuzcoanos.
Si buscas una escapada de senderismo diferente y pasear por caminos únicos entre chimeneas solitarias, poblados fantasmales y estructuras que dejan paisajes que parecen sacados de una película de ciencia ficción, descubre estas rutas por enclaves con patrimonio industrial. Recorridos que transcurren entre el ayer y el hoy, por auténticos museos al aire libre.
Marte en la Tierra: las minas de Mazarrón (Murcia)
El municipio de Mazarrón, en Murcia, es muy conocido por sus playas y calas. Pero si en vez de hacia la costa, vamos hacia el interior, nos sorprenderá un paisaje con tonos ocres y rojizos, edificios en ruinas y charcas del color de la sangre. No, no nos habremos teletransportado a Marte. Estaremos en las minas de Mazarrón.
Se trata de una tierra rica en plomo, hierro, plata y zinc que fue explotada desde la Antigüedad y, más recientemente, hasta la segunda mitad del siglo XX. Tras haber sido el motor económico del pueblo, dejaron de ser rentables y cerraron definitivamente en 1969.
En la actualidad, la explotación se ha quedado ahí como un espacio abandonado que atrae a los buscadores de vestigios industriales y a fotógrafos atraídos por la belleza hipnotizadora del entorno. Podemos descubrir el lugar por libre siguiendo un sendero de unos 6 kilómetros. Recomendamos seguir el track para encontrarlas, ya que no es fácil llegar porque no tiene indicaciones. Aunque el camino no tiene complicaciones, hay que tomar precauciones y prestar atención a las señales que advierten de peligro ante perforaciones y pozos que están abiertos.
Ruta por las fábricas de papel de Lousame (A Coruña)
Las Rías Baixas son conocidas por su costa de silueta caprichosa. Hacia el interior, en el concello de Lousame, se esconde un paisaje de naturaleza rebosante y un aire de misterio: el de la Ruta de las Fábricas de Papel. Se trata de una industria que requería una buena calidad del agua y eso lo ofrecían los ríos San Xusto y Vilacoba. Florecieron en el siglo XIX y fueron cerrando poco a poco hasta que, en los años 80, todas quedaron abandonadas. De aquello hoy queda una imagen de edificios devorados por el verde entre decadente y romántica.
La ruta se puede comenzar en el mismo pueblo o en las ruinas de la fábrica de Brandia, la única que sigue hoy en funcionamiento en otra localización (Vidán). Sigue por las antiguas fábricas de Fontán-O Castro, Galiñeira, Soutorredondo y San Xusto a través de un recorrido de 21 kilómetros. Se puede acortar y ver solo las construcciones, pero nos perderíamos algunas “fervenzas” (cascadas) y zonas de agua con mucho encanto.
El patrimonio industrial del bosque de Artikutza (Guipúzcoa)
El bosque de Artikutza es uno de esos lugares que te atrapan para siempre. Pertenece a la ciudad de San Sebastián-Donostia (Guipúzcoa) porque en su momento lo compraron para abastecerse de agua, pero está lejos del mundanal ruido e, incluso, en otra provincia: en la vecina Navarra. En su corazón permanecen los restos de dos antiguas ferrerías, Urdallue y Goizarin. Los vestigios de esta última son los más interesantes, ya que tiene paneles explicativos de cómo se trabajaba en ellas día y noche.
La ferrería de Goizarin está a unos 3 kilómetros del pueblecito de Artikutza por un camino tranquilo y con poco desnivel. Eso sí, para aparcar dentro del núcleo poblacional hay que solicitar un permiso previo de entrada para vehículos. Es gratuito, hay que pedirlo en la web del Ayuntamiento de Donostia con 48 horas de antelación.
Longitud: 6,3 kilómetros
Dificultad: moderada
Tipo de ruta: lineal
La ferrería de San Blas y el valle minero en Sabero (León)
En el corazón de la montaña leonesa, el valle de Sabero custodia un tesoro industrial allá donde las tierras son ricas en hierro y carbón. El gran protagonista son las antiguas instalaciones de la ferrería de San Blas, una joya neogótica del siglo XIX que se ha reconvertido en museo. Fue la primera siderurgia implantada en España allá por el año 1846. Más que una fábrica, parece una catedral industrial.
Pero el verdadero encanto de lo oxidado, esa estética decadente del pasado, se descubre recorriendo la Ruta de las Minas. Es un sendero circular de 9 kilómetros que sumerge en un escenario melancólico y fascinante con castilletes, antiguas bocaminas y cargaderos abandonados. En el pozo Herrera I se puede ver el primer pozo minero vertical que se construyó en la provincia de León.
El poblado minero de Bustiello (Asturias)
No podíamos dejar de hablar de un destino minero por excelencia como es Asturias. Allí está el poblado minero de Bustiello. Diseñado por la Sociedad Hullera Española a finales del siglo XIX, este núcleo de ladrillo rojo y jardines cuidados rompe con la imagen gris y caótica del carbón. La ruta por este enclave de Mieres arranca cruzando el puente sobre el río Aller, paseando por un trazado jerárquico donde la iglesia de San José —apodada la «catedral minera»— y el antiguo casino vigilan desde la zona alta.
Sus calles están lejos de la decadencia, pero el encanto de lo oxidado se puede descifrar en los detalles: las viejas farolas de forja, los restos de infraestructura ferroviaria y la conexión con la senda verde que serpentea junto al río, de 4 kilómetros (ida y vuelta).
Longitud: 4 kilómetros
Dificultad: fácil
Tipo de ruta: lineal
Las minas de Rodalquilar (Almería)
En el árido corazón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, no hacía falta ir tras la leyenda de “El Dorado”. El valle de Rodalquilar despliega un paisaje casi lunar donde el oro marcó la economía del lugar durante décadas. Saliendo del mismo pueblo podemos hacer una ruta de unos 12 kilómetros con panorámicas que acercan al pasado minero que acabó en 1966, cuando acabaron cerrando las explotaciones por el agotamiento del filón y el alto coste de obtención del mineral.
En la entrada de Rodalquilar aún se pueden ver antiguas casas de mineros y a lo largo del recorrido hay algunos paneles informativos y galerías. Nunca hay que salirse del camino por precaución, ya que hay muchos pozos.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
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