De un spa salado a bañarse en el Mar Muerto burgalés: planes de verano en salinas de interior
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19.08.2026
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Antiguas minas de sal en Poza de la Sal (Burgos), hoy habilitadas como zona de baño. Por Francisco Javier Gil
Hablar de un baño en agua salada en verano nos lleva a esos días despreocupados de playa en la costa. Vamos a cambiar el chip radicalmente, porque también es posible pegarse un chapuzón cuando los termómetros se disparan en aguas ricas en sodio… en el interior peninsular. Nos referimos a las salinas que existen en el entorno rural y que, las que siguen en activo, viven su máximo esplendor paisajístico en época estival: es ahora cuando el calor evapora los manantiales y permiten que la sal cristalice, dibujando unos valles y terrazas de blanco inmaculado, como si fueran pistas de esquí.
Es el momento de la cosecha y también de participar en experiencias turísticas de lo más peculiares: desde relajar las extremidades en salmuera hasta participar en catas tradicionales y experimentar la ingravidez flotando en el particular “Mar Muerto de Burgos”.
A remojo en el spa salino de Añana (Álava)
El paisaje del Valle Salado de Añana es el más antiguo del mundo en activo, con más de 7.500 años de historia produciendo el “oro blanco”. Es difícil no sorprenderse cuando se visita por primera vez: lo conforman miles de plataformas o eras, manantiales, canales, pozos y almacenes. La elaboración de la sal se produce entre mayo y septiembre, dependiendo de las condiciones meteorológicas.
Se organizan visitas por las instalaciones que incluyen catas de diferentes variedades de sal mineral combinadas con cayena, ajo, hierbas provenzales o vino. Entre los meses de abril y octubre también se puede visitar uno de los espacios más singulares del lugar: el spa salino. Se trata de unas instalaciones al aire libre con un pediluvio y un maniluvio, es decir, donde se pueden sumergir los pies y las manos en salmuera. Es una actividad que rememora los baños que tomaban los antiguos salineros cuando producían la sal. Entre sus beneficios figura la mejora de la circulación sanguínea, la remineralización de la piel, la elasticidad de los tejidos y la reducción de las posibilidades de desarrollar artrosis.
Aún hay muchos más planes para sumergirse por completo en la cultura de la sal. El taller salinero es una de las experiencias más divertidas para hacer en familia, ya que permite vivir en primera persona todo el proceso de elaboración del “oro blanco”. Desde el llenado de las eras de salmuera (¡tocará meter los pies descalzos!) hasta manejar el trabuquete, revolver el agua con rodillos, recoger la sal en cestos y depositarla en almacenes. Otra actividad que encantará a peques y adultos es la visita de realidad virtual de media hora que ofrece el centro. En ella, los participantes se convierten en una gota de agua dulce que recorre las entrañas de la tierra hasta convertirse en salmuera.
Catar la tradición en las Salinas de Oro (Navarra)
A los pies de la sierra de Andía, en la Comunidad Foral de Navarra, se encuentra un rincón auténtico y con mucho encanto: las Salinas de Oro. Aunque el primer documento escrito que las nombra data de 1492, se cree que sus orígenes se remontarían a la época romana. El mineral se extrae de un manantial salino natural con más de 220 millones de años a los pies de los Pirineos.
Visitar este paraje en pleno verano es asistir a un espectáculo visual fascinante. Entre junio y septiembre se cosecha este ingrediente tan presente y cotidiano en nuestras cocinas en las Salinas de Oro. Por eso, es un momento ideal para visitarlas. La evaporación del agua salada de los manantiales deja al descubierto cristales brillantes, desvelando un paisaje blanco que contrasta con el verde intenso de los valles y montes navarros que lo rodean.
Ahora bien, las visitas guiadas se realizan durante todo el año. Los participantes siguen un recorrido entre las eras mientras descubren de primera mano los secretos de un proceso de producción milenario que respeta escrupulosamente los tiempos de la naturaleza. Los guías explican cómo se extrae el agua y la paciencia requerida para la cristalización. El verdadero clímax de la visita llega con el paladar, ya que la experiencia culmina con una completa cata de sales. Con ella, los visitantes aprenden a distinguir las texturas y matices en la boca de las diferentes variedades que se producen. Acaba con el regalo de una bolsa con sal rica en yodo, potasio, hierro y magnesio. Un plan ideal para llevarse a casa el sabor más puro de la montaña navarra.
Un Mar Muerto en Poza de la Sal (Burgos)
Al norte de la provincia de Burgos, en la comarca de La Bureba, está un destino cuyo nombre ya advierte su profunda vinculación con el “oro blanco”: Poza de la Sal. Es un lugar muy conocido por ser la cuna del inolvidable naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, pero también por la explotación salinera que fue un auténtico motor económico y social desde la época romana hasta bien entrado el siglo XX. Se explica por uno de los fenómenos geológicos más importantes de la provincia, un diapiro circular de 2,5 kilómetros de diámetro que en su centro tiene un afloramiento natural de ofita y sal.
Hablamos en pasado porque son las únicas salinas de este reportaje que no siguen en activo: cerraron definitivamente en 1974 por la baja rentabilidad. Eso sí, en los albores del siglo XXI fueron declaradas Bien de Interés Cultural para poner en valor los vestigios y darles un uso turístico. En la actualidad se puede visitar el Centro de Interpretación de las Reales Salinas (ubicado en la antigua Casa de la Administración del complejo) y el patrimonio industrial que sigue en pie: las eras, los restos del depósito de sal que mandó construir Felipe II y el almacén de la Magdalena y el de Trascastro.
Ahora bien, el gran atractivo actual de las antiguas salinas de Poza de la Sal son las balsas de agua mineral que se han acondicionado para el baño en verano, donde antaño se refrescaban los salineros. Tienen una concentración de salmuera tan elevada que se experimenta una flotación similar a la del Mar Muerto. El acceso al espacio natural es gratuito.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
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