Por Marques

En la educación sentimental de cada asturiano y asturiana La Santina tiene un lugar similar al de la fabada, la gaita, la sidra, el cuélebre o las olas del Cantábrico. Más allá de creencias o sentimientos religiosos, la visita a Covadonga –y los mareos en el coche por las curvas de la carretera– es un rito pagano por el que la mayoría de los crecidos en la región han pasado.

En una excursión del colegio, con una visita de familiares y amigos, para pasar un día al aire libre y comerse un cachopo a la vuelta. Hay muchos motivos para subir.

La épica

Por Marques

El Parque Natural de Covadonga fue el primer Parque Nacional de España (en 1995 se amplió con el nombre de Parque Nacional de los Picos de Europa y reserva de la biosfera). Se estableció así en 1918, con motivo del duodécimo centenario de la batalla de Covadonga. Este detalle es importante, porque no se trata de un enfrentamiento cualquiera.

Ese fue el inicio de la Reconquista de España –tan mentada en los últimos tiempos– uno de los triunfos más relevantes de la historia. En realidad, los estudiosos ponen en duda la supuesta victoria del ejército del Rey Pelayo sobre los musulmanes en 1718.

Algunas teorías indican que el lugar no despertó ningún interés entre las tropas de al-Ándalus. Otras dicen que la invasión no fue tal, sino que la cultura árabe fue asimilándose con la local y no hubo tal enfrentamiento. Y también hay quien dice –con menos rigor y un poco de guasa– que cuando el ejército enemigo llegó a los Picos de Europa decidió no seguir avanzando porque aquellos riscos eran demasiado altos y el esfuerzo no merecía la pena.

Pero el supuesto de que los astures de momento se alzaron con la Cruz de la Victoria (literal) tiene un carisma demasiado atractivo como para dejarlo de lado. De hecho, la estatua de un Don Pelayo fornido y esculpido en bronce que el visitante se encuentra en el Real Sitio de Covadonga deja bastante clara la clase de líder que –se piensa– fue el primer rey asturiano.

Además, en El Repelao, un espacio que se encuentra a la entrada, también está el obelisco con una reproducción de la cruz en el que supuestamente Pelayo fue elegido Rey. Además de natural, el sitio podría verse como un pequeño parque temático de la épica, con la cueva del monte Auseva donde se encuentran La Santina y las tumbas del más que mencionado rey Pelayo y Alfonso I, el Católico como principal atracción.

Una virgen en una cueva y deseos por cumplir

Por Marques

La Santa Cueva es uno de principales lugares de peregrinación mariana del mundo. La estatua de la virgen no es muy grande, pero esa característica le ha valido su propia canción, cuyos primeros versos dicen: “La virgen de Covadonga/ye pequeñina y galana”. La ermita está encajada en una cueva natural, en la que se supone que se escondieron Pelayo y sus hombres durante su gesta.

Para llegar hay que subir 101 escaleras de nada. Hay devotos que las suben de rodillas. A la entrada de la cueva están las Tres Cruces, restos de un antiguo via crucis y que ahora también sirven para hacerse la foto de “estuve allí”.

Bajo la cueva hay un salto de agua –”el chorrón”– del río Deva que cae “al pozón”, a donde la gente tira monedas como ofrenda a la virgen o para pedir deseos. De vez en cuando, si no tiene mucha agua debido a una temporada de sequía, el embalse se vacía para sacar las monedas. El dinero se destina a mejoras del santuario y “obras sociales”.

El río también da agua a la Fuente de los Siete Caños. Dice la leyenda que las mujeres que beban de cada uno de los chorros sin respirar se casarán al año siguiente. También hay una canción para esto (la banda sonora es importante como se puede ver): “La Virgen de Covadonga tiene una fuente muy clara/la niña que de ella bebe dentro del año se casa”.

El circuito monumental

Por Marques

Además de estatuas de reyes robustos y vírgenes bajitas, en Covadonga está la Basílica de Santa María la Real de Covadonga. De estilo neorromano, fue ideada por Roberto Frassinelli y Burnitz, también conocido como “el alemán de Corao” y el arquitecto Federico Aparici y Soriano. Tardó 24 años en construirse, está hecha de piedra caliza y uno de sus principales atractivos es la cripta, además de su majestuosa imagen.

En la explanada, además de la estatua de Don Pelayo y el Obelisco está La Campanona. Como su nombre indica, se trata de una tremenda campaña de tres metros y –atención– cuatro toneladas. Arnaldo de Sizzo, el dueño de la Compañía Asturiana de Metalúrgica donde se fundió a finales de siglo XIX, la presentó en la Exposición Universal de París en 1901. Ganó el primer premio en su categoría.

Además, también está La Colegiata, el hotel Pelayo (que se construyó a la par que la Basílica) y el hostal Favila, que alberga parte del museo de Covadonga.

Vacas, picos y dos lagos

Por Fran Marin

Si Asturias ostenta el título de Paraíso Natural es por algo. Y qué mejor prueba que los Lagos de Covadonga: el Enol y el Ercina. Muchos y muchas los conocerán por el célebre tramo de la Vuelta ciclista a España: hubo quien se despertó de la siesta y todo para verlo…

Cuando se sube a los lagos hay que tener en cuenta unas cuantas cosas. El ascenso no es fácil, especialmente para quien tenga propensión a marearse (o vaya en bici). Además, según el Plan de transporte de 2019 y en pos de proteger todo lo posible el ecosistema, la subida con vehículo propio está restringida en fechas concretas, en las que suele haber mucha afluencia, aunque sí se podrá acceder a ellos en transporte público.

Por el camino hay vacas. Es su casa, así que se mueven cuando quieren y por donde quieren. Es decir: atención con el coche porque en cualquier momento una puede decidir cruzar la carretera porque el pasto que está al otro lado le parece más apetecible. No hay que enfadar a las vacas y mucho menos embestirlas con el coche.

Y casi lo más importante: antes de subir, conviene consultar el parte meteorológico. La niebla se mete a toda velocidad en la zona de los lagos y en cuestión de minutos la visibilidad es nula. El entorno quita el aliento, pero la naturaleza tiene sus ritmos y le dan igual los de los humanos. Pero el paisaje es tal, que merece la pena esperar al sol: si se lo piden, quizás La Santina les conceda el favor.

Casas rurales en Cangas de Onís

Publica un comentario

*Los campos marcados son obligatorios